El árbol que perdió sus hojas


              

Esta es la historia de un joven, robusto y frondoso árbol a quien le gustaba presumir de sus hermosas hojas, mostrarlas y moverlas para que todo el mundo las pudiese ver.
                Una mañana cualquiera de otoño, despertó como siempre: estiro sus ramas y vio que una de sus  hojas se desprendió, cayó lentamente al suelo, balanceándose, emulando el suave movimiento de una pluma en el aire.
 Si bien se asustó un poco, intento no darle mayor importancia, pues tenía miles, cada una más hermosa que la otra.


                Sin embargo a la mañana siguiente, con asombro vio que al menos un centenar de hojas se desprendieron de sus ramas. Rápidamente comenzó a soplarlas para alejarlas de su base, pues si alguien sabia de esto, ya no podría exhibirse.
                Y fueron así pasando los días, cada jornada perdía más hojas,  claro que nuestro amigo no se daba por rendido, cada madrugada las recogía del suelo, y como podía las volvía a colocar con una pequeña amarra, así –él pensaba-, nadie se daría cuenta de lo que estaba sucediendo.
Lo que ignoraba el arbolito, es que inevitablemente las hojas se secan, ya en unos días, su copa tenía un tono café seco.
Su ánimo ya no era el mismo, ya no podía  pavonearse, se ocultaba cada vez que alguien pasaba por enfrente o hacia como que dormía para no tener que conversar con nadie.
Un día, un añoso árbol encontró a nuestro amigo llorando y quejándose, lo miró, como cuando un abuelo mira a su nieto y le dijo:

-¿Por qué lloras pequeño?
-¿Pues acaso estas ciego? No tengo hojas, no tengo amigos, nadie me va a volver a admirar ni querer nunca…
-Mi pequeño… no puedes pasar la vida llorando , la vida es así, muchas veces ganarás, pero no lo harás siempre, tendrás momentos de pérdida, tendrás alegrías, penas, sentirás amor y un montón de emociones difíciles de explicar, pero no te puedes quedar enredado en ninguna, acéptalas y disfrútalas todas, que como llegan se pueden ir. Tus hojas volverán a salir, eres una especie de árbol que pierde sus hojas en otoño y las recupera en primavera.
- Vaya, eso no lo sabía –dijo nuestro amigo secando sus lágrimas y mostrando una pequeña sonrisa.
-Pues así es, ahora despega esas hojas secas que ya no te pertenecen, déjalas que se descompongan, ellas mismas serán quienes te ayudarán a seguir creciendo.

Para cuando las saco todas y las dejo a sus pies, empezó a sentir el movimiento del viento en sus ramas, las patitas de pájaros que le hacían cosquillas, el sol que le calentaba con mayor fuerza y apreció muchas otras sensaciones que no conocía.

-          Pues vaya, esto no está tan mal, he pensado siempre que valgo por lo que tengo, por lo que puedo mostrar, pero no es así, valgo más por lo que soy, y desde hoy me dedicare a ser feliz.
Ya en primavera – y tal como se lo dijo el viejo árbol-  pequeños brotes comenzaron a salir, ¡ya venían las hojas!
Desde aquella experiencia que ya no volvió a hacer alarde de nada, solo se dedicó a alegrarse por cada momento, por cada emoción recibida y con los años se convirtió en un árbol grande, hermoso y muy sabio.

*****FIN*****


Y colorín colorado, este cuento se ha acabado, y mami esperará un momento para contarte otro cuento.


Autor:Joel Romero

Fecha: 09/07/2017

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