Semillina Buenaventura





Erase una vez unas semillas, que revoloteaban alegres en el regazo de su madre, regocijándose felices al calor del sol, ellas disfrutaban de su placida vida. Entre ellas estaba Semillina Buenaventura, su hermano Semillón, el tío Calabaza y muchos otros parientes imposibles de enumerar y nombrar en estos momentos.
            Ocurrió que cierto día, unos lindos y entusiasmados pajaritos comenzaron a jugar cerca de la planta, tanta era su energía que con sus alas provocaron pequeños remolinos de viento, los que lanzaron en varias direcciones a algunas semillas, algunas, con fortuna quedaron cerca de la planta madre, pero otras como Semillina, fueron lanzadas a un lugar muy distante.
            Nuestra amiga fue a dar entre un par de rocas, y ella, conocedora de su naturaleza, sabía que necesitaría agua y tierra para poder germinar, por lo mismo, su futuro en este rincón no era nada prometedor.
Se quedo ahí muy triste, sin saber que hacer.
 De pronto, sintió que alguien la observaba a lo lejos, era Hormiguin Curioso, un hormigón  trabajador, que de tanto mirarla no se percató que había dejado de lado sus deberes, se acercó para averiguar que le sucedía, tal vez podría ayudarla, sabía que era seguro ir, puesto que, como tú también sabes, las semillas no muerden ni pican hormigas.
-          Hola, mi nombre es Hormiguin Curioso… ¿Cuál es el tuyo?
-          Snif… hola… mi nombre es Semillina Buenaventura… snif

       ¿Por qué lloras tanto Semillina? – preguntó el Curioso amigo
       Tengo pena… snif… porque nunca podré crecer como esas …. Snif …hermosas plantas que ves por allá. – dijo entre sollozos apuntando a un verde, pero lejano jardín.


Luego de escucharla y ver sus ojos rojos por el llanto, Hormiguin Curioso sintió que era su deber ayudarle, aunque no fuese de su clase.
       ¡Yo te ayudaré! - Dijo el hormigón, inflando su pecho.
       ¿En serio me ayudarás? ¿y que ganarás con ello? – Preguntó incrédula la semilla
       Si, lo haré, y no lo hago por ganar nada, solo quiero ayudarte, así que ¡Manos a la obra! – gritó Hormiguin Curioso.
Tomó la semilla con sus patas y la puso en su espalda, mientras avanzaba comenzó a pensar en cuál sería el mejor lugar para dejar a su nueva amiga.
Recordó un pequeño montículo de tierra cerca de su hogar y pensó que ese sería el lugar perfecto para darle una nueva oportunidad a Semillina, además estando cerca, podrían charlar de lo que pasaba en el jardín, después de todo, las hormigas son un tanto chismosas, y un chisme visto desde la altura, es mucho más sabroso.

-          Mientras caminaban, se cruzaron con Don Juan el caracol, quien era conocido como el más veloz de los caracoles, además era experto en aventuras, conocedor de cada rincón del jardín y sus consejos jamás eran puestos en duda por ningún habitante de las macetas, quien les comentó lo siguiente:
-          Se a donde se dirigen, solo les tengo que advertir que están siguiendo el camino más peligroso, ya que en esta época las aves están hambrientas de semillas, tengan mucho cuidado.
 -Pero es el camino más corto, además no conozco otra ruta…                                 -dijo con preocupación Hormiguin Curioso
- Se que hay otro camino, es mucho más largo, pero seguro, yo las puedo ayudar, caminaré delante de ustedes y marcaré el camino, así será más fácil ,y con menos riesgos.

       Su experiencia y sabiduría son conocidas por todos, haremos lo que nos dice, si tiene que tomar más tiempo, pues así será, muchas gracias don Juan, lo seguiremos.
       Iré rápidamente, por favor, síganme con precaución.


Y así se alejó con una velocidad increíble el caracol, dejando un rastro que los amigos seguían sin desviarse un solo momento.
Y así se alejó con una velocidad increíble el caracol, dejando un rastro que los amigos seguían sin desviarse un solo momento.
            Algunos bichitos las observaban y no entendían cuál era el afán de una hormiga en ayudar a una semilla.
       Debe estar engañándola, quizás tiene hambre de semillas. – Dijo franco el saltamontes.
       - yo creo que esa hormiga está loca … de otra forma ¿Por qué lo haría? – señaló toto, un largo ciempiés mientras intentaba ponerse sus zapatos.


Una abeja que pasaba por ahí, escuchó lo que murmuraban esos bichos, su nombre era Angela la Abeja, quien les dijo:

       ¡En vez de hacer tantas preguntas, mejor ayuden!


Ambos se miraron y no pudieron evitar sentirse un poco culpables, Franco corrió a ayudar a Toto con su infinita tarea de colocarse sus zapatos.


Llegó la abeja donde nuestros aventureros amigos, y ofreció su ayuda al hormigón, quien estaba un poco desconfiado, puesto que no quería dejar a su amiga en las manos de alguien que no conocía…
-Yo conozco a Angela la Abeja – Gritó un gusano- ¡Puedes confiar en ella! ¡me saco de una maceta llena de agua!
-Para que no tengas miedo, puedes venir con nosotros – le dijo Angela a Hormiguin Curioso.

-¿En serio? – dijo ilusionado y un poco asustado, puesto que nunca había volado en su vida.

-Si, en serio, mi espalda es muy grande, y tengo muchos años de volar, ¡estarán seguras conmigo!, díganme el camino y nos vamos.

Ehhhh…. ¡está bien! Solo tenemos que seguir la huella que amablemente nos dejó Don Juan el caracol - Dijo ya más confiado Homiguin. 
                              -Ya está todo dicho ¡vámonos! Grito la abeja
 
                          - ¡Yuhhhu! Gritaron mientras alzaban el vuelo.


Hormiguin Curioso pudo cumplir un deseo que tenía desde pequeño… conocer como era el jardín desde el aire, ciertamente es una aventura que jamás olvidará, y mientras sentía el aire en sus antenas, pensaba en cómo se lo iba a contar a su madre y a sus hermanas.
            Cuando llegaron al montículo, las esperaba don Juan el Caracol, y juntos depositaron a Semillina en el lugar más fértil que encontraron, se despidieron de ella con la alegría de saber que la semilla pronto se asomaría y la volverían a ver.
Las aventuras de estos amigos se hicieron muy conocidas en ese y otros jardines, hasta hoy, quienes la escuchan entienden la importancia de ayudar sin importar a quien.
Al poco tiempo, Semillina Buenaventura se convirtió en una hermosa y gran planta, tan grande que a los lejos podía saludar a su madre, hermanos y tíos.
Todas las tardes se reúne con sus amigos Angela la Abeja, Don Juan el caracol y Hormiguin Curioso, quienes disfrutan de las mejores gotas de rocío del mundo, que
amablemente les guarda la planta.
A veces se reúnen con más habitantes el jardín y les cuentan la travesía, hablan horas y horas, más de un chisme se cuentan, desde otra altura, como alegremente bromean entre ellos.
Y todas las tardes terminan sus reuniones con el mismo grito:

       ¡¡¡A quién ayudaremos mañana!!!


Fin

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado, y mami esperara un momento para contarnos otro cuento.

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Autor: Patricio Romero
Tema: Cuento infantil acerca de ayudar.

Fecha: Septiembre de 2017

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