El origen azteca del maíz


 Cuenta una antigua leyenda….

Que los aztecas, antes de la llegada del dios Quetzalcóatl, únicamente se alimentaban con raíces y animales que cazaban.

No consumían el maíz pues, ese alimento  estaba muy fuera de su alcance. 

Se encontraba escondido tras las  enormes monta
ñas que rodeaban la ciudad  otros dioses habían intentado inútilmente  separar esas montañas con sus fuerzas Pero jamás, jamás consiguieron separarlas ni siquiera un pequeño centímetro… jamás 

 

Dicen que cierto día, mientras los aztecas intentaban solucionar este problema, llegaron a la conclusión, de que lo único que podían hacer, era enviar a sus sacerdotes a pedirle al gran Dios Quetzalcóatl que los ayudase a traer el maíz.  

Quetzalcóatl les dijo que si, que él les ayudaría  

El todopoderoso dios, jamás intento usar sus fuerzas para separar estas montañas , por el contrario, el quería usar su inteligencia y astucia  para cumplir su promesa.

Y fue así un día, mientras intentaba idear un plan para traer el maíz, vio, con sorpresa vio, a una pequeñísima hormiga, que bajaba por entre las montañas, con un grano de maíz en sus espaldas.

El todopoderoso dios, le pregunto sobre la procedencia de aquel brillante, amarillo, y delicioso grano de maíz 


la hormiga roja, no solo le contestó, el lugar exacto en donde se encontraba aquel, enorme maizal  sino que además, se ofreció generosamente a mostrarle el camino.

Fue así E
ntonces, que  Quetzalcóatl, se convirtió en una pequeñísima  hormiga negra y junto a la hormiga roja, partieron entonces, su largo viaje

Aquella travesía no estuvo libre de dificultades, fue un viaje muy complicado Sin embargo, tan solo pensar, que estaba haciendo eso para ayudar a su gente, le daba fuerzas para continuar su búsqueda

Hasta que todos sus esfuerzos, finalmente se vieron recompensados, llegaron a un lugar, en donde, había un maizal enorme, enorme como el mar

y como el dios  estaba convertido en una pequeñísima hormiga negra, con sus mandíbulas, tomó un grano de maíz y emprendió el regreso, siempre  junto a la generosa hormiga roja.

Cuando llegaron, entregaron el grano de maíz a los aztecas, tal cual lo había prometido

Los aztecas sembraron la semilla, y al poco tiempo, una verde y orgullosa planta comenzó a crecer, regalando sus frutos a esta gente

El valioso grano, aumentó sus riquezas, construyeron templos ciudades, puentes.

Y desde aquel día , los aztecas veneran al gran dios Quetzalcóatl, el dios amigo de los hombres y mujeres, el único dios que les pudo traer con éxito, el delicioso, y valioso, grano de maiz.





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El origen del huala, Leyenda mapuche

el origen del huala
 Cuentan las antiguas voces, que en los valles cordilleranos de Neuquén vivió, hace muchos, demasiados años atrás, una niña mapuche llamada Huala. 

Ella era Una pequeña normal,   que gustaba de jugar con sus amigos y  colaborar  en los quehaceres de la ruca.

Y bueno, resulta que cerca, muy Cerca de su hogar, un brillante lago parecía bendecir e iluminar el entorno y la vida de aquella niña.

 Los paisajes que regalaba este lago, eran únicos, y es por ello, que muchacha siempre, voluntariosa y alegre se ofrecía cada tarde para recolectar agua.

Llenaba  los  cantaros, y se quedaba horas y horas, mirando su reflejo en aquellas tranquillas aguas, peinaba su fuerte cabello disfrutando la magia de aquel entorno.


Huala , la pequeña huala, jamás se  imaginó que por debajo de aquel reflejo, los ojos del maligno “Cuero” la observaban sigilosos,

 Esos ojos veían  cómo, día tras día, la niña se convertía en una hermosa mujercita y, fue así, como el cuero, poco a poco, año tras año,  se fue  enamorando profundamente de la joven.

Hasta que, dicen, cuentan, que Cierto día, mientras Huala llenaba su cántaro en el lago, un helado viento corrió por su cuello, las aguas se agitaron como nunca las había visto,  entonces, el Cuero, el horrible cuero, emergió bruscamente desde aquellas profundas aguas, se extendió de par en par  y rápidamente envolvió a la joven, la que únicamente  alcanzó a emitir unos ahogados y angustiosos gritos.

Sus padres y amigos escucharon sus lamentos, y rápidamente  acudieron en su ayuda, pero ya nada se podía hacer, la joven huala, había desaparecido para siempre, pues, el cuero jamás, jamás devuelve a sus presas. 

Mientras pensaban y pensaban, y la pena y impotencia  los consumía, la orilla de aquel lago, insolentemente se llenó de peces, ese era el precio que el maligno ser pagaba por llevarse a la joven mujer.

El Cuero arrastró a Huala hasta una gruta en las profundidades, y allí, al ver los despojos de animales, cuerpos disecados y cabezas humanas desperdigadas por todos lados, la joven, desesperada, se


desvaneció.

Cuando despertó, dicen que  el Cuero se había transformado en un apuesto joven que le declaró su amor:

-Te prometo que si quieres ser mi esposa te trataré con cariño y dulzura.- le dijo

Huala, angustiada y llorando, le reclamó:

-Yo sólo quiero seguir viendo a mis padres, la ruca donde he nacido y a la gente de mi pueblo.

Era tal la tristeza que había en los ojos de la joven, que el Cuero aceptó su pedido pero con la condición de que nunca debería abandonar el lago. Fue así que transformó a la mujer en un ave parecido a un pato, pero con alas y patas más cortas, para que no pudiera volar ni alejarse de aquel lugar.

Desde entonces,  Huala habita los lagos patagónicos en los que nada con gran agilidad y se sumerge hasta lo más profundo de las aguas. 

Dicen que al ver a una persona, emite un grito angustioso, como cuando fue capturada por El Cuero… y se acerca a la orilla con la ilusión de que algún día se rompa el hechizo y vuelva por fin a ser libre.




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El origen del Huala, leyenda mapuche


La vaca que arrojaba fuego (San Martín, Perú)

 

Cuentan los pobladores de la Calzada que hace mucho, mucho tiempo, junto al enorme morro" que se yergue a orillas del camino que conduce a Moyobamba, aparecía siempre una enorme y horrible fiera.

Tenía un extraño aspecto, parecido al de una vaca, con largos cachos retorcidos,

Y que caminaba amenazante arrojando fuego por la boca. 

La gente de la calzada le puso el nombre de Vaca-Huillca («vaca sagrada»). 

Constantemente esta bestia amenazaba con  destruir el pueblo convirtiendo en cenizas todo lo que tocaba.

Los habitantes, llenos de pánico, temerosos de ser quemados y convencidos de que ellos solos no podrían hacerla desaparecer, resolvieron solicitar los servicios de un brujo de Pomacochas.

Enviaron una comisión a dicho lugar con ese fin. 

El brujo, a cambio de una buena paga, fue a la Calzada. Y valiéndose de sus prácticas hechiceras derrotó al extraño animal. 

Sin embargo, dicen, que ese no fue el fin de la vaca huillca, pues, se rumorea que ese terrible monstruo se trasladó a la laguna de Cocha conga, en la puna de Pishcohuañuna, donde cada cierto tiempo, cuentan que aun se le puede ver, con sus largos cachos retorcidos, con su hocico lleno de fuego,  quemando todo, todo lo que se le cruza en su camino. 





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El cortador de bambú y la princesa de la luna, cuento popular japonés

 Cierto día, encontrabase un anciano japones, trabajosamente cortando cañas de bambú.

Una tras otra las sacaba y las dejaba en montones que más tarde llevaría a su hogar… pasaban y pasaban las horas, y el día, parecía ser un día común y corriente.

Sin embargo, Cuando estaba pronto a terminar, vio que, una caña -de esas que había cortado- brillaba de una manera extraña… era como… como si la luna estuviese iluminándolo. 

Curioso la tomó en sus manos y miró en su interior, con asombro se dio cuenta de que ahí… ahí, adentro se encontraba una pequeña, pequeñísima niña, no más grande que su dedo pulgar.

Sorprendido la tomó con delicadeza en sus manos, y la llevó a su hogar en donde le contó lo sucedido a su esposa.


Los ancianos, agradecidos decidieron que la cuidarían como si fuera su propia hija; la llamaron Kaguya, Princesa de la luz de Luna. 

Aquella iluminada rama de bambú, comenzó a producir oro y gemas en abundancia, por lo que el anciano se hizo rico, en muy poco tiempo.

los años pasaron, y Kaguya creció convirtiéndose en una hermosa mujer … , pronto, la gente comenzó a enterarse de la existencia y belleza de esta joven, y pretendientes de muchos lugares viajaban para pedir su mano, pero ella se negaba a tomar un esposo.

En una ocasión, cinco honorables caballeros llegaron hasta la casa del cortador de bambú, quien intentaba convencer a su hija de casarse, pues él ya era viejo y no quería morir dejándola sola.

 Ella se negaba a tomar un esposo, les pedía cosas imposibles a sus pretendientes, como el cáliz sagrado de buda, o la túnica hecha con el pelo de la rata de fuego, un collar que debían sacar desde el mismísimo cuello de un dragón.

Cosas imposibles, cosas que ninguno fue capaz de conseguir.


Cierto día, El emperador del Japón, supo de la existencia de la joven kaguya, la invito a visitarlo, pero ella, se negó.

él no se rindió, quería ver en persona la belleza de la joven, así que, cierto día, se apareció sin aviso en la casa del anciano, y cuando la vio, se enamoró perdidamente de ella. 

El emperador intentó convencer a la joven de casarse con él, quiso llevarla a su palacio, pero la joven aseguró que si la llevaban a la fuerza se convertiría en una sombra y desaparecería de la tierra para siempre.

 Un día. antes de la luna llena de mediados de agosto, Kaguya lloraba apenada mirando al cielo, su padre intento consolarla, y fue ahí, cuando ella le confesó, entre llantos y lamentos, que no había nacido en la tierra, sino que procedía de la Luna, y es ahí, a dónde debía regresar en la próxima luna llena, es decir, la siguiente noche.

Los ancianos intentaron convencerla de que no partiera, pero Kaguya contestaba que debía hacerlo, pues así lo dictaba el destino.

Entonces, el anciano, desesperado corrió en busca del emperador y le contó esa horrible historia.

En la siguiente noche de luna llena, el monarca, hizo rodear la casa del anciano de fuertes guerreros… vigilantes y atentos estaban todos, cuando de pronto, la luna se cubrió con una brillante y gigantesca nube, rápidamente comenzó a descender hacia la Tierra, y mientras bajaba, el cielo se oscurecía, y la tierra brillaba como si mil lunas la iluminaran.

La brillante luz encegueció a todos, y nadie pudo siquiera ver cuando una carroza tripulada por seres luminosos llegó por la princesa.


 Antes de alejarse, se despidió con una gran pena de sus padres, y Dejó al emperador un obsequio muy particular: una carta y una pequeña botella con el Elixir de la Vida eterna.

EL joven soberano, angustiado, ordenó que ambas cosas fueran llevadas a la cima del monte más sagrado de aquella tierra, y en ese lugar, deberían ser quemadas, pues no quería vivir para siempre, si no era al lado de su amor.


Hasta el día de hoy se sabe que, cuando hay humo sobre el monte Fuji, se trata de la carta y el elixir que la Princesa de la Luna dejó al emperador, los que aún arden en las alturas del gigantesco monte, intentando cumplir el deseo de un aquel emperador, ver, talvez por última vez, a la radiante y hermosa Kaguya, la Princesa de la luz de luna.







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El origen del Zorzal, relato Guaraní


 Los abuelos de los abuelos, alguna vez me contaron, que, en una pequeña comunidad de aborígenes guaraníes, existió un joven llamado Zorzal, un hábil y valiente cazador.

Y me contaban que este joven amaba profundamente a una hermosa mujer cuyo nombre era Agüaí, más bien, lo que quiero decir, es que ambos se amaban profundamente. 

Toda la tribu era testigo del gran amor que existía entre ambos, incluso cuentan, cuentan que cuando estaban juntos, el rio parecía llevar agua más cristalina para ellos, que el sol intentaba brillar aún más cuando ellos se miraban a los ojos, que los árboles eran más verdes cuando paseaban de la mano… y la luna… ay la luna, resplandecía toda la noche con tal de iluminar sus siluetas… eso, eso cuentan.

   El joven Zorzal, desde niño había sido instruido el arte de la caza, y con los años aprendió los secretos del monte y de los animales que debía cazar. 

   Cada mañana, antes de que la luna diera paso al sol salía Zorzal en busca del alimento necesario para su tribu, y cuando regresaba, no tenía otros planes
más que pasar las tardes enteras con la bella Agüaí.

Además de la caza, el joven había aprendido a tocar la flauta, y no per
día oportunidad para dedicarle melodías que solo el y ella disfrutaban. 

   Así transcurrían los días, las lunas, los soles, y la pareja gozaba de su amor y su felicidad.

Sin embargo, lamentablemente la relación de los jóvenes no a todos tenía contentos, y es por ellos, que sucedió algo que nadie esperaba.


Decían  que el chamán siempre se sintió atraído por la joven Agüaí, pero ella nunca tuvo ojos si no para su amado Zorzal.

Con cada rechazo de la joven, el chaman, se iba llenando de rencor e ira…. Hasta que cierto día, cansado ya de la indiferencia de la joven, ideo un plan para deshacerse de zorzal….

Un día de lluvia, de triste melancólica lluvia, el chaman, ya con su plan armado, corrió a ver al chaman, y con la voz entrecortada, le habló nervioso:



- He tenido una visión – le dijo- el amado de Agüaí, al que tanto respetas, al que dices querer como a un hijo, se convertirá pronto en una desgracia para toda la comunidad, debes tomar una decisión pronto, de lo contrario, te arrepentirás.


 

El cacique no daba crédito a lo que escuchaba, sabía que el chaman siempre estuvo enamorado de su hija, pero lo creía incapaz de una traición, y el miedo a que su predicción se hiciera realidad, lo hizo tomar una terrible y triste decisión, 

Ordeno a su más fieros y leales guerreros, que, en la madrugada, cuando zorzal saliera de caza, y mientras Agüaí dormía, deberían atrapar al joven.

Zorzan no opuso resistencia, pensaba que todo se trataba de un error, y que resistirse solo podría empeorar todo.

Lo ataron con firmeza a una enorme roca, lejos de la tribu, así, su amada no sabría lo que estaba pronto a suceder. 

Por muchas horas estuvo ahí, amarrado, vigilado, sin agua, sin comida.

Cuando apareció el cacique, sus ojos brillaron, pensó que todo se había aclarado, y por fin sería liberado.

Pero detrás de él, venia el chaman, quien le hablaba al oído, repitiendo un y otra vez, la terrible predicción de que la según sería responsable el joven cazador.

El cacique quería mucho a zorzal, pero no podía permitirse poner en riesgo a su gente, entonces, con sus ojos llorosos, ordeno ejecutar al cazador, quien veía como decenas de flechas se le enterraban en su pecho, y a los pocos segundos, finalmente murió.

Aguai, quien se encontraba recolectando alimento, de pronto sintió que su corazón se apretaba, no pudo si no pensar en su amado, en que algún terrible lo hubiese atacado. 

Corrió en búsqueda de su padre, si no estaba con su gente, ella sabía dónde encontrarlo.

Cuando llego a la gran roca, no podía creer lo que veían sus ojos, su amado yacía sin vida atado, y su pecho lleno de flechas… 

El sufrimiento se podía escuchar por todos lados, la joven lloraba sin poder contenerse… lo abrazaba intentando cambiar su vida por la de él… pero sus esfuerzos eran en vano.

El triste cacique la miraba arrepentido, ordenó a su gente que la sacaran de ahí… y mientras la llevaban arrastrando, boquiabiertos, todos los presentes vieron cómo, desde el interior del pecho del joven, desde su profundo corazón, parecía nacer un ave con el pecho empapado en sangre, el que, con un bello sonido como el de una flauta parecía querer calmar a la triste Agüaí.


Fue ahí entonces, en ese preciso momento, en que la joven comprendió que el gran Tupá le había obsequiado esta ave de pecho rojo y dulce canto, para darle compañía y aliviar su dolor.

¿y el chaman? Seguramente te lo estas preguntando…. Bueno, el chaman al ver esa escena, salió corriendo despavorido sin rumbo conocido, jamás se le volvió a ver….

Al que si se le volvió a ver fue al zorzal, esa pequeña y dulce avecilla, la que hasta nuestros días sigue deleitándonos con sus hermosas melodías, recordando por el resto de su existencia, a su amada, su dulce Agüai. 




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La leyenda del pájaro carpintero y el tucán

 

Dicen que hace muchos soles atrás, el pájaro carpintero no lucia en su cresta los llamativos colores con los que suele deslumbrarnos hoy en día… más bien, este pajarillo era completamente negro, negro como la noche sin estrellas, negro como una profunda y tétrica cueva, solo el brillo de sus ojos parecía querer escaparse de tan oscuro plumaje. 

El tucán, por el contrario, solía lucir en su cabeza hermosos colores que parecían dar aun mas vida a los bosques y selvas que habita.

Y bueno, resulta que ,cuentan que cierto día se encontraba el pájaro carpintero picoteando intensamente un hueco en lo alto de un árbol.

Picoteaba y picoteaba con mucha prisa, pues, quería poner un huevo en un lugar seguro, y en los altos de los árboles, evitaría a las serpientes y cualquier otro animal que pudiese robarle su preciado huevo.

Con su fuerte pico golpeaba una y otra vez. toc, toc, toc.

El sonido parecía retumbar por toda la selva, fuerte, tan fuerte toc toc toc, que el tucán lo escuchó, y curioso, abrió sus alas y comenzó a volar buscando el origen de aquel incesante golpeteo.


Cuando encontró al efusivo pájaro carpintero golpeando con su pico el tronco del árbol, se posó a su lado, mostrando su bellísimo y colorido plumaje.

Lo miraba con curiosidad…. Se posaba de un lado… de otro… arriba ya abajo tratando de saber que mantenía tan concentrada a ese pequeña y oscura ave.

Hasta que no pudo más de la curiosidad… y le habló:

- ¡Hola! ¿Qué haces? ¿Por qué golpeas y golpeas ese tronco? ¿acaso estas
molesto con este árbol?

El pájaro carpintero detuvo su labor por un instante, lo miró un poco sorprendido, pues no sabía que tenía al gran tucán a su lado, y le respondió:


-
Ehh… yo…. Bueno…. Ehhh….. yo…. Estoy haciendo un nido… - le replicó aun un poco confundido.

- ¿Acaso eres el pájaro carpintero? ¿el que dicen es el mejor constructor de nidos de toda la selva?

- Pues… eso dicen- le contestó humildemente.


Se dio la media vuelta, y continúo picoteando insistentemente el tronco del árbol, dando así por finalizada la conversación.

El tucán, que hasta ese momento ponía sus huevos en cualquier lugar, como en los bordes de los ríos o en medio de las plantas, tuvo una brillante idea.


- Carpintero – le volvió a hablar- me gustaría tener un hogar como el que estas haciendo en donde poner mis huevos y por fin vivir tranquilo… me gustaría tanto… ¿me haces uno?


El pájaro carpintero siempre había admirado el hermoso plumaje del tucán, así que, sin más rodeo le dijo:

- Si tu me regalas las plumas de tu cabeza, esas hermosas plumas de colores, yo a cambio te regalaré mi casa para poner tus huevos y criar a tus hijos. ¿Te parece bien?

- Me parece perfecto, le respondió ansioso el tucán.


Así, le entregó las plumas multicolores de su cresta al pájaro carpintero, y éste a cambio le cedió su nido. 

Desde aquel día los dos pájaros se hicieron muy buenos amigos, los tucanes ponen sus nidos en los agujeros de los troncos de los árboles, y los pájaros carpinteros siguen golpeando y picoteando troncos, ahora más orgullosos que antes, pues felices están, de mostrar al mundo, su preciosa, vistosa, y colorida cresta. 


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El origen de la Kantuta, flor nacional de Bolivia

 Cuentan que hace muchísimos años existieron en las tierras del Kollasuyo dos ricos y poderosos reyes Incas. 

EL primero de ellos era Illimani, gobernador el inmenso norte.

Y resulta que ese rey, Illimani  tenía un hijo, un hijo al que llamó Astro Rojo gracias a que el día de su nacimiento, apareció en el cielo una enorme y brillante estrella rojiza. 

El segundo rey era Illampu, dueño del sur y los Yungas, coincidentemente este rey  también tenía un hijo: Rayo de Oro, llamado así gracias a una radiante estrella dorada que apareció justo el día de su nacimiento.

Ambos reyes Incas, al igual que sus hijos, habían nacido bajo el augurio de sus respectivas estrellas, cuyo resplandor crecía al aumentar la prosperidad sus imperios.

Pasaron muchos años en una aparente armonía entre ambos reinos, en una aparente paz…  pero eso cambiaria… dicen que llegó la época, en que ambos reyes comenzaron a sentir envidia por el brillo de la estrella del otro.

Es decir, Illimani comenzó a sentir  envidia de la estrella de Illampu, e Illampu sintio envidia del brillo de la estrella de Illimani.

Así se fueron alejando el uno del otro… y el otro del uno…. Hasta que, hasta que llegó el triste día en que lo peor que podía suceder… sucedió: Illampu decidió acabar con Illimani y en un enojo sin precedentes, le declaró la guerra.

Cuentan que Ambos pueblos combatieron sin piedad durante varios días, hasta que finalmente los dos monarcas quedaron tendidos en medio del campo de batalla heridos de muerte. 

Pero ni la pronta muerte los hizo recapacitar.

Pues, cuentan, que cuando estaban prontos a morir, cada soberano llamó a su hijo, cada rey, obligo a su heredero a jurar venganza, a jurar que no descansaría, no descansaría hasta haber eliminado al imperio contrincante.

En un principio ambos príncipes se negaron, nunca entendieron los motivos para que dos prosperas naciones se enfrentaran a muerte… pero fue tanta la insistencia de sus padres, tanta…  que no les quedó otra que acatar su voluntad y así, continuaron luchando con todas sus fuerzas.

Hasta que…  tal cual Como sucedió con los obstinados Illampu e Illimani, ambos jóvenes quedaron también heridos de muerte, uno, al lado del otro.

 Sin embargo, el final de ambos seria distinto, ya que los nobles príncipes, en lugar de pedir venganza, se dieron un abrazo como muestra de perdón.

Pero esta historia no termina aquí…

Cuentan que en el momento en que ellos se abrazaban, desde lo profundo de la tierra se escuchó un gran estruendo, parecía que un terremoto terminaría con toda la humanidad… pero eso no fue así, pues, pronto emergió la figura de una gran mujer. 


Era, nada mas y nada menos que la Pachamama, quien, molesta con Illampu e Illimani, hizo caer del cielo sus dos estrellas que fueron a dar contra las rocas de los Andes, convirtiéndolas en dos masas inertes y opacas sin más brillo que la blancura de su nieve, esas dos enormes masas aun se pueden ver en el altiplano, las montañas llamadas illimani e Illampu , las más altas de la región.

 

Conmovida por la actitud de los príncipes, les dijo que una vez muertos la luz de sus estrellas se convertirían en el símbolo de un pueblo, un pueblo que más tarde viviría en esas tierras.

Cuando murieron los jóvenes, sus cuerpos quedaron sepultados bajo la nieve de las montañas de sus padres.

Los espíritus de Illampu e Illimani, que ahora permanecen en las montañas no pudieron soportar la culpa, y al poco tiempo comenzaron a llorar, arrepentidos del daño causado a sus hijos… 

Dicen que sus lágrimas iniciaron el deshielo, y con esa pura y cristalina agua se logró dar vida a la tierra que guardaba la tumba de los dos príncipes.

Desde ese lugar brotó por primera vez una verde y enmarañada planta que cuando llegó la primavera se cubrió de color rojo y amarillo, formando una bella, frágil y majestuosa flor tricolor, la kantuta.

Siglos después, como lo había anunciado la Pachamama, surgió un pueblo que tomó esa flor y esos colores como sus símbolos, símbolos de un hermoso, único y grandioso pueblo llamado Bolivia. 



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El origen del Pehuén, leyenda pehuenche

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Hace muchos inviernos atrás, el pueblo pehuenche vivía cerca de los bosques de pehuenes, majestuoso árbol conocido también como araucaria. 


 Ellos, Los pehuenche, se reunían bajo estos enormes árboles para rezar, hacer ofrendas y colgar regalos en sus ramas, pero no cosechaban sus frutos, no, pues, pensaban que estos eran venenosos y por lo tanto, no se podían comer. 

Sin embargo, esto cambiaría, pues algo sucedió, algo sucedió, un crudo, cruel, e interminable invierno.

Cuentan los que saben, que, en esa epoca, el frio y la nieve parecían haberse ensañado con este pueblo

, y mientras lentamente pasaban los días, poco a poco, comenzaban a agotarse los recursos: los ríos estaban congelados, los pájaros y animales habían emigrado a lugares más cálidos, las hierbas se morían al no poder soportar los helados días, y los árboles, sin hojas que mostrar, esperaban la primavera para volver a florecer y entregar sus frutos.

Es decir, los pehuenche, ya no tenían mucho para comer, y si bien algunos fuertes y valientes resistían, otros, los más débiles, comenzaban a caer.

Se decía, en esos tiempos, que Nguenechen, el espíritu protector, no escuchaba las plegarias, él, al igual que el sol, parecía estar dormido. 

Cierto día, y viendo que el invierno parecía quedarse eternamente en ese lugar, el Lonko, el jefe de la comunidad, pensó que ya era hora de hacer algo, de lo contrario, nadie sobreviviría al terminar ese inhumano invierno, así que, intentando ganar un algo de tiempo,  decidió que los jóvenes partieran en busca de alimento por todas las regiones vecinas.


Cuentan, que Entre aquellos muchos que partieron había un valiente y ansioso muchacho, él estaba esperanzado de que volvería pronto con provisiones, y un camino para volver una y otra vez por más alimento… sin embargo, lamentablemente comenzó a recorrer una región de montañas arenosas y áridas, barridas por el viento, ni rastro de comida y agua había en ese lugar. Caminó sin suerte varios días, y la esperanza de volver con alimentos se desvanecía, se desvanecía tal cual como el agua en ese caluroso lugar…   hasta que, finalmente, ya sin provisiones ni fuerzas para continuar su búsqueda, decidió regresar con los suyos, en el fondo de su corazón, albergaba la esperanza de que alguno de los otros jóvenes hubiera tenido mejor suerte que él. 

En su largo y agotador regreso, hambriento, casi muerto por el frío, y avergonzado por no haber encontrado nada para llevar, finalmente cayó rendido al suelo, y mientras cerraba sus ojos, recordaba a su familia, a sus amigos, pensaba que ese sería su triste final…   

Pero eso no fue así, pues alguien tenía otros planes con este joven pehuenche.

Cuando volvió a abrir los ojos, su sorpresa fue mayor, vio que, a su lado, un extraño anciano intentaba cuidadosamente darle comida y agua, y con ese generoso acto, salvando la vida del agotado joven.

Cuando las energías volvieron a su cuerpo, ambos se pusieron de pie, y comenzaron a caminar.

Caminaron juntos por varios minutos, el joven, agradecido, le contó sobre su misión, sobre la tristeza que sentía de saber que su pueblo, talvez, moría de hambre, de que, quizás, jamás volvería a ver a sus seres queridos



El viejo lo miró intrigado y le preguntó: 

- ¿acaso No son suficientemente buenos para ustedes los piñones?, cuando caen del pehuén ya están maduros, y con una sola piña se alimenta a una familia entera. 

  El muchacho aún más sorprendido, le contestó que siempre habían creído que Nguenechen prohibía comerlos por ser venenosos y que, además, eran muy duros. 

Entonces el viejo le explicó que era necesario hervir los piñones en mucha agua o, simplemente tostarlos al fuego. 

Apenas le hubo dado estas indicaciones, el anciano se alejó y el joven volvió a encontrarse solo. 

Mientras caminaba a paso acelerado, pensaba en lo que había escuchado y apenas llegó al bosque, buscó bajo los árboles y guardó en su manto todos los frutos que encontró. 

Cuando llegó con su gente, su alegría fue enorme al verlos aún con vida, débiles, pero con la esperanza de llevar en sus manos algo que les devolvería energía a sus cuerpos.

Rápido Llevo los piñones ante el Lonko y le contó las instrucciones del anciano.

El jefe escuchó atentamente al joven; se quedó un rato en silencio y finalmente dijo:

 Ese viejo no puede ser otro que Nguenechen, que bajó una vez más para salvarnos. Vamos, no desperdiciemos este generoso regalo que nos hace. 

La tribu entera participó de los preparativos de la comida. Muchos salieron a buscar más piñones; se acarreó el agua y se encendió el fuego. Luego, tostaron, hirvieron y comieron los piñones que habían recogido. Fue una fiesta inolvidable. 

Se dice que, desde ese día, los mapuche que viven junto al árbol del pehuén y que se llaman a sí mismos pehuenche, nunca más pasaron hambre y respetan ese sagrado árbol, el que les brinda alimento desde aquellos lejanos tiempos, hasta nuestros mismísimos días. 


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Los amantes mariposa, leyenda china

 Dicen, que Vivió en China hace muchos años, en la región de Shangyu, una estudiosa y bella joven, Zhu Yingtai. 

Dicen que ella aspiraba al igual que los chicos de su edad a poder estudiar en la prestigiosa escuela de Hangzhou, conocida en toda la provincia por ser una de las mejores escuelas del país. 

Pero por desgracia, la sociedad china de aquellos tiempos se regía por valores arcaicos y equivocados, que dictaminaban que las mujeres no podían tener acceso a los estudios, sino que se debían dedicar a otros menesteres, únicamente dentro de sus hogares.

Así que la joven Zhu, que no estaba dispuesta a ser considerada menos que los demás, tomó la determinación de disfrazarse de hombre para poder ingresar en la escuela y de esa forma, aprender pasando desapercibida.

Así pues, un día como hoy, se encaminó hacia la ciudad de Hangzhou. 

Sin embargo, durante el viaje ocurrió algo que cambiaría su vida para siempre; conoció al apuesto joven Liang Shanbo, del que se enamoró inmediatamente.

La conexión fue mutua, pero Zhu, en su papel de chico, no podía mostrar a su amado su verdadero yo.

 Así que dejaron fluir la amistad y pasaron los siguientes 3 años de estudios en un profundo estado de amor y hermanamiento como amigos y compañeros de estudios… 

Sin embargo, Cuando terminaron los años de escuela, y llegó el mome
nto de la separación, la joven Zhu ya no era capaz de alejarse del lado Liang, el amor de su vida.

 Así que inventó una historia para que su amado viajara a su casa y la pudiera conocer en su faceta de mujer, hablándole de una supuesta hermana, a la que sus padres le buscaban marido, le contó que lo esperarían ansiosos en su hogar.

El apuesto Liang viajó así al hogar de la joven, y fue ahí, cuando conoció la verdad de quien fue su amigo por tantos años, pero eso no le importó, pues, al verla como mujer, se enamoró completamente, comprendió que todos esos años había sentido amor por la joven más allá de lo que creía una amistad, y ya no quiso volver a separarse de ella.

Pero… pero, la horrible verdad es que la joven Zhu estaba ya comprometida. Sus padres habían arreglado una boda de conveniencia con otro hombre y ya no había marcha atrás. 

Acercándose la inevitable boda, el joven Liang Shanbo no pudo resistir la idea de ver a su amada con otro hombre y acabó, muriendo de la peor manera de todas… de amor.

El día del casamiento, Zhu con su corazón roto avanzaba hacia el altar pasando delante de la tumba de su verdadero amor.

Fue en ese momento cuando lo inesperado sucedió, un fuerte viento huracanado se levantó impidiendo el avance de toda la comitiva que escoltaba a la muchacha.

Y de pronto, de la nada, como por arte de magia, o quizás, de amor, la tumba de Liang se abrió de par en par, y la joven Zhu, sin pensarlo, salió corriendo en dirección a la tumba, en cuyo interior se lanzó para estar con el único hombre que siempre había amado.

Se dice que de la tumba salieron dos mariposas revoloteando juntas. Eran las almas de los dos amantes que por fín se habían reunido. Ahora ya podrían estar juntos para siempre. 

Desde aquel dia, nadie, nadie pudo, ni  podrá  jamás volver a separar a los eternamente enamorados, eternamente juntos, amantes mariposa.



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EL origen del Crespín, leyenda del Chaco, Argentina

 Cuenta una antigua leyenda, que hace muchísimos inviernos atrás, en la provincia del chaco, Argentina, vivía un campesino llamado Crespín, un hombre bueno y trabajador.

Su vida era tranquila, siempre sembrando y cosechando, cosechando y volviendo a sembrar.

 Pero…. Este hombre, estaba casado con Durmisa, una linda mujer a la que no le gustaba mucho el trabajo de su esposo, por el contrario, lo aborrecía, ella más bien disfrutaba de las fiestas, la música y sobre todo el baile. 

Cada vez que se enteraba de alguna fiesta, asistía, y bailaba hasta el amanecer. 


Cuentan Un año de abundante cosecha, Crespín tuvo que trabajar de sol a sol para poder terminar la siega y la trilla. 

Los días parecían eternos para él pero debía terminar su labor lo más pronto posible. 

Resulta que, una de esas agotadoras tardes llegó a su rancho muy cansado, dolorido, y enfermo, el enorme esfuerzo realizado, estaba literalmente acabando con él …  


Cuando volvió a su hogar, Durmisa, lamentablemente no le prestó atención ya que se encontraba, como siempre, bailando feliz de la vida. 


Crespín estuvo muchas en su cama convaleciente, sin fuerzas para moverse, hasta que en cierto momento, se levantó, y fue donde su esposa, a la que  le suplicó  que fuese al pueblo en busca de medicinas, necesitaba sentirse mejor, para volver pronto a la siega y trilla. 


Durmisa, por un momento se detuvo y, de, muy mala gana, se fue hacia el pueblo en busca de los medicamentos, sin embargo, en el camino vio que en un lugar estaban de fiesta, los vecinos del pueblo celebraban el fin de la temporada de la cosecha, entre música, bailes y bebidas. 

En el momento que La esposa de Crespín escuchó que sonaba una alegre y contagiosa canción, no pudo contenerse y se quedó a bailar entre la multitud.

Entre bailes y más bailes, Durmisa se olvidó de su esposo enfermo. 

Luego de varias horas, unos vecinos que conocían a Crespín se acercaron a ella para avisarle que tenía que volver al rancho a ver a su esposo ya que se encontraba moribundo.

Ella casi no los escuchó, y  les respondió que la vida era demasiado corta para bailar y muy larga para llorar, entonces siguió bailando sin preocupación alguna. 

Cuando terminó la gran fiesta, ya al amanecer, Durmisa regresó a su hogar y no encontró a Crespín, lo buscó desesperada por toda la casa, gritando ¡Crespín…Crespín!, y su esposo no respondía, no estaba allí. 

No se conformó con buscarlo en su hogar así que partió hacia los trigales, invadida por el remordimiento, y, con el corazón lleno de angustia continúo llamándolo. ¡crespín, crespín!

Pero pasaban y pasaban  las horas y su voz poco a poco comenzó a apagarse, ya no podía seguir gritando a los cuatro vientos, ¡Crespín!, ¡crespín! …  y, sin saber que hacer, llorando le suplicó a Dios que le diera alas para facilitar su búsqueda, sin saber que Crespín ya había muerto y unos vecinos lo habían velado y enterrado. 

Es por ello que la leyenda chaqueña cuenta que a Durmisa le crecieron alas y se convirtió en un solitario pájaro que, hasta el día de hoy, sigue buscando a su esposo, mientras canta ¡Cres...pín...Cres...pín! desde las ramas de los árboles, esperando algún día volver a encontrarlo.





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Video EL origen del Crespín, leyenda del Chaco, Argentina


La pinsha, (Loreto), relatos del Perú

 A orillas de una cristalina laguna, en la provincia de Ucayali, vivía un matrimonio de trabajadores campesinos, los que, por esas cosas de la vida, únicamente habían logrado tener un solo hijo.

y al ser hijo único, lo consintieron y mimaron de sobremanera, no le permitían ayudar en las labores del hogar, ni menos, en el trabajo del campo.

Y bueno, Al pasar los años, ese niño consentido se convirtió en un joven, obviamente también consentido… y cuando el padre, ya cansado de tanto trabajar, necesitó de ayuda con sus quehaceres,  intento enseñarle su oficio al muchacho, y fue en ese momento, que  se dio cuenta de terrible su error, pues, este joven este resultó ser un holgazán; odiaba el trabajo, detestaba las responsabilidades, tanto, que  ni siquiera e preocupaba por buscar algo para comer, solo se contentaba con beber algo de agua y esperar a que su madre le sirviera, como siempre, un delicioso y caliente plato de comida.

Los padres le llamaban continuamente la atención, aconsejándole y haciéndole presente mil ejemplos para inspirarle amor al trabajo, más, él no estaba interesado, y se quedada todo el día descansando placenteramente bajo la sombra de un enorme árbol.

 Pero, como dice el dicho, tanto va el cántaro al agua, que termina por romperse.

Resulta que, Pasó un día por ese lugar una comadre de dicha familia, la que tenía una enorme nariz como espada y que, además, lo más importante, entendía de brujerías. 

Y El joven, como siempre, no pudo contener la tentación de burlarse de la prominente nariz de la mujer, ella solo lo miro, como con lastima, quizás, presintiendo, o sabiendo lo que le deparaba el futuro al joven holgazán.

Fue así entonces que, Enterada de los sufrimientos de sus compadres, compadecida de estos, y queriendo vengarse de las risas burlonas recibidas por su formidable y extraña nariz, se propuso castigar al mal hijo.

Para esto, esperó unos días, y en una noche de Luna nueva, después de efectuar algunas prácticas de brujería, transformó al muchacho en un pájaro con un pico larguísimo –esto, por haberse burlado de su nariz-, condenándolo de esta manera a no poder beber agua, ni de una fuente, ni de un río, sino solo de la lluvia, cuando esta cae del cielo.

Desde entonces, cuentan, que existe la pinsha y dicen, que cuando se oye su canto, es que arrepentido pide al cielo, agua, agüita, para calmar su enorme, enorme  sed. 

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El pájaro Dziú, mito maya (el cuco)

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Cuando la vida apenas comenzaba en la tierra de los Mayas, el pájaro Dziú tenía plumas de varios colores, y sus ojos castaños hacían juego con su plumaje. 

Era un ave tan hermosa, que dicen que el arcoíris intentaba imitar sus colores, y a veces se quedaba horas mirándolo.

En la primavera, construía su nido, empollaba sus hijuelos y los criaba, como es costumbre entre todas las aves.

Así fue, hasta que -un día-, Yuum Chaac, el dios de las aguas y la agricultura, observó que el fructífero suelo iba perdiendo su fertilidad, los campos estaban cada día mas secos, y sus frutos eran cada vez mas escasos.1

Yuum Chaac, después de meditar, convocó a todos los pájaros, y les explicó que, como último recurso, sólo les quedaba quemar las siembras, de esa forma las cenizas fertilizarían la tierra. La primera chispa la proporcionaría Kak, el dios del fuego; pero antes, temia un trabajo para aquellas aves, debían recoger las diferentes clases de semillas para la siembra del año venidero.  


A la mañana siguiente, Dziú -siempre el primero ante el deber- llegó muy temprano al lugar designado. Trabajó muy diligentemente, reunió más semillas que ningún otro pájaro, y luego, con el permiso de Yuum Chaac, se retiró a descansar bajo la sombra de un arbusto.

Sin embargo, Tan pronto los otros pájaros notaron su ausencia, comenzaron a perder el entusiasmo.


Entonces, Yuum Chaac, al darse cuenta de que el fuego iba avanzando rápidamente hacia el sembradío de maíz, y que los trabajadores no habían conseguido llegar a él, pidió ayuda.


Dziú alcanzó a escuchar el último de sus tres llamados, y salió de manera precipitada del lugar donde reposaba. 

Tenía ante sí un cuadro aterrador, fuego, llamas, cenizas por todos lados…

Eso si, dziu era un pajarillo valiente,  no lo dudó ni por un instante, sabia lo que tenia que hacer

Voló a la copa de un árbol, desde arriba estudió la situación, y -cerrando los ojos-, se arrojó sobre el fuego que lo consumía todo.


Una vez reunidas las semillas suficientes para reponer las siembras destruidas, cayó al suelo exhausto, con los ojos inflamados, las plumas completamente quemadas y el cuerpo cubierto de ampollas. Inmediatamente, los demás pájaros corrieron hacia él para prodigarle sus cuidados.


Se había salvado la semilla del maíz, tras una hazaña tal, que -como gesto de gratitud- los pájaros de la tierra del Mayab, se ofrecieron para empollar y criar a todos los descendientes de Dziú, el cuco.


Y con el propósito de que los pájaros no olvidasen su promesa, Yuum Chaac decretó que los ojos de Dziú se mantuvieran siempre enrojecidos, y que los extremos de sus alas tuvieran -en lo adelante- el color de las cenizas.

Dicen que hasta el día de hoy, ningún
ave ha faltado a esa promesa, pues viven agradecidos de esa pequeña avecilla , que rescato la preciada semilla de maíz de las garras de fuego, arriesgando incluso  su propia vida.


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El niño encantado (Lima)

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Cierto día un niño de aproximadamente doce años, el que acostumbraba a llevar su rebaño a pastar 

cerca de la laguna de Lacshacocha, perdió su fiambre, su alimento, consistente en charqui («cecina») y cancha («maíz tostado»).


El niño lo buscó por todos lados, sin poder encontrarlo, y mientras derramaba lágrimas por la tristeza que sentía, se acercó hambriento y sediento a la laguna para beber de esas cristalinas aguas.

Pero mientras bebía, algo extraño comenzó a pasar, algo que lo dejo boquiabierto, no sabía  qué hacer, ni siquiera  podía moverse, no sabía si lo que estaba mirando era real, o una simple ilusión… pues sus ojos le mostraban  algo que Estoy seguro  no me lo vas a creer…¡no me lo vas a creer! pues dicen que  desde el  centro de la laguna emergía  una hermosa joven, la que mágicamente parecía  caminar, flotar, volar sobre las aguas de la laguna.


Aquella  joven vio al triste niño, y comenzó a acercarse lentamente, el joven parecía una estatua de piedra, asustado, pero por sobre todo sorprendido con lo que estaba viendo…   ella lo miró con curiosidad, se acercó a su rostro, lo miro a los ojos  y con una dulce voz le pregunto por qué lloraba.

 él niño levantó su cabeza, la miró, aun sin saber si eso era realidad o sueño, sin saber de dónde venía, quien era, ni porque esa radiante y mágica  mujer  estaba ahí… sin embargo A pesar de todo lo que pasaba por su cabeza en esos momentos,  la joven lo seguía mirando  fijamente a los ojos esperando su respuesta, entonces, se decidió a hablar y le conto tenía hambre, que había perdido su comida. 

La joven lo tomo suavemente de la mano, prometiéndole que en su hogar tenia bastante alimento y lo compartiría con el… 

Los ojos de la niña brillaron como dos soles, radiantes, y pronto, los ojos del niño hicieron lo mismo…

Fue así entonces, que ambos comenzaron a desaparecer en el centro de aquella radiante laguna. 

Casi al anochecer llegaron los padres del niño, preocupados de que no volviera a casa como todas las tardes y al encontrar al rebaño aun pastando alrededor de la laguna, pensaron que, seguramente su hijo habría muerto ahogado.

Comenzaron entonces a buscar su cuerpo, se metieron a la laguna, buscaron en los lugares cercanos, pero no lo encontraban… 

ya cansados, luego de 3 días de  larga búsqueda se sentaron un momento a descansar en la cueva  de Huayanqui, en ese sitio tuvieron la grata sorpresa de ver salir de la cueva a su

hijo, con los ojos brillantes, la mirada perdida , acompañado de  una desconocida joven que flotaba suavemente en el aire...

El padre lo miró fijamente y de inmediato supo que su hijo era presa de un hechizo, tomó una enorme bufanda roja de piel de vicuña y lo envolvió en ella… el joven pareció recuperar su mirada habitual, miro a su padre, a su madre, y sus ojos rápidamente se llenaron de lágrimas. 

Se abrazaron fuertemente por varios minutos.

 cuando el padre le preguntó dónde estuvo esos tres días, su hijo le contó que esa mujer lo llevó al fondo de aquella laguna, donde tiene un palacio con cortinajes d e mil colores, que le había dado de comer panes, frutas y potajes, y que después lo había conducido por laberintos subterráneos que lo llevaron hasta la cueva donde finalmente se encontró con sus padres.

Mientras hablaban, la joven poco a poco se alejaba dirigiéndose a las profundidades de la cueva, regresando a su  hermoso palacio de mil colores, donde cuentan que vive hasta el día hoy. 



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Coquena, el dios de los pastores

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COQUENA, dice una linda leyenda de los valles del Norte, era un dios bondadoso que amparaba el ganado que pastaba en los cerros.

 Gracias a él andaban tranquilos por valles y sierras, los guanacos, las vicuña s, llamas y cabras. 

Coquena no permitía que nadie maltratase tos animales. Por esa razón él premiaba siempre a los buenos pastores.

Dicen que  Cierta vez, coquena fue visto en la falda de un cerro, guiando unas c
abritas que, sin duda, se habían extraviado. Cuentan los que lo vieron, que era un  enanito, de tez muy morena, de rostro simpático y de mirada dulce y profunda, Que vestía un largo poncho de lana de vicuña, y cubría su cabeza con un gran sombrero, En vez de zapatos usaba ojotas.

 Dicen también que aquel día en que los pastores lo vieron bajando con unas cabritas la cuesta del monte, iba apoyado en un grueso bastón, y silbando contento. 

Era la hora en que el sol, próximo ya a desaparecer detrás de los cerros vecinos, tendía sus últimos rayos sobre las faldas verdes y floridas del monte.

Nunca más lo volvieron a ver aquellos pastores. 

Oían, sí, algunas veces, su alegre silbido, mientras llevaban a pastar sus ganados. 

Dicen que  Un día, un pastorcillo que había llevado sus cabras al cerro, subió más y más alto por una  pendiente escabrosa siguiendo de cerca el rebaño, y en la cima del monte lo sorprendieron las primeras sombras del anochecer.

 De pronto levantóse un fuerte viento. 

Comenzó el cielo a cubrirse de densos y oscuros nubarrones. 

Un silencio aterrador se cernía en el ambiente. 

Las ráfagas de viento rugían cada vez con mayor furia, formando en el valle siniestras ecos de aquellos vientos.

 La borrasca se hizo recia e implacable. 

Alarmado y temeroso, el pastorcillo quiso reunir sus cabras y bajar al valle; pero tan rápidamente como quiso huir, una niebla espesa cubrió el cerro, y el pobre hombre ya no pudo ver nada. 

Las cabras se habían dispersado rápidamente en todas direcciones; el pastor comenzó a gritar desesperado, llamándolas; corría de un lado a otro, desafiando al huracán para atraerlas; pero todo fue inútil.

 Gritó y lloró el desolado pastorcillo hasta que llegó la noche.

 La oscuridad se hizo entonces absoluta. 

Y al fi n, el frío, el viento y la niebla vencieron al buen pastorcillo, que se quedó muy triste sin sus lindas cabras. 

Sentóse bajo unas peñas a descansar y no tardó en quedarse profundamente dormido, envuelto en su ponchito de vicuña. 

Con las primeras luces de la aurora, despertó el pastorcito. Recordó su desgracia y comenzó a llorar. Mas,  cuando  ya no le quedaban  lágrimas ; sus ojos expresaron el más profundo asombro: era que a su lado, muy junto a él, alguien había dejado una bolsa llena de monedas de oro. Maravillado el pastorcillo, y rebosante de alegría, las contó varias veces haciéndolas sonar entre sus dedos. 

¿Quién me dejó este tesoro, mientras yo dormía? ¿Quién habrá querido consolarme por las cabras que perdí?—se preguntaba. 

De pronto cesó en sus reflexiones y exclamó alborozado: 

—¡Ya sé!... ¡Es Coquena, el dios enanito!... ¡Qué alegría! ¡Es Coquena!...

 Había comprendido, al fi n, que no podía ser otro que Coquena, el dios enanito, como él lo llamaba, quien así lo premiaba por haber sido siempre un pastorcito humilde y bueno, que cuidaba su rebaño con alegría y cariño.


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Los hermanos Ayar

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 Dicen que en el cerro Pacaritambo luego de un enorme diluvio que había arrasado y arruinado los pueblos. aparecieron por primera vez los hermanos Ayar, 

Cuentan los que saben que eran cuatro varones y cuatro mujeres, hermanas y esposas de estos. Eran Ayar Manco con su esposa Mama Ocllo; Ayar Cachi, con Mama Cora; Ayar Uchu acompañado de  Mama Rahua y, por último, Ayar Auca con su mujer, Mama Huaco. 

Los cuatro varones al ver el estado de las tierras y la pobreza de los hombres decidieron marchar en busca de un lugar de tierras fértiles y prósperas donde instalarse. 

Llevaron consigo a los miembros de diez ayllus.

Dicen que antes de comenzar su marcha al sureste,  Inti, el Dios sol, les entregó un bastón de oro, el cual debían enterrar el la tierra, y si el bastón se hundía con facilidad, ese sería el lugar elegido, el lugar perfecto para comenzar a construir una poderosa y sabia civilización. 

 Pero no fue fácil, el camino se presentaron muchos problemas que los pondrían a prueba.

Cuentan que El primer altercado que tuvieron fue con Ayar Cachi, uno de los hermanos, un hombre fuerte y valiente. Dicen que Sus hermanos sintieron envidia de sus cualidades, y por ello, idearon un plan para acabar con el. 

Cierta mañana lo convencieron de que volviera a las cavernas de Pacarina a buscar alimento y agua, y él, sin sospechar las malas intenciones de sus hermanos, se puso rápidamente en marcha, acompañado de uno de los miembros de un ayllu.

Cuando  Ayar Cachi penetró en la caverna de Cápac Tocco,  el criado que le acompañaba cerró con una gran piedra la puerta de entrada, de esta forma, Ayar Cachi jamás volvería  a salir. 

Diceb que Ayar Cachi al saber que no podría  liberarse de su prisión , comenzó  a lanzar desesperados y enérgicos gritos, tan potentes que ogro sacudir la tierra con ellos, abrir las montañas y agitar los cielos. 

Mientras Continuaban el viaje los siete hermanos, seguidos por los ayllus, llegaron al cerro Huanacauri donde encontraron al ídolo de piedra del mismo nombre. 

Llenos de respeto y temor ante el ídolo ingresaron al lugar donde se le adoraba. Ayar Uchu saltó a las espaldas de la estatua y quedó convertido en parte de la escultura. Aconsejó a sus hermanos proseguir el camino y les pidió que en su memoria se celebrara la ceremonia del Huarachico o iniciación de los mas jóvenes. 

En el transcurso de su búsqueda por una tierra fértil, Ayar AUca fue a explorar una zona cercana, se dice que le salieron alas y voló hacia el lugar conocido como la pampa del Sol en cuyo lugar aterrizo y se convirtió en piedra.

Ayar Manco, acompañado de las cuatro mujeres, fue el único hermano que logro llegar a un precioso valle, donde encontró suelos fértiles y por fin, un lugar donde logro hundir el bastón de oro que le fue entregado por el dios Inti para hallar el lugar de la fundación de lo que sería más adelante el Imperio de los Incas, conocido también como el Tahuantinsuyo. 

Allí fundó junto a sus hermanas la ciudad del Cusco en homenaje al dios Inti y Wiracocha.



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El origen de la luna, mito tehuelche

 

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Dicen que desde el momento en que  Kooch había creado al sol para iluminar el día  y  dar luz y calor a


los hombres y mujeres, desde ese momento en la tierra todo comenzó a marchar bien, los árboles crecían, las flores danzaban con sus pétalos al ritmo de los rayos del sol, los animales se alimentaban y reproducían y los tehuelches aprovechaban el día para cazar y recolectar alimentos para sus familias… todo marchaba perfecto, mejor dicho casi todo...  pues dicen que, durante el descanso de éste, durante el descanso del sol Tons, la madre de la oscuridad y los malos espíritus daba libertad a sus hijos, los que prodigaban los males por donde pisaban, por donde miraban, y los gigantes Hol-Gok asomados por los ojos de las maderas viejas, por los huecos de las rocas y desde lo profundo de las cavernas, acechaban a los indios para esparcir sus males, enfermedades y desgracias.

Fue entonces cuando Kooch, luego de entender que no podía dejar a los tehuelches en las manos de la madre de la oscuridad y los malos espíritus, decidió crea a la luna, llamándola Keenyenkon para que ilumine a la tierra y aleje con su brillante luz a los malos espíritus.


Una noche de invierno fue la primera vez que se vio a blanca luna asomarse tímida atravesando las tinieblas, Tons, la malvada madre de los espíritus, asombrada al darse cuenta que nunca más volvería a reinar en las frías noches, se ocultó en las cavernas junto a sus hijos, donde dicen que vive hasta el día de hoy.

Cuentan que al ver a la luna Las nubes sonrieron contentas y aliviadas al saber que  los hombres y mujeres podrían, desde ese momento, caminar por las noches sin el miedo a que los malos espíritus y los gigantes hol-gok les lanzaran enfermedades y maldiciones. 

Fueron ellas mismas, las suaves nubes, que divagaban por el cielo de día y de noche, las que volaron presurosas a contarle al sol la buena nueva…  y tanto le hablaron de la pálida dama nocturna que cierto día decidió conocerla.

Fue así, como una mañana de primavera quebró con sus brillantes rayos el horizonte antes de lo acostumbrado, por su parte Keenyenkon tampoco pudo resistir el embrujo del rubio madrugador y lo acompañó a través del azul del cielo hasta perderse en el horizonte quebrado de los Andes en un rojo y precioso atardecer.


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La leyenda de Pachamama y Pachacamac


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 Cuenta una leyenda que hace millones de años, en el cielo vivian dos hermanos, Pachacamac (el dios creador del mundo) y Wakon (el dios del Fuego y del Mal), y dicen que cierta vez ambos posaron su atención en una atractiva y encantadora joven: Pachamama (Madre Tierra). 

Atraído por su gran belleza, Pachacamac no dudó en intentar conquistar el corazón de aquella joven. Y lo logro, fue asi como Pachacamac, dios del cielo, se unió a Pachamama y de esta unión nacieron los gemelos llamados Wilka, varón y hembra.

Pero cuentan lo que saben, que  su hermano Wakon,  también se había enamorado de aquella joven, y al saber de la unión de su hermano con Pachamama, se llenó de ira contra ellos y empezó a desencadenar desastres en la tierra: sequías, inundaciones y muerte, por lo que fue expulsado del cielo.

Pachacamac conmovido por la devastación provocada por su hermano, bajó del cielo y se enfrentó con él en una brutal pelea que permitió restablecer el orden del planeta. Pachamama y Pachacamac reinaron en la tierra como seres mortales junto a sus mellizos: los Wilkas. 

Aquella felicidad duró poco, pues Pachacamac se ahogó en la mar convirtiéndose en una isla. Entonces la oscuridad cubrió al mundo.

Al quedarse viuda la diosa Tierra, sola con sus hijos mientras reinaba la oscuridad y en la soledad de la noche, un día vieron a lo lejos una luz situada en una distante colina, a la cual se dirigieron vacilantes. 

No fue un camino fácil, pues, el peligro parecía acompañarlos, monstruos temibles los acechaban, queriendo asustarlos, pero ellos, seguían adelante.

Al pasar por la laguna de Rihuacocha bebieron de sus aguas y continuaron la larga travesía.

Cuando llegaron a una cueva conocida con el nombre de Waconpahuin en el cerro de Reponge, encontraron a un hombre semidesnudo quien los invitó a pasar, (se trataba de una trampa del malvado Wakon, quien había tomado una forma diferente).

 En el fuego hervían unas papas en una olla de piedra y, dirigiéndose a los niños, Wakon pidió fuesen a una vertiente  a traer agua, pero el cántaro que les dio estaba roto y por esa causa los niños tardaron mucho en regresar a la cueva.

Durante la ausencia de los mellizos, Wakon intentó seducir a Pachamama y, al no lograrlo, la mató, alejándose así su espíritu para convertirse en la Cordillera Central de los Andes.

Al regresar los gemelos preguntaron por su madre y Wakon les dijo que no tardaría en volver, pero los días pasaban sin que apareciera.

Huaychau, ave que anuncia la salida del sol, se compadeció de los niños y les contó la suerte de su madre y el peligro que corrían de continuar con Wakon. Les aconsejó ir a la cueva de Yagamachay, lugar donde estaba durmiendo Wakon y, aprovechando su profundo sueño, atarlo de los cabellos a una gran piedra y escapar rápidamente, hecho que cumplieron al pie de la letra los mellizos.

En su huida los hermanos encontraron a Añas, la zorra quien les preguntó por que corrían y al enterarse de sus andanzas les escondió en su madriguera.

 Mientras tanto despertó Wakon y, después de desatarse de la guanca o piedra, partió en busca de los mellizos.

Por el camino se topó con un puma, un cóndor y una serpiente o amaru, quienes, protegiendo a los niños, le contestaron que jamás los habían visto.

 Después se cruzó con Añas, la zorra, que astutamente le aconsejó subir a un empinado cerro y desde allí cantar imitando la voz de la madre para que los pequeños fuesen hacia él.

Apresurado se marchó Wakon, pensando que, esa era una muy buena idea, sin darse cuenta que Añas le había tendido una trampa…. Pues Cuando llego a la cresta del cerro, y se disponía a hablar como la madre tierra, piso una piedra que estaba suelta, resbalando sin poder sujetarse a cosa alguna, cayendo al inmenso abismo, que parecía tragarlo sin piedad ... Su muerte causó un violento terremoto.

Los mellizos permanecieron con Añas, ocultos en la madriguera de la zorra.

cuando el espíritu de Pachacamac vió desde el cielo su sufrimiento, decidió llevarlos de regreso junto a él, y cierto dia, al despertar, los niños vieron bajar desde el  cielo una enorme soga. Y comenzaron a trepar por medio de ella, allí los esperaba el Gran Dios Pachacamac. 

Reunidos  entonces con su padre, este  les entrega su reino  y transforma al Wilca Varón en el Sol y la mujer en la  Luna, creando así, el día y la noche… así  las tinieblas no volverían.


Pachacamac premio la fidelidad de Pachamama entregándole el don de la fecundidad, desde entonces, desde las cumbres de la cordillera de los andes, ella envía sus bendiciones a la tierra, y gracias a ella, la lluvia riega los suelos, los árboles crecen, y los animales viven y se reproducen.

Cuentan que La Pachamama también premió a todos los que ayudaron a sus hijos: Zorros, Pumas, Cóndores, Víboras.

Desde aquellos tiempos, es que la naturaleza cuenta su eterna protectora, la madre tierra, la Pachamama,  y, el sol y la luna marcan el día y la noche. 

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EL mito del algarrobo, mito Quechua

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Dicen los que saben…  que hace muchos años atrás  la tribu quichua era muy respetuosa y agradecida de virachocha, su máxima deidad, además veneraba con mucho fervor a inti, el sol, rendian tributo y agradecimiento a la Pachamama, por lo todo lo entregado para vivir…. Dicen que los  quichuas nunca desatendía las tradiciones y obligaciones impuestas por sus Dioses.


Sin embargo, sin embargo,   también cuentan que legó un día en que la tierra dio frutos de manera extraordinaria. las cosechas eran copiosas Abundaban el maíz y los vegetales por doquier, ,y, ante este brote de bendiciones, los quichuas, fueron dejándose embriagar por el ocio y de a poco olvidaron sus obligaciones con los dioses y el trabajo para rendirse al vicio,y la holgazanería.

 El alimento era desperdiciado porque no se lo valoraba al ser tan fácil de conseguir.

El pueblo ciego ante los placeres terrenales se entregó al disfrute, bebían durante días, comían en exceso, y las horas que no dormían, las pasaban bailando.

Nadie pensaba que lo viveres, en algún momento se acabarían… 

Cuando llegó la época de sembrar, a nadie le importo, seguían bebiendo como si nada.

Y dicen lo que saben, que Inti, al ver su comportamiento, y la falta de agradecimiendo, decidio castigarlos.

Entonces  potenció sus rayos para secar ríos y lagunas, lagos y vertientes. 



A Falta de humedad la tierra se endureció y ya no daba nuevos frutos, pero como aun quedaban alimentos y en las vasijas abundaba la chicha siguieron comportándose de manera insolente.


Pero un día el alimento empezó a diezmar, a acabarse y al tener que administrar cuidadosamente lo que quedaba, el hambre, la pena, y la miseria aparecieron en sus vidas. 

La desesperación hizo que los quichuas volvieran rápido al campo, pero Inti no había terminado con ellos. La tierra seguía dura, no había como ararla, mucho menos como introducir semillas en ella. 

Los animales morían hambrientos y lo que antes había sido un fertil campo verde, hoy se encontraba convertido en un desierto.

Los más pequeñitos cargaban injustamente con la falta de sus irresponsables padres y tenían hambre, estaban flacos y sucios.


 Los que estaban enfermos o ya no soportaban la falta de alimento y agua morían silenciosamente sin que nadie pudiera ayudarlos.

El sol golpeaba con rayos que parecían látigos que laceraban el cuerpo de los aborígenes. 

Pero un día se sintió un grito más desgarrado que todos los que se oían a diario. De una casa de piedras salió corriendo desesperada Urpila, una mujer que mortificada por la culpa corrió a la apacheta más cercana a implorarle a la Pachamama perdón por las faltas, por los agravios y a pedirle piedad por sus hijos que estaban muriendo de hambre y sed. 

Depositó en el montículo como ofrenda unas pocas hojas de coca que pudo conseguir con mucho esfuerzo e imploró:


– Pachamama, Madre Tierra, Kusiyá…. Kusiyá

 

El llanto de la madre se mezcló con la desesperación de su corazón y prometió enmendar su mala conducta y sacrificar lo que hiciera falta con tal de salvar la vida de sus hijos. 

Ya sin fuerzas se sentó en el suelo y apoyó su cuerpo en un árbol seco. Estaban tan cansada que pronto, durmió profundamente…  en sus sueños apareció la Pachamama, quien, viendo que su arrepentimiento era sincero,  le djjo que no temiera mas, pues el castigo ya terminaba, que el pueblo debia volver a sus labores, y lo mas importante, que buscara las vainas de ese enorme árbol en el que estaba apoyada, pues estass, saciarían el hambre de todos.


Al despertar Urpila encontró que nada había de nuevo y su corazón volvió a cubrirse de tinieblas, pero instantáneamente recordó las palabra de la Pachamama y la advertencia sobre el árbol, se volteó, miró el extremo superior del tronco y de las ramas que parecían secas, vio colgadas doradas vainas que le daban una esperanza de vida

Se puso de pie y recolectó todo los frutos disponibles hasta que entre sus brazos no hubo lugar para uno más. Se dirigió hasta el pueblo a toda prisa, al llegar, informó al resto de la milagrosa planta y los mandó a buscar sus frutos.

Mientras todos corrían en dirección al árbol, ella alimentó a sus pequeños con el tesoro que la Pachamama le había concedido.

Desde ese día en que el pueblo revivió se venera a aquel árbol sagrado que los salvó de la muerte y que tiene la capacidad de brindar pan y bebida. 

Ese árbol venerado es el algarrobo, que tiene la virtud, además de las nombradas, de ser, en tiempos de grandes sequias, el único alimento de los animales.





 [Puedes ver este relato en formato de audio y video en el siguiente link, serás redirigido a Youtube: El mito del algarrobo, mito Quechua ]

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