La ratoncita que queria ser bailarina

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Esta es la historia de Filomena, una linda ratoncita que vive en la casa de una familia muy especial, puesto que ellos  se dedican por completo al baile. Ellos son los Müller, los padres son profesores de danza, tienen dos hijas llamadas Anahí y Liz, quienes son aprendices en la misma escuela, por lo tanto en esta particular casa todo el día se habla y se practica este bello arte, se aconsejan, mejoran y animan en todo.
Filomena vive en un pequeño rincón junto a su padre, un roe quesos desde siempre, y su madre, una dueña de casa que se esfuerza a diario para mantener limpio y ordenado su hogar.
                Cada vez que los Müller practican, ella se asoma por un agujero a escuchar, ver e intentar seguir los pasos que se ejercitan allí.
Sueña con que es una famosa bailarina, parada sobre un escenario, en la que luego de un impecable espectáculo, los asistentes se ponen de pie, aplauden con una fuerza que ensordece, lanzan rosas rojas en señal de agradecimiento por tan hermosa presentación y mientras el telón se cierra, ella hace una reverencia como broche de oro a una noche maravillosa.
                Pero esto es solo un sueño, no ha habido ratón en el mundo que haya podido cumplir siquiera una parte de esto, más bien es todo lo contrario, la gente se asusta y en vez de arrojar flores, lanzan zapatos, escobas y lo que encuentren cerca con tal de que el roedor se aleje. Y como si no fuera suficiente, su padre no la apoya.
                -¡Ya estás perdiendo tu tiempo mirando cómo se mueven esas personas! ¡Entiende... somos ratones, jamás llegará el día en que los humanos nos acepten como compañeros! ¡Nunca podrás bailar para ellos!  -  le refrenda el mismo sermón una y otra y otra vez….
      
Filomena solo lo mira con pena y no responde nada, su ánimo decae, pero con solo escuchar alguna melodía su cuerpo y alma se conectan y vuelven a soñar, ella sabe que es lo que quiere.
En su cabeza pasan miles de ideas sobre cómo hacer para que la gente no se asuste cuando la vea y pueda mostrar su talento.

-          Mañana intentaré hablar con el padre, pues ya es una persona mayor, no creo que se asuste al ver a una diminuta ratoncita – se trata de convencer a si misma nuestra amiga.

Al otro día, mientras el padre tomaba desayuno, ella, con la fe intacta y las ganas de mostrarse, sube rápidamente por la pata de la mesa,  se para en frente del señor Müller, pero antes de que abra la boca, el hombre se pone pálido como la luna llena y se le oye apenas decir:

-          Unnnnnn raaaaaaaaaaatttttt
Dicho esto se desmaya y cae desvanecido en la mesa. ¡Pero no se preocupen por él!... ya se repondrá, es solo el susto, ya vemos que es mucho menos valiente de lo que pensaba Filomena.

-          Vaya, no me esperaba eso. La madre parece ser más valiente, mañana me presentare ante ella. – dijo la pequeña mientras cruzaba los dedos

Filomena no se equivoca, pues la señora Müller es mucho más valiente que su esposo, apenas vio a la pequeña danzarina –quien nuevamente no pudo decir palabra- tomó una escoba y mientras gritaba “!!!Ratón, ratón  hay un ratón en la casa! pegaba escobazos en todos lados, rompió vasos, jarrones, cuadros en la pared, e incluso se machucó un dedo.


La suerte al parecer había abandonado a la ratoncita, quien fue llorando a los brazos de su madre:

-          No podre ser bailarina, snif, snif…tendré que roer quesos el resto de mi vida snif– dijo esto mientras llora y solloza tendida en los hombros de su madre
-          No te rindas hija mía, no te des por vencida hasta que no hayas agotado tu último recurso.
-          Pero ya no me ,snif, queda nadie, snif, solo las niñas… y son muy pequeñas, han de llorar desconsoladas y yo no quiero eso, snif, no quiero asustarlas, snif

-          Has de saber que los humanos son extraños, pensaste que uno sería sensato, y fue cobarde, pensaste que otro seria valiente y resultó un bravucón, quizás las niñas te sorprenden.

El padre no pudo soportar ver el llanto de su hija, ver  cómo se destruyen sus sueños y con la voz entrecortada, señaló:

-          Lo siento mi niña, siento mucho no haber creído en ti, mañana te acompañaremos a hablar con las niñas, hoy en la noche te haremos un traje de bailarina y así podrás verte como ellas.

 El señor y la señora ratona, se quedaron toda la noche confeccionando un traje con unos retazos que encontraron en la basura. Y al otro día, mientras las niñas practicaban en su dormitorio, Filomena se subió de un salto a su cama y gritó:

-          ¡Mi nombre es Filomena, y me gusta bailar!

Las niñas se miraron entre ellas, luego dieron una ojeada hacia la cama y a una linda ratoncita vestida tal cual como ellas estaban ahí, era una imagen muy tierna.

-          ¿un ratoncito que baila? – dijo una de las niñas
-          Soy una ratona – respondió un poco ofendida la pequeña – y si, se bailar, he aprendido de ustedes
Luego su madre puso música y nuestra amiga comienza con su escena.
Las chicas se sorprendieron al ver tan linda actuación.
-          Podemos ayudarte, pero debes tener paciencia, mi padre se desmayó hace poco porque vio un ratón, y mi madre rompió media casa por lo mismo... ahora sabemos que eres tú, pero debemos preparar a nuestros padres, danos un poco de tiempo.

Pasaron varios días sin que las niñas supieran cómo contar lo que pasaba a sus padres. Tenían miedo de cómo reaccionarían, y bueno, como podemos culparlos, no todos los días un ratón se para enfrente de uno queriendo hablar, hasta que a Liz se le ocurrió algo:

-          ¡Tengo una idea! Grito feliz.
   Era el cumpleaños de la madre y el regalo era una sorpresa, Anahí fue la encargada de hablar con sus padres.

-          Madre, padre, hoy tenemos un regalo muy especial para ustedes, pero se los daremos bajo una condición
-          ¿Si?, pues bien, veo que están vestidas para un baile, que lindo, quiero verlo! Díganme la condición
-          Bien, haremos un lindo baile para ustedes, pero no se pueden poner de pie sino hasta el final del show, pase lo que pase NO HAN DE PONERSE DE PIE!

-          Está bien… - dijo la madre con voz dudosa
-          ¿Lo prometen?
-          ……mmmm está bien, lo prometemos

Acto seguido, mamá ratona apagó las luces, papá ratón encendió la música, las niñas comienzan a bailar y de pronto sale la nueva bailarina haciendo unos movimientos perfectos, solo como ellos saben hacerlo.
-          ¿es un ratón bailarín? –dijo el padre con una sonrisa nerviosa
-          ¡RATONCITA! Respondieron al mismo tiempo las 3 niñas mientras seguían bailando.

Al finalizar la presentación, los padres celebran el espectáculo... y desde un rincón de oye:
-          ¡Bravo! ¡bravo! ¡esa es mi hija! ¡viva! Viva!– eran los padres ratones llenos de satisfacción.
-          ¿¡m…mm…mas…. Ra..to…nes!? dijo la madre asustada mirando de reojo la escoba.

-          Mi nombre es filomena, lamento mucho haberlos asustado antes, yo solo quería mostrarles mi baile.
Ellos son mis padres, Romualdo y Filomena. Señaló apuntando a sus orgullosos  papitos que estaban casi con el corazón en la mano de tanta emoción.
Yo solo quiero bailar y entregar lo que mejor se hacer, por favor, les pido una oportunidad
… expresó la nerviosa chiquilla.
Ya habiendo pasado la mayor parte del susto y asumiendo que tenían a 3 ratones parlanchines en su casa, el señor Müller quiso decir algo.
-          La verdad nos has sorprendido, eres una muy buena bailarina, has aprendido todo esto solo mirando a nuestras hijas… creo que podemos hacer algo, desde hoy, practicaras con nosotros, te enseñaremos, pero no debes dejar de practicar.
-          ¡JAMAS! Indicó la emocionada ratoncilla.

Pasaron los días, semanas, meses, y la protagonista de esta historia no dejaba de practicar…a veces sola, otras con las niñas y ciertos días  asistía a la escuela en una cajita con agujeros para que pudiera ver a los maestros y nadie corriera asustado o intentara hacerle daño. Cuando sintieron un poco más de confianza, fueron presentándola con otros maestros y estudiantes para que pudiese llegar un día en que esa caja ya no fuese necesaria.

Pero el rumor creció, una ratoncita bailarina no era algo que pudiese pasar por alto una persona, y ya antes de un año, nuestra amiga era conocida en toda la ciudad.

Hoy, si, hoy, mientras tú estás en tu camita escuchando esta historia, los Müller y los roe quesos, asisten a la primera función de las 3 niñas: “ANAHI, LIS Y LA RATONCITA DANZARINA”.
Los ratones padres están en los hombros de los Müller... tienen asientos de primera, demás está decir que se sienten muy orgullosos de su hija.
… ya ha terminado el show, las niñas se abrazan llorando de alegría, los asistentes se ponen de pie aplaudiendo… las rosas rojas caen y se empieza a cerrar el telón finalizando una grandiosa noche, y un mejor futuro.


Y así termina la historia de Filomena, quien no permitió  que le dijeran que su sueño era imposible, siguió insistiendo hasta que pudo hacer lo que le apasiona... Bailar…. y tú mi querido y pequeño oyente… ¿cuál es tu sueño?


Y colorín colorado, este cuento se ha acabado, y mami esperará un momento para contarte otro cuento.




Autor:Joel Romero



Fecha: 13/07/2017



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