Cuentos para niños: Un duende llamado Totín





Hace mucho, pero mucho tiempo atrás, existía un lago muy especial, tan puro y cristalino que el sol solía beber de sus aguas y la Luna sumergía su cuerpo entero buscando relajarse de vez en cuando.
 Algo mágico tenían estas aguas, pues el sol ardía con mucho más entusiasmo, y la luna volaba resplandeciente sobre el cielo nocturno, dejando una hermosa estela brillante sobre el paisaje. 
Junto a este lago, en un gigante árbol, se encontraba un pequeño-gran castillo.

 Allí habitaban los duendes Dondines, unos diminutos seres, pálidos como el más grande de los sustos, trabajadores y organizados, preocupados cada uno de sus tareas y quehaceres.
 Al rey Totinemo le encantaba cuidar mucho de su jardín y sus cosechas, no había nada más placentero para él, que recoger los frutos que le regalaban sus plantas. 
- Que delicioso aroma – exclamaba el rey cada vez acariciaba una planta de tomate, y esta le agradecía regalándole un delicioso perfume tomatesco. 



 En la parte más baja del castillo, se encontraba un delgado pero comilón duende: Totín. 

 Él era el encargado de tres máquinas de carbón, las cuales mantenían la temperatura de todas las habitaciones del castillo.

 Adoraba que los aparatos funcionaran sin interrupciones, pues así, tendría mucho tiempo para fabricar pastelillos, que era lo que realmente deseaba hacer en la vida.

 De todos modos no era algo que le preocupase mucho, no era muy común que esos fríos artefactos se dañasen… de hecho, llevaba 17 años en el mismo lugar, y nunca le había tocado reparar una. 


Cierta vez, mientras se encontraba preparando un delicioso pastel de frutillas con chocolate, una de las máquinas empezó a lanzar mucho humo, corrió a ver qué pasaba… y en menos de lo que canta un gallo soluciono el problema. 

 Contento y silbando volvió a su pasatiempo favorito. 

Horas después, mientras se encontraba decorando con una hermosa rosa hecha de arándanos y frambuesas, su hijo Simonin llegó agitado a la cocina, a informarle que otra de las máquinas estaba fallando…

 Esta vez con el ceño un poco fruncido, fue a revisar el problema, esta se había apagado dado que unos carbones no habían conseguido arder completamente. Tardo un poco más en solucionar este desperfecto, pero finalmente lo logró. 


Diantres –exclamó- ya se me hizo de madrugada y no he alcanzado a terminar mi obra, mañana sin falta la terminaré. 

Y así se fue a dormir, pensando en una torta en forma de guitarra con la que planeaba sorprender a su hijo el día de su cumpleaños.

 Al día siguiente, y como de costumbre, encendió las máquinas y volvió a terminar su obra, faltaban solo unos pequeños detalles, cuando de pronto las tres máquinas dejaron de funcionar. 
-¡Castañas parlantes! ¡Otra vez! – exclamó en voz alta. - 
¡Castañas parlantes! ¡Otra vez!- Se escuchó a lo lejos una especie de eco.


 Fue a revisar y se dio cuenta de que en vez de usar carbón seco, había llenado las caderas con chocolate. 

Nuestro amigo ya no estaba de humor, no podría trabajar en su pastel, pues máquinas, paredes y todo el cuarto se había manchado con esas deliciosas barras derretidas color café…. 

Estaba muy triste ya que su pastel termino dañado. . 

Al siguiente día, Totin recuperó su animo y empezó más temprano de lo habitual con su trabajo. Todo funcionaba bien, se aseguró que nada fuese a fallar, luego vistió su delantal de repostero, y abrió una receta muy antigua que le envió su primo Frankin... se dice que esa mezcla solo se puede hacer cada mil años, y es la más deliciosa del mundo.


 Estaba feliz  empezando a mezclar hasta que  sonó la puerta... Knock knock knock -

¿Quién es? 
- Somos la guardia del Rey, él pide por favor apagar las calderas, pues hace mucho calor. -


¿Qué? ¡Si acabo de encenderlas!…. Pero si su majestad lo ordena, las apagaré de inmediato. 

Mientras procedía a hacer lo solicitado por el rey, una pequeña lagrima cayó sobre el piso, miró los muros, su pequeña cocina, esas odiosas chatarras, que ahora hacían lo imposible para que él les prestara mucha más atención que a sus pasteles. 

Nada tenía más sentido en su vida que sus amadas recetas... caminó de un lado a otro, miro a través de la ventana y cada estrella parecía decorar un inmenso pastel cósmico. 


- Creo que esta noche es el cumpleaños del universo –pensó -



¡Porque a mí! Gritó. -


¡Porque a mí! Se escuchó a lo lejos…. ¿Será en verdad un simple eco? 



El rey que no podía dormir debido al intenso calor y a los gritos, le preguntó a su escudero de donde provenían, este le respondió que eran dos gritos, uno venía de la cocina y el otro de la sala de máquinas.

 Patinemo era un buen Rey, por lo tanto planeó ir a ambos lugares a revisar que sucedía. 

Primero se dirigió a la cocina, ahí se encontró con Juanin el cocinero. 


- ¿Qué es lo que pasa Juanin? le pregunto a un acongojado repostero 


- Su alteza, no me castigue pero solo puedo decir que a mí nunca me ha gustado fabricar tortas ni pasteles, mi familia es minera y mi pasión es el carbón. -


 Está bien, buscaremos una solución, ahora tengo que ver qué pasa en la sala de máquinas, ahí también escuche unos gritos, espero que no sea el Dragón Greyscol... – Rio un poco nervioso.

 Al llegar a la sala vio a un triste Totín sentado mirando las estrellas, notó que había harina, recipientes, cucharas y un montón de utensilios, pero por sobre todo un pastel enorme, muy bello, pero aun no terminado.  


- ¿Qué es esto ? preguntó el rey


 - Es un pastel mi señor, pero no poder terminarlo pues debo limpiar las máquinas de carbón, mañana lo tirare a la basura no se preocupe. 


El rey estaba impresionado por la gran coincidencia y por lo hermoso de su trabajo.


- ¿Entonces me estás diciendo que no te gusta estar aquí? 


- La verdad es que no, pero si su alteza lo ordena, seguiré aquí el resto… el resto de mi vida dando mi mejor esfuerzo. 


El Monarca no pudo evitar soltar unas carcajadas.


 - Jejejeje… está bien, acompáñame… ¡Guardias!... ¡Guardias! , traigan aquí a Juanin ….

 Juntó a ambos en el pasillo que une los dos lugares de trabajo y les dijo: 


 - Juanín entrega tu delantal a Totín y Totín, entrega tu delantal a Juanin… 

Pero pero pero pero pero…. Se escuchó de ambos… asombrados con lo que estaba sucediendo. -


A contar de hoy quiero los mejores pasteles del mundo, y quiero que mi castillo siempre tenga la temperatura perfecta. 

- ¡Así será! Respondieron los dos felices duendecillos. 

Totín no podía creer lo que estaba pasando, saltaba de un lado a otro lleno de felicidad, abrazando a los guardias, a Juanin e incluso al rey.

 Desde aquel día nació la leyenda de los mejores postres de todo el universo, y una vez al año celebran el día de la dulzura, en donde todos se reúnen en el cristalino lago en torno a una gran mesa con muchas delicias preparadas por el Chef Totin y su hijo Simonin. 

Incluso el sol y la luna no pueden resistirse a probar de estos deliciosos manjares. 

Nunca más hubo una lágrima en las mejillas de nuestro querido duende, nunca más una queja… ahora es feliz, por fin puede hacer lo que más adora en el mundo, junto al duendecillo que más ama en el universo, creando infinitas delicias para todo el mundo…



**********************************FIN*********************************************


Y colorin colorado, este cuento se ha terminado, y esperaremos solo un momento, para leer otro cuento.

A continuación te dejamos una lista de sugerencias de cuentos.



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Leyenda la Misión del Colibrí 

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