Fosforillo fosforete


No recordaba cómo había llegado ahí, no sabía por qué se sentía tan diminuto, porque habían tantos como él… estaban murmurando cuando de un solo golpe cayeron al suelo, se abrió la caja donde estaban todos apilados.

De pronto un rayo de luz rompió la oscuridad, sorprendido vio que todos eran blancos y les habían puesto una extraña peluca roja.
 Vio como tomaban a uno de sus compañeros, lo frotaron  contra la caja y sin aviso apareció esa cosa amarilla a la que tanto temían los árboles, el fuego…su compañero  se consumió en cosa de segundos y luego fue arrojado a un bote de basura, donde había más compañeros como él.


Resignado se dio cuenta de la terrible verdad, seria quemado como todos sus compañeros…. era el más delgado de todos por lo que no le fue difícil meterse  al fondo de la caja.

-          Qué manera tan trágica de terminar mi larga vida, me hubiese gustado conocer otros árboles, los animales, la lluvia… el mundo  - pensaba para si el pequeño y frágil fosforillo
Solamente conocía a sus compañeros de caja y un par de humanos, que causaban destrozos por donde pisaban….
Provenía de un árbol enorme, con muchos años de existencia, su único afán era seguir creciendo para poder ver más allá de donde se esconde el sol….hasta que un día de verano fue talado.
Para todo sirvió la madera de ese árbol, desde mesas, sillas, tablas, tablones lápices… hasta que con lo poco que quedaba fabricaban  fósforos.

-          Un día transitaba por la cocina el gato de la familia, Micifuz, el cual era bien conocido por su gran curiosidad, quien escuchó los lamentos del pobre Fosforillo, y aunque en un comienzo no le prestó mucha atención, se fue a dormir pensando en lo que había oído, entró en aquel profundo sueño, como solo lo saben hacer perros y gatos… hasta que de pronto despertó de un brinco asustado:

-          ¡No, no, no...! ¡no soy un fósforo!

Había soñado que era un fósforo, corrió hacia el espejo más cercano para mirar su reflejo:

-          ¡Vaya! Qué alivio… me he llevado un gran susto… tengo que ayudar a ese quejoso fósforo.


Raudo corrió y saltó sobre la biblioteca intentando encontrar la forma de auxiliar a nuestro afligido amigo… en ese lugar  vivía Don Letras Letrado, una abultada enciclopedia, que a pesar de servir a tres generaciones, aún se conservaba en perfecto estado.

Era frecuentemente consultada por el dueño de casa, un ávido lector y amante de las artes, Don Letras era respetado y admirado todos, hasta  los libros más jóvenes y aventureros lo escuchaban con atención cuando narraba sus historias.

Hasta allí llego el gato para intentar hablar con la distinguida enciclopedia.
 Conforme pasaban los minutos la conversación intrigaba más y más a Don Letras:

       ¿Y cuál es tu afán de ayudar a un fósforo? preguntó aún sin entender las motivaciones de Micifuz
       Tu eres un portador de conocimiento ,querido y respetado por todos aquí ,desde humanos pasando por libros, lápices, plumas ,sacapuntas, y todo quien conozca de tu existencia sabe de tu gran inteligencia y sabiduría… ¿Quién soy yo para negarle ayuda a ese ser que lo único que desea es saber más del mundo?
       Está bien, te ayudaré pero me deberás un favor a cambio de eso
       ¿Y cuál sería ese favor? replicó el gato
       Hay unos niños que vienen a la biblioteca y he visto como destrozan y mutilan a mis colegas revistas y a mis compañeros apuntes….quiero que los mantengas alejados de nosotros, salvo que quieran leernos… ¿puedes hacer eso?
       Sí, sí puedo.

        bien, traerás a tu amigo aquí, cuando no se escuche nada por la noche ,y al alba lo retornarás a su caja
       Así será - respondió el gato
Y así cada noche durante una semana ,Fosforillo Fosforete aprendió todo lo que pudo, se sorprendió de conocer la gran cantidad de familiares árboles que tenía, lo enorme que es el planeta, pero por sobre todo lo descuidado que era el ser humano  con su entorno.
 La enciclopedia estaba asombrada  por la gran curiosidad que sentía aquel fósforo, las enormes ganas de aprender y lo único que lamentaba, era que ya no le quedaba más tiempo para enseñarle más cosas, púes era el último de la caja y ya mañana temprano le tocaba su turno.

Los minutos pasaban y el tiempo se le agotaba, Don Letras se comenzaba a angustiar, no quería enviar a su pequeño estudiante a ser consumido por las llamas… no se le ocurría nada… hasta que de pronto su rostro se ilumino… solo miro al pequeño lector y  sin previo aviso cerró sus páginas, tan fuerte fue el golpe que el fósforo fue a dar sobre unas gotas de agua ,a quien no le gustó mucho quedar empapado, pero no dijo nada, ya era hora de volver a su caja.

-          Gato ¡!!¡gato! Llévate a este fósforo rápido.
Micifuz lleno de pena solo tomó a fosforillo en su hocico y lo depositó en su caja.


-          Hasta siempre amigo,  lamento no poder ayudarte más… siempre te recordaré… snif
-         Hasta siempre gatito hermoso, jamás te olvidare, gracias por ayudarme.


El gato cerró la caja justo cuando el humano apareció…  agarró el fósforo con sus manos, pero  en vano trato de encenderlo, el roce de su peluca roja con la parte áspera de la caja le recordó  los cuando los pájaros le hacían cosquillas con sus patitas.

-          ¿Pero qué rayos? no sé cómo pudo mojarse - y lo arrojó lejos.

Fue entonces cuando el gato entendió lo que la enciclopedia había hecho, y con mucha alegría lo llevó donde el sabio libro, quien le dijo:

-          Más allá del muro existe  un árbol enorme que lleva muchos años ahí, los humanos lo cuidan con ahínco, con tus garras escarba hasta que llegues a las raíces deposítale junto a ellas y vuelve a poner la tierra en su lugar.

El obediente gato conocía el lugar como nadie, pues le encantaba dormir siestas en una de las ramas de aquel viejo árbol…  antes de enterrarlo junto a las raíces, se despidieron, mucho más contentos que la última vez:

-          Prometo volver a visitarte
-          Prometo que te esperaré
Luego procedió a colocar la tierra en su lugar y volvió a casa.
Creo que paso un otoño y un invierno, el gato no iba muy a menudo porque no le gustaba mojarse. Cuando llego la primavera alegre fue a visitarlo, pero muy asustado descubrió que su amigo ya no estaba, fue corriendo donde el libro y le comentó lo que había pasado.

-          Tranquilo gato, él no se fue a ningún lado, solo forma parte de aquel árbol.

El gato abrió sus enormes ojos y dijo:

-          ¡Wow! ¡Esa es la razón por la que  sentía que las ramas de ese árbol me saludaban todas las mañanas!
Desde entonces Fosforillo Fosforete  vive fundido con aquel árbol, saludando al gato y a la enorme enciclopedia, enseñando diferentes cosas a los gorriones, hormigas y mariposas… pues el siempre  recordaba lo que su maestro le dijo:


-          “el conocimiento se debe compartir”

Micifuz  tuvo que cumplir con su parte del trato, pero no fue muy difícil. Cada vez que veía a un niño con ganas de romper algún libro o revista, se acercaba a él, abría sus enormes ojos, y ningún niño podía evitar acariciarlo.

Todos los veranos lleva a Don Letras a conversar con su amigo en el árbol… el intenta seguirlos en sus charlas, pero siempre termina dormido en sus ramas favoritas, todo esto mientras sus amigos disfrutan de una gran vista y una mucho mejor compañía.




*****************************FIN***********************************


Y colorin colorado, este cuento se ha terminado, y esperaremos solo un momento para escuchar otro cuento.

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