Dormilón, un pajarito con suerte

Cuento pajarito

Marina es una madre pájaro muy cuidadosa de sus huevos, los empolla todo el día, y solo sale de su nido cuando necesita un poco de alimento. Pues bien, la labor de madre ave no es fácil,  más aún sabiendo que hay serpientes, gatos e incluso otras aves que quieren sacar los huevos de sus nidos para alimentarse.
Un día, más bien un momento, cuando ella estaba muy hambrienta, dejó el nido para poder comer. Ese fue el pequeño instante que una serpiente aprovechó, llevaba horas esperando agazapada en medio de un arbusto. Trepó rápidamente por el tronco del árbol hasta llegar al nido.
-          Vaya, que deliciosa cena me daré hoy, tengo 5 huevos a mi alcance, todos para mí, es maravilloso – dijo el hambriento reptil
Empezó a olerlos y observarlos detenidamente, uno por uno, buscando empezar por el más grande y delicioso:

-          A ver, este está muy pequeño, tengo demasiada hambre… este está un poco sucio… este es grande, pero su color no me gusta, este será para el final por si aún me queda espacio en mi panzita.
Afortunadamente, Jamira la serpiente era bastante  inconformista, y demoró mucho tiempo en tomar una decisión.

-          ¡Ya lo tengo! Este es perfecto

Y de un zas lo empezó a tragar. el huevo estaba ya en su garganta cuando sintió unas garras que le apretaban su cintura… ¡era Marina! Llegó justo a tiempo… (al menos eso esperamos).

-        ¿Qué pasa, porque no puedo tragar este delicioso manjar? – expresó la lenta Jamira desconcertada.

-          ¡Deja a mis polluelos, no son tu comida!

-          Pero estaban ahí querida,  no sabía que eran tuyos, si lo hubiese sabido, claramente no los habría ni mirado, perdóname la vida, solo deja que me lleve este delocioso huevo, que ya está inservible. – señalo con la garganta apretada por las patas de Marina
-          Si no sabías que eran míos, sabías que eran los hijos de alguien, y no te voy a dejar llevar nada, ve a comer tus propios huevos, los míos no los tocaras
-          Pero, pero ¡ahhhh, está bien! ¡Lo dejaré, lo dejaré!, aunque es muy egoísta de tu parte, pues este polluelo no va a nacer y yo tengo mucha hambre.
-          ¡Pues ve a comer pasto!, suelta a mi polluelo – le habló fuerte mientras apretaba más y más a la serpiente.
Y así fue como Jamira expulsó de su boca un huevo ya trizado, no roto completamente, pero muy dañado, Marina tomó a la serpiente con sus patas y la fue a dejar a un pantano lejos de sus polluelos.
-          No vuelvas nunca, si lo haces, te voy a arrojar en medio del mar
La culebra asustada se metió en medio de las plantas y se fue corriendo tratando de ocultarse.

          Ya de vuelta en el nido, la mamá miró a los huevos, en especial al magullado, y mientras dejaba caer unas lágrimas, le susurró:
-          No me he de rendir, si tengo que estar todo el día cuidándolos y no comer, lo haré, tú y tus hermanos nacerán fuertes y sanos – le dijo al huevo trizado.
Ella cumplió su palabra, no los abandonó ni un solo minuto en los días siguientes, hasta que de pronto, sintió un sonido como que alguien golpeaba los huevos… un “toc toc”
-          ¡Otra vez la serpiente! – dijo furiosa-  ¡te dije que no volvieras!
Miro a todos lados pero no vio nada… “toc toc” otra vez escuchó, pero ahora muchas veces más… “toc toc”… miró al nido y vio que pequeños picos de pájaro comienzan a salir intentando romper la cascara del huevo.
-          ¡Que feliz estoy! ¡mis hijas e hijos!
Eran 4 seres que se asomaban a la vida… pero el quinto, el huevo herido no tenía movimientos… nadie intentaba salir de ahí.
Es una sensación extraña, por un lado, está muy feliz de ver a sus 4 crías, pero por otro, la tristeza la embarga al creer que no pudo ayudar a su otro pequeño.
La triste madre, ya casi resignada, pero siempre con un poco de esperanza, acercó su oído al huevo y la sorpresa es grande al escuchar un pequeño ronquido: ZzzzzzzZZz
-          ¿Será posible? – dijo incrédula la ansiosa madre
Ella misma comenzó a romper la cascara y vio a una hermosa criatura que recién comenzaba a despertar.
-          ¿mami? Dijo el pequeño
-          ¡Hijo mío! ¡soy la madre más afortunada!

Reunió a sus 2 hijas y 3 hijos, y los ocultó un momento para  buscar comida. Era momento de volver a confiar, no podía quedarse ahí por siempre, ya necesitaba con urgencia comida para ella y mucho más urgente, alimento para los nuevos seres que la esperan en su hogar.
Al volver, y luego de alimentarlos, los nombró uno por uno:
Rosita, Blanca, Estrellito, Arcoiris, y el más pequeño, dormilón.
Luego de la ansiedad inicial, ella tuvo tiempo de acariciarlos uno por uno, fue ahí cuando notó que dormilón había nacido con un pequeño problema. Nada muy grave, pero esa historia te la contaremos muy pronto.

Por ahora, disfrutaremos de la alegría de esta madre, y la felicidad de los más pequeños que por fin  conocen nuestro maravilloso planeta.

****FIN*****

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado, y mami esperará un momento para contarte otro cuento.

Autor:  Joel Romero

Fecha: 27/07/2017

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