Los amantes mariposa, leyenda china

 Dicen, que Vivió en China hace muchos años, en la región de Shangyu, una estudiosa y bella joven, Zhu Yingtai. 

Dicen que ella aspiraba al igual que los chicos de su edad a poder estudiar en la prestigiosa escuela de Hangzhou, conocida en toda la provincia por ser una de las mejores escuelas del país. 

Pero por desgracia, la sociedad china de aquellos tiempos se regía por valores arcaicos y equivocados, que dictaminaban que las mujeres no podían tener acceso a los estudios, sino que se debían dedicar a otros menesteres, únicamente dentro de sus hogares.

Así que la joven Zhu, que no estaba dispuesta a ser considerada menos que los demás, tomó la determinación de disfrazarse de hombre para poder ingresar en la escuela y de esa forma, aprender pasando desapercibida.

Así pues, un día como hoy, se encaminó hacia la ciudad de Hangzhou. 

Sin embargo, durante el viaje ocurrió algo que cambiaría su vida para siempre; conoció al apuesto joven Liang Shanbo, del que se enamoró inmediatamente.

La conexión fue mutua, pero Zhu, en su papel de chico, no podía mostrar a su amado su verdadero yo.

 Así que dejaron fluir la amistad y pasaron los siguientes 3 años de estudios en un profundo estado de amor y hermanamiento como amigos y compañeros de estudios… 

Sin embargo, Cuando terminaron los años de escuela, y llegó el mome
nto de la separación, la joven Zhu ya no era capaz de alejarse del lado Liang, el amor de su vida.

 Así que inventó una historia para que su amado viajara a su casa y la pudiera conocer en su faceta de mujer, hablándole de una supuesta hermana, a la que sus padres le buscaban marido, le contó que lo esperarían ansiosos en su hogar.

El apuesto Liang viajó así al hogar de la joven, y fue ahí, cuando conoció la verdad de quien fue su amigo por tantos años, pero eso no le importó, pues, al verla como mujer, se enamoró completamente, comprendió que todos esos años había sentido amor por la joven más allá de lo que creía una amistad, y ya no quiso volver a separarse de ella.

Pero… pero, la horrible verdad es que la joven Zhu estaba ya comprometida. Sus padres habían arreglado una boda de conveniencia con otro hombre y ya no había marcha atrás. 

Acercándose la inevitable boda, el joven Liang Shanbo no pudo resistir la idea de ver a su amada con otro hombre y acabó, muriendo de la peor manera de todas… de amor.

El día del casamiento, Zhu con su corazón roto avanzaba hacia el altar pasando delante de la tumba de su verdadero amor.

Fue en ese momento cuando lo inesperado sucedió, un fuerte viento huracanado se levantó impidiendo el avance de toda la comitiva que escoltaba a la muchacha.

Y de pronto, de la nada, como por arte de magia, o quizás, de amor, la tumba de Liang se abrió de par en par, y la joven Zhu, sin pensarlo, salió corriendo en dirección a la tumba, en cuyo interior se lanzó para estar con el único hombre que siempre había amado.

Se dice que de la tumba salieron dos mariposas revoloteando juntas. Eran las almas de los dos amantes que por fín se habían reunido. Ahora ya podrían estar juntos para siempre. 

Desde aquel dia, nadie, nadie pudo, ni  podrá  jamás volver a separar a los eternamente enamorados, eternamente juntos, amantes mariposa.



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EL origen del Crespín, leyenda del Chaco, Argentina

 Cuenta una antigua leyenda, que hace muchísimos inviernos atrás, en la provincia del chaco, Argentina, vivía un campesino llamado Crespín, un hombre bueno y trabajador.

Su vida era tranquila, siempre sembrando y cosechando, cosechando y volviendo a sembrar.

 Pero…. Este hombre, estaba casado con Durmisa, una linda mujer a la que no le gustaba mucho el trabajo de su esposo, por el contrario, lo aborrecía, ella más bien disfrutaba de las fiestas, la música y sobre todo el baile. 

Cada vez que se enteraba de alguna fiesta, asistía, y bailaba hasta el amanecer. 


Cuentan Un año de abundante cosecha, Crespín tuvo que trabajar de sol a sol para poder terminar la siega y la trilla. 

Los días parecían eternos para él pero debía terminar su labor lo más pronto posible. 

Resulta que, una de esas agotadoras tardes llegó a su rancho muy cansado, dolorido, y enfermo, el enorme esfuerzo realizado, estaba literalmente acabando con él …  


Cuando volvió a su hogar, Durmisa, lamentablemente no le prestó atención ya que se encontraba, como siempre, bailando feliz de la vida. 


Crespín estuvo muchas en su cama convaleciente, sin fuerzas para moverse, hasta que en cierto momento, se levantó, y fue donde su esposa, a la que  le suplicó  que fuese al pueblo en busca de medicinas, necesitaba sentirse mejor, para volver pronto a la siega y trilla. 


Durmisa, por un momento se detuvo y, de, muy mala gana, se fue hacia el pueblo en busca de los medicamentos, sin embargo, en el camino vio que en un lugar estaban de fiesta, los vecinos del pueblo celebraban el fin de la temporada de la cosecha, entre música, bailes y bebidas. 

En el momento que La esposa de Crespín escuchó que sonaba una alegre y contagiosa canción, no pudo contenerse y se quedó a bailar entre la multitud.

Entre bailes y más bailes, Durmisa se olvidó de su esposo enfermo. 

Luego de varias horas, unos vecinos que conocían a Crespín se acercaron a ella para avisarle que tenía que volver al rancho a ver a su esposo ya que se encontraba moribundo.

Ella casi no los escuchó, y  les respondió que la vida era demasiado corta para bailar y muy larga para llorar, entonces siguió bailando sin preocupación alguna. 

Cuando terminó la gran fiesta, ya al amanecer, Durmisa regresó a su hogar y no encontró a Crespín, lo buscó desesperada por toda la casa, gritando ¡Crespín…Crespín!, y su esposo no respondía, no estaba allí. 

No se conformó con buscarlo en su hogar así que partió hacia los trigales, invadida por el remordimiento, y, con el corazón lleno de angustia continúo llamándolo. ¡crespín, crespín!

Pero pasaban y pasaban  las horas y su voz poco a poco comenzó a apagarse, ya no podía seguir gritando a los cuatro vientos, ¡Crespín!, ¡crespín! …  y, sin saber que hacer, llorando le suplicó a Dios que le diera alas para facilitar su búsqueda, sin saber que Crespín ya había muerto y unos vecinos lo habían velado y enterrado. 

Es por ello que la leyenda chaqueña cuenta que a Durmisa le crecieron alas y se convirtió en un solitario pájaro que, hasta el día de hoy, sigue buscando a su esposo, mientras canta ¡Cres...pín...Cres...pín! desde las ramas de los árboles, esperando algún día volver a encontrarlo.





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Video EL origen del Crespín, leyenda del Chaco, Argentina


La pinsha, (Loreto), relatos del Perú

 A orillas de una cristalina laguna, en la provincia de Ucayali, vivía un matrimonio de trabajadores campesinos, los que, por esas cosas de la vida, únicamente habían logrado tener un solo hijo.

y al ser hijo único, lo consintieron y mimaron de sobremanera, no le permitían ayudar en las labores del hogar, ni menos, en el trabajo del campo.

Y bueno, Al pasar los años, ese niño consentido se convirtió en un joven, obviamente también consentido… y cuando el padre, ya cansado de tanto trabajar, necesitó de ayuda con sus quehaceres,  intento enseñarle su oficio al muchacho, y fue en ese momento, que  se dio cuenta de terrible su error, pues, este joven este resultó ser un holgazán; odiaba el trabajo, detestaba las responsabilidades, tanto, que  ni siquiera e preocupaba por buscar algo para comer, solo se contentaba con beber algo de agua y esperar a que su madre le sirviera, como siempre, un delicioso y caliente plato de comida.

Los padres le llamaban continuamente la atención, aconsejándole y haciéndole presente mil ejemplos para inspirarle amor al trabajo, más, él no estaba interesado, y se quedada todo el día descansando placenteramente bajo la sombra de un enorme árbol.

 Pero, como dice el dicho, tanto va el cántaro al agua, que termina por romperse.

Resulta que, Pasó un día por ese lugar una comadre de dicha familia, la que tenía una enorme nariz como espada y que, además, lo más importante, entendía de brujerías. 

Y El joven, como siempre, no pudo contener la tentación de burlarse de la prominente nariz de la mujer, ella solo lo miro, como con lastima, quizás, presintiendo, o sabiendo lo que le deparaba el futuro al joven holgazán.

Fue así entonces que, Enterada de los sufrimientos de sus compadres, compadecida de estos, y queriendo vengarse de las risas burlonas recibidas por su formidable y extraña nariz, se propuso castigar al mal hijo.

Para esto, esperó unos días, y en una noche de Luna nueva, después de efectuar algunas prácticas de brujería, transformó al muchacho en un pájaro con un pico larguísimo –esto, por haberse burlado de su nariz-, condenándolo de esta manera a no poder beber agua, ni de una fuente, ni de un río, sino solo de la lluvia, cuando esta cae del cielo.

Desde entonces, cuentan, que existe la pinsha y dicen, que cuando se oye su canto, es que arrepentido pide al cielo, agua, agüita, para calmar su enorme, enorme  sed. 

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El pájaro Dziú, mito maya (el cuco)

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Cuando la vida apenas comenzaba en la tierra de los Mayas, el pájaro Dziú tenía plumas de varios colores, y sus ojos castaños hacían juego con su plumaje. 

Era un ave tan hermosa, que dicen que el arcoíris intentaba imitar sus colores, y a veces se quedaba horas mirándolo.

En la primavera, construía su nido, empollaba sus hijuelos y los criaba, como es costumbre entre todas las aves.

Así fue, hasta que -un día-, Yuum Chaac, el dios de las aguas y la agricultura, observó que el fructífero suelo iba perdiendo su fertilidad, los campos estaban cada día mas secos, y sus frutos eran cada vez mas escasos.1

Yuum Chaac, después de meditar, convocó a todos los pájaros, y les explicó que, como último recurso, sólo les quedaba quemar las siembras, de esa forma las cenizas fertilizarían la tierra. La primera chispa la proporcionaría Kak, el dios del fuego; pero antes, temia un trabajo para aquellas aves, debían recoger las diferentes clases de semillas para la siembra del año venidero.  


A la mañana siguiente, Dziú -siempre el primero ante el deber- llegó muy temprano al lugar designado. Trabajó muy diligentemente, reunió más semillas que ningún otro pájaro, y luego, con el permiso de Yuum Chaac, se retiró a descansar bajo la sombra de un arbusto.

Sin embargo, Tan pronto los otros pájaros notaron su ausencia, comenzaron a perder el entusiasmo.


Entonces, Yuum Chaac, al darse cuenta de que el fuego iba avanzando rápidamente hacia el sembradío de maíz, y que los trabajadores no habían conseguido llegar a él, pidió ayuda.


Dziú alcanzó a escuchar el último de sus tres llamados, y salió de manera precipitada del lugar donde reposaba. 

Tenía ante sí un cuadro aterrador, fuego, llamas, cenizas por todos lados…

Eso si, dziu era un pajarillo valiente,  no lo dudó ni por un instante, sabia lo que tenia que hacer

Voló a la copa de un árbol, desde arriba estudió la situación, y -cerrando los ojos-, se arrojó sobre el fuego que lo consumía todo.


Una vez reunidas las semillas suficientes para reponer las siembras destruidas, cayó al suelo exhausto, con los ojos inflamados, las plumas completamente quemadas y el cuerpo cubierto de ampollas. Inmediatamente, los demás pájaros corrieron hacia él para prodigarle sus cuidados.


Se había salvado la semilla del maíz, tras una hazaña tal, que -como gesto de gratitud- los pájaros de la tierra del Mayab, se ofrecieron para empollar y criar a todos los descendientes de Dziú, el cuco.


Y con el propósito de que los pájaros no olvidasen su promesa, Yuum Chaac decretó que los ojos de Dziú se mantuvieran siempre enrojecidos, y que los extremos de sus alas tuvieran -en lo adelante- el color de las cenizas.

Dicen que hasta el día de hoy, ningún
ave ha faltado a esa promesa, pues viven agradecidos de esa pequeña avecilla , que rescato la preciada semilla de maíz de las garras de fuego, arriesgando incluso  su propia vida.


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El niño encantado (Lima)

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Cierto día un niño de aproximadamente doce años, el que acostumbraba a llevar su rebaño a pastar 

cerca de la laguna de Lacshacocha, perdió su fiambre, su alimento, consistente en charqui («cecina») y cancha («maíz tostado»).


El niño lo buscó por todos lados, sin poder encontrarlo, y mientras derramaba lágrimas por la tristeza que sentía, se acercó hambriento y sediento a la laguna para beber de esas cristalinas aguas.

Pero mientras bebía, algo extraño comenzó a pasar, algo que lo dejo boquiabierto, no sabía  qué hacer, ni siquiera  podía moverse, no sabía si lo que estaba mirando era real, o una simple ilusión… pues sus ojos le mostraban  algo que Estoy seguro  no me lo vas a creer…¡no me lo vas a creer! pues dicen que  desde el  centro de la laguna emergía  una hermosa joven, la que mágicamente parecía  caminar, flotar, volar sobre las aguas de la laguna.


Aquella  joven vio al triste niño, y comenzó a acercarse lentamente, el joven parecía una estatua de piedra, asustado, pero por sobre todo sorprendido con lo que estaba viendo…   ella lo miró con curiosidad, se acercó a su rostro, lo miro a los ojos  y con una dulce voz le pregunto por qué lloraba.

 él niño levantó su cabeza, la miró, aun sin saber si eso era realidad o sueño, sin saber de dónde venía, quien era, ni porque esa radiante y mágica  mujer  estaba ahí… sin embargo A pesar de todo lo que pasaba por su cabeza en esos momentos,  la joven lo seguía mirando  fijamente a los ojos esperando su respuesta, entonces, se decidió a hablar y le conto tenía hambre, que había perdido su comida. 

La joven lo tomo suavemente de la mano, prometiéndole que en su hogar tenia bastante alimento y lo compartiría con el… 

Los ojos de la niña brillaron como dos soles, radiantes, y pronto, los ojos del niño hicieron lo mismo…

Fue así entonces, que ambos comenzaron a desaparecer en el centro de aquella radiante laguna. 

Casi al anochecer llegaron los padres del niño, preocupados de que no volviera a casa como todas las tardes y al encontrar al rebaño aun pastando alrededor de la laguna, pensaron que, seguramente su hijo habría muerto ahogado.

Comenzaron entonces a buscar su cuerpo, se metieron a la laguna, buscaron en los lugares cercanos, pero no lo encontraban… 

ya cansados, luego de 3 días de  larga búsqueda se sentaron un momento a descansar en la cueva  de Huayanqui, en ese sitio tuvieron la grata sorpresa de ver salir de la cueva a su

hijo, con los ojos brillantes, la mirada perdida , acompañado de  una desconocida joven que flotaba suavemente en el aire...

El padre lo miró fijamente y de inmediato supo que su hijo era presa de un hechizo, tomó una enorme bufanda roja de piel de vicuña y lo envolvió en ella… el joven pareció recuperar su mirada habitual, miro a su padre, a su madre, y sus ojos rápidamente se llenaron de lágrimas. 

Se abrazaron fuertemente por varios minutos.

 cuando el padre le preguntó dónde estuvo esos tres días, su hijo le contó que esa mujer lo llevó al fondo de aquella laguna, donde tiene un palacio con cortinajes d e mil colores, que le había dado de comer panes, frutas y potajes, y que después lo había conducido por laberintos subterráneos que lo llevaron hasta la cueva donde finalmente se encontró con sus padres.

Mientras hablaban, la joven poco a poco se alejaba dirigiéndose a las profundidades de la cueva, regresando a su  hermoso palacio de mil colores, donde cuentan que vive hasta el día hoy. 



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Coquena, el dios de los pastores

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COQUENA, dice una linda leyenda de los valles del Norte, era un dios bondadoso que amparaba el ganado que pastaba en los cerros.

 Gracias a él andaban tranquilos por valles y sierras, los guanacos, las vicuña s, llamas y cabras. 

Coquena no permitía que nadie maltratase tos animales. Por esa razón él premiaba siempre a los buenos pastores.

Dicen que  Cierta vez, coquena fue visto en la falda de un cerro, guiando unas c
abritas que, sin duda, se habían extraviado. Cuentan los que lo vieron, que era un  enanito, de tez muy morena, de rostro simpático y de mirada dulce y profunda, Que vestía un largo poncho de lana de vicuña, y cubría su cabeza con un gran sombrero, En vez de zapatos usaba ojotas.

 Dicen también que aquel día en que los pastores lo vieron bajando con unas cabritas la cuesta del monte, iba apoyado en un grueso bastón, y silbando contento. 

Era la hora en que el sol, próximo ya a desaparecer detrás de los cerros vecinos, tendía sus últimos rayos sobre las faldas verdes y floridas del monte.

Nunca más lo volvieron a ver aquellos pastores. 

Oían, sí, algunas veces, su alegre silbido, mientras llevaban a pastar sus ganados. 

Dicen que  Un día, un pastorcillo que había llevado sus cabras al cerro, subió más y más alto por una  pendiente escabrosa siguiendo de cerca el rebaño, y en la cima del monte lo sorprendieron las primeras sombras del anochecer.

 De pronto levantóse un fuerte viento. 

Comenzó el cielo a cubrirse de densos y oscuros nubarrones. 

Un silencio aterrador se cernía en el ambiente. 

Las ráfagas de viento rugían cada vez con mayor furia, formando en el valle siniestras ecos de aquellos vientos.

 La borrasca se hizo recia e implacable. 

Alarmado y temeroso, el pastorcillo quiso reunir sus cabras y bajar al valle; pero tan rápidamente como quiso huir, una niebla espesa cubrió el cerro, y el pobre hombre ya no pudo ver nada. 

Las cabras se habían dispersado rápidamente en todas direcciones; el pastor comenzó a gritar desesperado, llamándolas; corría de un lado a otro, desafiando al huracán para atraerlas; pero todo fue inútil.

 Gritó y lloró el desolado pastorcillo hasta que llegó la noche.

 La oscuridad se hizo entonces absoluta. 

Y al fi n, el frío, el viento y la niebla vencieron al buen pastorcillo, que se quedó muy triste sin sus lindas cabras. 

Sentóse bajo unas peñas a descansar y no tardó en quedarse profundamente dormido, envuelto en su ponchito de vicuña. 

Con las primeras luces de la aurora, despertó el pastorcito. Recordó su desgracia y comenzó a llorar. Mas,  cuando  ya no le quedaban  lágrimas ; sus ojos expresaron el más profundo asombro: era que a su lado, muy junto a él, alguien había dejado una bolsa llena de monedas de oro. Maravillado el pastorcillo, y rebosante de alegría, las contó varias veces haciéndolas sonar entre sus dedos. 

¿Quién me dejó este tesoro, mientras yo dormía? ¿Quién habrá querido consolarme por las cabras que perdí?—se preguntaba. 

De pronto cesó en sus reflexiones y exclamó alborozado: 

—¡Ya sé!... ¡Es Coquena, el dios enanito!... ¡Qué alegría! ¡Es Coquena!...

 Había comprendido, al fi n, que no podía ser otro que Coquena, el dios enanito, como él lo llamaba, quien así lo premiaba por haber sido siempre un pastorcito humilde y bueno, que cuidaba su rebaño con alegría y cariño.


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Los hermanos Ayar

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 Dicen que en el cerro Pacaritambo luego de un enorme diluvio que había arrasado y arruinado los pueblos. aparecieron por primera vez los hermanos Ayar, 

Cuentan los que saben que eran cuatro varones y cuatro mujeres, hermanas y esposas de estos. Eran Ayar Manco con su esposa Mama Ocllo; Ayar Cachi, con Mama Cora; Ayar Uchu acompañado de  Mama Rahua y, por último, Ayar Auca con su mujer, Mama Huaco. 

Los cuatro varones al ver el estado de las tierras y la pobreza de los hombres decidieron marchar en busca de un lugar de tierras fértiles y prósperas donde instalarse. 

Llevaron consigo a los miembros de diez ayllus.

Dicen que antes de comenzar su marcha al sureste,  Inti, el Dios sol, les entregó un bastón de oro, el cual debían enterrar el la tierra, y si el bastón se hundía con facilidad, ese sería el lugar elegido, el lugar perfecto para comenzar a construir una poderosa y sabia civilización. 

 Pero no fue fácil, el camino se presentaron muchos problemas que los pondrían a prueba.

Cuentan que El primer altercado que tuvieron fue con Ayar Cachi, uno de los hermanos, un hombre fuerte y valiente. Dicen que Sus hermanos sintieron envidia de sus cualidades, y por ello, idearon un plan para acabar con el. 

Cierta mañana lo convencieron de que volviera a las cavernas de Pacarina a buscar alimento y agua, y él, sin sospechar las malas intenciones de sus hermanos, se puso rápidamente en marcha, acompañado de uno de los miembros de un ayllu.

Cuando  Ayar Cachi penetró en la caverna de Cápac Tocco,  el criado que le acompañaba cerró con una gran piedra la puerta de entrada, de esta forma, Ayar Cachi jamás volvería  a salir. 

Diceb que Ayar Cachi al saber que no podría  liberarse de su prisión , comenzó  a lanzar desesperados y enérgicos gritos, tan potentes que ogro sacudir la tierra con ellos, abrir las montañas y agitar los cielos. 

Mientras Continuaban el viaje los siete hermanos, seguidos por los ayllus, llegaron al cerro Huanacauri donde encontraron al ídolo de piedra del mismo nombre. 

Llenos de respeto y temor ante el ídolo ingresaron al lugar donde se le adoraba. Ayar Uchu saltó a las espaldas de la estatua y quedó convertido en parte de la escultura. Aconsejó a sus hermanos proseguir el camino y les pidió que en su memoria se celebrara la ceremonia del Huarachico o iniciación de los mas jóvenes. 

En el transcurso de su búsqueda por una tierra fértil, Ayar AUca fue a explorar una zona cercana, se dice que le salieron alas y voló hacia el lugar conocido como la pampa del Sol en cuyo lugar aterrizo y se convirtió en piedra.

Ayar Manco, acompañado de las cuatro mujeres, fue el único hermano que logro llegar a un precioso valle, donde encontró suelos fértiles y por fin, un lugar donde logro hundir el bastón de oro que le fue entregado por el dios Inti para hallar el lugar de la fundación de lo que sería más adelante el Imperio de los Incas, conocido también como el Tahuantinsuyo. 

Allí fundó junto a sus hermanas la ciudad del Cusco en homenaje al dios Inti y Wiracocha.



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El origen de la luna, mito tehuelche

 

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Dicen que desde el momento en que  Kooch había creado al sol para iluminar el día  y  dar luz y calor a


los hombres y mujeres, desde ese momento en la tierra todo comenzó a marchar bien, los árboles crecían, las flores danzaban con sus pétalos al ritmo de los rayos del sol, los animales se alimentaban y reproducían y los tehuelches aprovechaban el día para cazar y recolectar alimentos para sus familias… todo marchaba perfecto, mejor dicho casi todo...  pues dicen que, durante el descanso de éste, durante el descanso del sol Tons, la madre de la oscuridad y los malos espíritus daba libertad a sus hijos, los que prodigaban los males por donde pisaban, por donde miraban, y los gigantes Hol-Gok asomados por los ojos de las maderas viejas, por los huecos de las rocas y desde lo profundo de las cavernas, acechaban a los indios para esparcir sus males, enfermedades y desgracias.

Fue entonces cuando Kooch, luego de entender que no podía dejar a los tehuelches en las manos de la madre de la oscuridad y los malos espíritus, decidió crea a la luna, llamándola Keenyenkon para que ilumine a la tierra y aleje con su brillante luz a los malos espíritus.


Una noche de invierno fue la primera vez que se vio a blanca luna asomarse tímida atravesando las tinieblas, Tons, la malvada madre de los espíritus, asombrada al darse cuenta que nunca más volvería a reinar en las frías noches, se ocultó en las cavernas junto a sus hijos, donde dicen que vive hasta el día de hoy.

Cuentan que al ver a la luna Las nubes sonrieron contentas y aliviadas al saber que  los hombres y mujeres podrían, desde ese momento, caminar por las noches sin el miedo a que los malos espíritus y los gigantes hol-gok les lanzaran enfermedades y maldiciones. 

Fueron ellas mismas, las suaves nubes, que divagaban por el cielo de día y de noche, las que volaron presurosas a contarle al sol la buena nueva…  y tanto le hablaron de la pálida dama nocturna que cierto día decidió conocerla.

Fue así, como una mañana de primavera quebró con sus brillantes rayos el horizonte antes de lo acostumbrado, por su parte Keenyenkon tampoco pudo resistir el embrujo del rubio madrugador y lo acompañó a través del azul del cielo hasta perderse en el horizonte quebrado de los Andes en un rojo y precioso atardecer.


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La leyenda de Pachamama y Pachacamac


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 Cuenta una leyenda que hace millones de años, en el cielo vivian dos hermanos, Pachacamac (el dios creador del mundo) y Wakon (el dios del Fuego y del Mal), y dicen que cierta vez ambos posaron su atención en una atractiva y encantadora joven: Pachamama (Madre Tierra). 

Atraído por su gran belleza, Pachacamac no dudó en intentar conquistar el corazón de aquella joven. Y lo logro, fue asi como Pachacamac, dios del cielo, se unió a Pachamama y de esta unión nacieron los gemelos llamados Wilka, varón y hembra.

Pero cuentan lo que saben, que  su hermano Wakon,  también se había enamorado de aquella joven, y al saber de la unión de su hermano con Pachamama, se llenó de ira contra ellos y empezó a desencadenar desastres en la tierra: sequías, inundaciones y muerte, por lo que fue expulsado del cielo.

Pachacamac conmovido por la devastación provocada por su hermano, bajó del cielo y se enfrentó con él en una brutal pelea que permitió restablecer el orden del planeta. Pachamama y Pachacamac reinaron en la tierra como seres mortales junto a sus mellizos: los Wilkas. 

Aquella felicidad duró poco, pues Pachacamac se ahogó en la mar convirtiéndose en una isla. Entonces la oscuridad cubrió al mundo.

Al quedarse viuda la diosa Tierra, sola con sus hijos mientras reinaba la oscuridad y en la soledad de la noche, un día vieron a lo lejos una luz situada en una distante colina, a la cual se dirigieron vacilantes. 

No fue un camino fácil, pues, el peligro parecía acompañarlos, monstruos temibles los acechaban, queriendo asustarlos, pero ellos, seguían adelante.

Al pasar por la laguna de Rihuacocha bebieron de sus aguas y continuaron la larga travesía.

Cuando llegaron a una cueva conocida con el nombre de Waconpahuin en el cerro de Reponge, encontraron a un hombre semidesnudo quien los invitó a pasar, (se trataba de una trampa del malvado Wakon, quien había tomado una forma diferente).

 En el fuego hervían unas papas en una olla de piedra y, dirigiéndose a los niños, Wakon pidió fuesen a una vertiente  a traer agua, pero el cántaro que les dio estaba roto y por esa causa los niños tardaron mucho en regresar a la cueva.

Durante la ausencia de los mellizos, Wakon intentó seducir a Pachamama y, al no lograrlo, la mató, alejándose así su espíritu para convertirse en la Cordillera Central de los Andes.

Al regresar los gemelos preguntaron por su madre y Wakon les dijo que no tardaría en volver, pero los días pasaban sin que apareciera.

Huaychau, ave que anuncia la salida del sol, se compadeció de los niños y les contó la suerte de su madre y el peligro que corrían de continuar con Wakon. Les aconsejó ir a la cueva de Yagamachay, lugar donde estaba durmiendo Wakon y, aprovechando su profundo sueño, atarlo de los cabellos a una gran piedra y escapar rápidamente, hecho que cumplieron al pie de la letra los mellizos.

En su huida los hermanos encontraron a Añas, la zorra quien les preguntó por que corrían y al enterarse de sus andanzas les escondió en su madriguera.

 Mientras tanto despertó Wakon y, después de desatarse de la guanca o piedra, partió en busca de los mellizos.

Por el camino se topó con un puma, un cóndor y una serpiente o amaru, quienes, protegiendo a los niños, le contestaron que jamás los habían visto.

 Después se cruzó con Añas, la zorra, que astutamente le aconsejó subir a un empinado cerro y desde allí cantar imitando la voz de la madre para que los pequeños fuesen hacia él.

Apresurado se marchó Wakon, pensando que, esa era una muy buena idea, sin darse cuenta que Añas le había tendido una trampa…. Pues Cuando llego a la cresta del cerro, y se disponía a hablar como la madre tierra, piso una piedra que estaba suelta, resbalando sin poder sujetarse a cosa alguna, cayendo al inmenso abismo, que parecía tragarlo sin piedad ... Su muerte causó un violento terremoto.

Los mellizos permanecieron con Añas, ocultos en la madriguera de la zorra.

cuando el espíritu de Pachacamac vió desde el cielo su sufrimiento, decidió llevarlos de regreso junto a él, y cierto dia, al despertar, los niños vieron bajar desde el  cielo una enorme soga. Y comenzaron a trepar por medio de ella, allí los esperaba el Gran Dios Pachacamac. 

Reunidos  entonces con su padre, este  les entrega su reino  y transforma al Wilca Varón en el Sol y la mujer en la  Luna, creando así, el día y la noche… así  las tinieblas no volverían.


Pachacamac premio la fidelidad de Pachamama entregándole el don de la fecundidad, desde entonces, desde las cumbres de la cordillera de los andes, ella envía sus bendiciones a la tierra, y gracias a ella, la lluvia riega los suelos, los árboles crecen, y los animales viven y se reproducen.

Cuentan que La Pachamama también premió a todos los que ayudaron a sus hijos: Zorros, Pumas, Cóndores, Víboras.

Desde aquellos tiempos, es que la naturaleza cuenta su eterna protectora, la madre tierra, la Pachamama,  y, el sol y la luna marcan el día y la noche. 

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EL mito del algarrobo, mito Quechua

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Dicen los que saben…  que hace muchos años atrás  la tribu quichua era muy respetuosa y agradecida de virachocha, su máxima deidad, además veneraba con mucho fervor a inti, el sol, rendian tributo y agradecimiento a la Pachamama, por lo todo lo entregado para vivir…. Dicen que los  quichuas nunca desatendía las tradiciones y obligaciones impuestas por sus Dioses.


Sin embargo, sin embargo,   también cuentan que legó un día en que la tierra dio frutos de manera extraordinaria. las cosechas eran copiosas Abundaban el maíz y los vegetales por doquier, ,y, ante este brote de bendiciones, los quichuas, fueron dejándose embriagar por el ocio y de a poco olvidaron sus obligaciones con los dioses y el trabajo para rendirse al vicio,y la holgazanería.

 El alimento era desperdiciado porque no se lo valoraba al ser tan fácil de conseguir.

El pueblo ciego ante los placeres terrenales se entregó al disfrute, bebían durante días, comían en exceso, y las horas que no dormían, las pasaban bailando.

Nadie pensaba que lo viveres, en algún momento se acabarían… 

Cuando llegó la época de sembrar, a nadie le importo, seguían bebiendo como si nada.

Y dicen lo que saben, que Inti, al ver su comportamiento, y la falta de agradecimiendo, decidio castigarlos.

Entonces  potenció sus rayos para secar ríos y lagunas, lagos y vertientes. 



A Falta de humedad la tierra se endureció y ya no daba nuevos frutos, pero como aun quedaban alimentos y en las vasijas abundaba la chicha siguieron comportándose de manera insolente.


Pero un día el alimento empezó a diezmar, a acabarse y al tener que administrar cuidadosamente lo que quedaba, el hambre, la pena, y la miseria aparecieron en sus vidas. 

La desesperación hizo que los quichuas volvieran rápido al campo, pero Inti no había terminado con ellos. La tierra seguía dura, no había como ararla, mucho menos como introducir semillas en ella. 

Los animales morían hambrientos y lo que antes había sido un fertil campo verde, hoy se encontraba convertido en un desierto.

Los más pequeñitos cargaban injustamente con la falta de sus irresponsables padres y tenían hambre, estaban flacos y sucios.


 Los que estaban enfermos o ya no soportaban la falta de alimento y agua morían silenciosamente sin que nadie pudiera ayudarlos.

El sol golpeaba con rayos que parecían látigos que laceraban el cuerpo de los aborígenes. 

Pero un día se sintió un grito más desgarrado que todos los que se oían a diario. De una casa de piedras salió corriendo desesperada Urpila, una mujer que mortificada por la culpa corrió a la apacheta más cercana a implorarle a la Pachamama perdón por las faltas, por los agravios y a pedirle piedad por sus hijos que estaban muriendo de hambre y sed. 

Depositó en el montículo como ofrenda unas pocas hojas de coca que pudo conseguir con mucho esfuerzo e imploró:


– Pachamama, Madre Tierra, Kusiyá…. Kusiyá

 

El llanto de la madre se mezcló con la desesperación de su corazón y prometió enmendar su mala conducta y sacrificar lo que hiciera falta con tal de salvar la vida de sus hijos. 

Ya sin fuerzas se sentó en el suelo y apoyó su cuerpo en un árbol seco. Estaban tan cansada que pronto, durmió profundamente…  en sus sueños apareció la Pachamama, quien, viendo que su arrepentimiento era sincero,  le djjo que no temiera mas, pues el castigo ya terminaba, que el pueblo debia volver a sus labores, y lo mas importante, que buscara las vainas de ese enorme árbol en el que estaba apoyada, pues estass, saciarían el hambre de todos.


Al despertar Urpila encontró que nada había de nuevo y su corazón volvió a cubrirse de tinieblas, pero instantáneamente recordó las palabra de la Pachamama y la advertencia sobre el árbol, se volteó, miró el extremo superior del tronco y de las ramas que parecían secas, vio colgadas doradas vainas que le daban una esperanza de vida

Se puso de pie y recolectó todo los frutos disponibles hasta que entre sus brazos no hubo lugar para uno más. Se dirigió hasta el pueblo a toda prisa, al llegar, informó al resto de la milagrosa planta y los mandó a buscar sus frutos.

Mientras todos corrían en dirección al árbol, ella alimentó a sus pequeños con el tesoro que la Pachamama le había concedido.

Desde ese día en que el pueblo revivió se venera a aquel árbol sagrado que los salvó de la muerte y que tiene la capacidad de brindar pan y bebida. 

Ese árbol venerado es el algarrobo, que tiene la virtud, además de las nombradas, de ser, en tiempos de grandes sequias, el único alimento de los animales.





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El origen de las flores, Mito tehuelche

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 Cuentan que Hace mucho, muchísimo tiempo, las plantas aún no tenían flores, solo sus tallos y hojas verdes.

Dicen que En esos viejos años vivía en el sur una bella niña tehuelche llamada Kospi, de suaves cabellos y dulces ojos negros. 

Cuentan, que Una tarde de tormenta, cuando el fulgor del relámpago iluminaba todos los rincones de la tierra, Karut (el trueno), la contempló asomada mirando las luces de cielo, justo  en  la entrada del Kau (toldo) de sus padres.


Karut La vio tan hermosa, que a pesar de que él era rústico, huraño y bruto, se enamoró locamente de ella. 

Pero la joven, aparte de asombrarse por lo espectacular de los truenos, no llegaba a sentir ni el mas mínimo amor por Karut.

Enojado, sin saber que hacer para enamorarla, y Ante el temor de que la linda niña lo rechazara eternamente , tomó una muy mala decisión, pues cuentan, que cierto dia, molesto la tomo con sus garras  y huyó lejos, retumbando sobre el cielo, hasta desaparecer de la vista de los aterrados padres de la chica. 

Karut No quería que Kospi  escapara, y Al llegar a la alta y nevada cordillera, la escondió en el fondo de un glaciar. 

Encerrada allí, fue tanto el dolor y la pena que sintió que de a poco fue enfriándose hasta que se convirtió en un témpano de hielo, fundiéndose con el resto del glaciar.


Tiempo después, Karut quiso visitarla y al comprobar su desaparición, se enfureció terriblemente lanzando bramidos de desesperación.

 Tanto ruido provoco, que sus lamentos llegaron  hasta el océano, lo que  atrajo a muchas nubes las cuales al saber el destino de la muchacha, empezaron a llorar…  a llover sobre el glaciar hasta derretirlo completamente. 

Así, Kospi se transformó en agua y corrió de prisa montaña abajo en torrente impetuoso. Luego se deslizó por los verdes valles y empapó la tierra.


Dicen que los que saben, que… Al llegar la primavera, su corazón sintió ansias de ver la luz, de sentir la cálida caricia del viento y de extasiarse contemplando el cielo estrellado por las noches. 

Entonces Trepó despacio por la raíz y tallo de las plantas y asomó su preciosa cabecita en las puntas de las ramas, bajo la forma de coloridos pétalos. 

 Habían nacido las flores. Entonces todo fue más alegre y bello en el mundo. 

Por ese motivo es que los tehuelches llamaron Kospi a los pétalos de las flores.





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El origen de la Quinua, mitos y leyendas Aymaras

Dicen, que muy antiguamente la gente aymara tenia un don especial, uno tan magico, que no me lo vas a creer, pues cuentan, dicen que ellos podían encontrarse y conversar con las estrellas. 

De allí que cuentan que en aquellos tiempos, en las cercanías del Lago Titicaca, en la temporada en que las chacras empezaban a entregar sus primeros productos, allí cierto dia, un joven   aymara noto que  por las noches alguien arrancaba las matas de las papas, y, como era su responsabilidad cuídalas, una noche muy particular, en que la luna se encontraba enorme, casi besando la tierra, y brillante como los ojos del sol, decidió esperar al ladrón en medio de las plantaciones. 

Se oculto tras una enorme planta de papas, y espero pacientemente…. Pasaron las horas… y En algún recoveco de la noche pensó que el ladrón ya no aparecería, y cuando se aprestaba a volver a su hogar, cansado, con enormes ojeras, vio algo que lo hizo refregar sus ojos, pensando que quizás, estaba en el mas profundo de los sueños.

A lo lejos se divisaban varias jóvenes a las que nunca había visto, y una vez repuesto, y seguro de que no estaba soñando, corrió intentando apresar a todas esas ladronas de papas.

No tuvo tanta suerte como pensó, solo podía mirar impotente como una tras otra escapaban y desaparecían en el horizonte, sin embargo, cuando estaba pronta a escabullirse la ultima de las jóvenes, ella tropezó, cayendo al suelo, siendo atrapada por el joven. Ambos, tímidos ser miraban sin pronunciar palabra alguna.

Pensó en dejar escapar a la hermosa mujer, pero necesitaba que el ladrón, o la ladrona de papas, dejará de robar su preciado alimento, así, se pusieron en marcha en dirección al mallku, 

Ya era casi de amanecer, y mientras caminaban, timidos, sin hablar, y casi sin mirarse, la muchacha, 


comenzó a brillar, y de un momento a otro, se convirtió en una pequeña ave dorada, volando rápidamente en dirección a las estrellas, que resultaron ser las otras jóvenes que escaparon en el horizonte. 

El hombre no podía creer lo que estaba viendo, nuevamente paso por su mente la idea de que se trataba de un sueño, empapó su cara con agua fría, y al entender que lo que había vivido era real, muy real, se dirigió a su hogar, mientras intentaba no olvidar aquel rostro que al parecer, había robado su corazón. 

Al día siguiente, desesperado, fue donde el cóndor y arrodillado le suplico que le llevara donde las estrellas que habían huido de la tierra…  entonces el cóndor lo miró fijamente, y al ver que no podía persuadirlo de quedarse en la tierra lo tomó con sus garras, y condujo a donde estaba la joven estrella.

Al llegar al cielo, , ambos se reconocieron inmediatamente, y ya no querían volver separarse 

 Vivieron juntos entonces , y el joven era alimentado con un delicioso y dorado grano llamado quinua.

 Y dicen que pasó mucho tiempo, hasta que  cierto día, un día cualquiera, un dia como hoy,  el joven quiso regresar a la tierra, solo por un momento  para ver a sus padres, pues los extrañaba mucho. 

 La estrella,que ya no podía bajar a la tierra, envió quinua de regalo, la cual, hasta ese momento era desconocida en la tierra.  Desde entonces se siembra la quinua para que sirva de alimento al aimara, y los jóvenes aún están en el cielo como dos estrellas que se amaron ayer, se aman hoy, y se amaran siempre. 


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La leyenda del girasol (Guaraní)

Cuenta una vieja historia, que sobre las márgenes del río Paraguay se asentaba  una tribu cuyo cacique era un joven llamado Pirayú.


   Cerca de allí, en otra aldea vivía Mandió. Pirayú y Mandió habían crecido juntos y habían entablado una verdadera amistad, de allí que ambos pueblos solían intercambiar cotidianamente enceres y alimentos.


   Transcurrió el tiempo y Mandió se enamoró perdidamente de la hija de Pirayú.


   Mandió creía que si su amigo Pirayú le concedía la mano de su hija, los dos pueblos se unirían y serían uno solo.


   Cierto día, después de darle vuelta al asunto, Mandió decidió hablar con su amigo Pirayú, sobre los sentimientos que albergaba en su corazón.


   Pirayú escuchó a su amigo con preocupación y enseguida le confesó que ningún hombre podría esposar a su primogénita Carandaí porque ella le había ofrecido su vida a Cuarajhí, el Dios Sol.


   A lo que agregó: - no la has visto con tus propios ojos, no has visto que desde muy niña pasa horas y horas contemplándolo. Solo vive para él, debieras haberte dado cuenta cuán triste se pone los días nublados, agregó - Mandió tomó la respuesta como el peor desprecio y se alejó intespectivamente  prometiendo venganza.


   Pirayú nada pudo hacer y pensaba que Mandió en algún momento iba a castigar a su pueblo.


   Con el correr de los días, cierta tarde, mientras que Carandaí recorría el río en su pequeña canoa contemplando el Sol, divisó fuego en la aldea.


   La muchacha llena de desesperación, remó lo más fuerte que pudo pero las lenguas de fuego eran tan intensas, que Carandaí no podía desembarcar.


   Allí, en una herradura de la orilla estaba Mandió riendo con crueldad.


- ¡ pídele a tu Dios Sol, pídele a Cuarajhí que te libere de mí ! - le gritó Mandió. 


   La indiecita trémula, desesperada, aterrorizada le rogó a Cuarajhí que por favor no permitiese   que Mandió acabara con su pueblo y con ella.


   No había terminado de pronunciar sus súplicas, que un potente rayo luminoso bajó en torbellino, envolvió su bello y cobrizo cuerpo hasta hacerla desaparecer de la vista de Mandió.


   En el mismo lugar en que Carandaí había suplicado por clemencia brotó una planta esbelta, de flores doradas y que al igual que ella siempre de cara al cielo busca al Dios Sol. 




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Leyenda del Girasol, relato guaraní para niños


El sol, la luna, y los cazadores (leyenda wichi)


Cuenta una vieja historia, que hace varios siglos atrás, el señor sol y el señor luna eran muy buenos amigos, tanto, que. ambos vestían siempre de un precioso traje color amarillo dorado.
 dicen que cierto día, el señor sol pensó que a su cuerpo le faltaba brillo, y que, para brillar más, necesitaba flechas las que pondría alrededor de su cuerpo, asi, con esas puntas resplandecería como nunca antes.
Pero el no contaba con esas flechas, entonces se puso a pensar y recordó a una  tribu wichi que vivía en los alrededores de un rio, una valiente  tribu de cazadores que usaba frecuentemente arcos y flechas para buscar alimento.

Decidido a obtener las flechas que necesitaba para resplandecer en el cielo, ideó un plan para conseguirlas, sabía que Las mujeres del pueblo siempre iban al río en busca de agua para beber, así que llegó allí, se zambulló y se convirtió en un gordo pez dorado, su plan, era recibir las flechas en su enorme cuerpo, y luego escapar con ellas.
Enseguida vinieron las mujeres y vieron al dorado grandote que estaba
nadando allí, muy cerca de ellas, sacaron agua en silencio, no querían meter ruido para no espantar a ese delicioso pez, y luego  regresaron rápido para avisar a los varones lo que habían visto en el río.
Al escuchar lo que le contaron las mujeres, los hombres tomaron sus arcos y flechas, y salieron rápidamente en dirección al rio. 

 Cuando llegaron ¡todavía
estaba el gran pez dorado! Contentos decían: -“¡Qué suerte que tenemos! ¡Allí
está todavía!” y le empezaron uno tras otro a lanzar flechazos.
Cada vez que el pez recibía una flecha en su cuerpo, se movía un poco, si lograba aun moverse con facilidad, aguantaba la siguiente flecha y volvía a moverse, el momento en que sintió que tenia demasiadas flechas en su cuerpo y ya no podía nadar con destreza, se fue a la parte más profunda del rio, llevándose muchas, muchas flechas.
Los hombres
quedaron parados mirando cómo se llevaba sus flechas. De esta manera el señor
sol consiguió las flechas que tanto le hacían falta.

Mientras las colocaba en u cuerpo, aparecio su amigo el señor luna, y al ver como el sol aumentaba su resplandor con as flechas, le preguntó:
: -¿Cómo hiciste para conseguir
las?”.

El sol le respondió: “Tuve que convertirme en un pez grande en el río
donde las mujeres de los cazadores siempre sacan agua, allí me tiraron flechazos.
Aguanté hasta que conseguí las flechas que necesitaba y luego me escapé”

El señor luna, al escuchar lo que dijo su amigo, quiso hacer lo mismo, porque
él también quería brillar como su el sol   .
 Decidió entonces, convertirse en pez.

eso si, Su amigo el señor sol le dio un consejo: -“No permitas que te tiren muchas flechas,
después de cada flechazo tienes que moverte un poco y probar si es que vas a
poder escapar rápido…”
Entonces el señor luna se fue al río y se convirtió en un dorado grande. Al rato
vinieron las mujeres a buscar agua y vieron que estaba el enorme pez  otra vez.
Por eso volvieron rápido para avisar que el pez estaba allí nuevamente. Los hombres, con sus
arcos y flechas, partieron hacia el río, y empezaron a tirarle flechazos.
Pero el señor  luna no cumplió con el consejo que su amigo sol le había dado y cuando tuvo
muchas flechas y quiso escapar, ya no podía moverse.
Entonces los cazadores lo agarraron y lo llevaron para comerlo.

Su amigo sol lo estaba esperando en el cielo. Estaba muy preocupado.
Cuando pasó el mediodía se dio cuenta que algo había pasado.
Esa misma noche, se convirtió en un perro para seguir su olor y poder encontrarlo. Así fue que   llegó hasta el pueblo donde lo habían llevado.
Allí vio mucha gente que comía y dejaba los huesos tirados por todas partes.
El señor sol los amontonó y cuando los tuvo a todos, los arrojó para el cielo.
Es por eso que hoy la luna está arriba, y es del mismo color que los huesos del pez.

EL Quiñilhue, leyenda mapuche para niños

Hace mucho tiempo, en la zona del volcán Lanín, existían dos lof (comunidades), las cuales no eran muy amigas, debido a antiguas rencillas que no habían sido resultas.

Un día, el joven hijo del Lonco de un del lof y la hija del Lonco de la otra comunidad se enamoraron perdidamente.

 Sin embargo, dado el intenso rencor que existía entre las familias, no podían mostrar lo que ellos sentían.

Se veían a escondidas, siempre con el miedo a ser descubiertos, pero el amor era tan grande, que no podían parar de verse, entonces, cierta tarde tomaron la decidieron de irse lejos, muy lejos, donde nadie los pudiese encontrar.

Resulta que la  oscura noche en que se alejaban de ese lugar, la machi (autoridad religiosa), estaba junto al rahue (lugar sagrado)… y de repente, de la nada,  el tétrico graznido del pun triuque (chimango de la noche) rompió el profundo silencio del lugar. .
 La machi se estremeció, pues sabía que ese era un grito de mal presagio, malos, malos augurios.

Entonces miró a su alrededor y escuchó un ruido sospechoso. Observando atentamente, vio a la querida hija del Longco que escapaba sigilosamente con el hijo del Longco enemigo.
En ese momento la machi se dio cuenta que ese era el peligroso suceso anunciado por el ave agorero.

La machi creía que esa acción merecía ser castigada, pero antes de comunicar al padre la fuga de su hija, consultó con el pillán (fuerza superior intangible): – ¿Debo o no dar aviso de rapto al padre de la niña?

Mai (si) contestó el Pillán.

La machi corrió a la Ruca (casa) del Longco y e inmediatamente le conto lo que sus ojos habían observado.
 Enseguida se escuchó por segunda vez el alarmante grito del chimango de la noche.

El padre, muy enojado, ordenó la persecución y captura de los enamorados que pronto fueron apresados, juzgados y condenados a muerte.

Ambos jóvenes fueron atados a un poste.
Dicen, dicen, que ninguno sintió arrepentimiento, si tenían que morir mil veces por amarse, morirían mil veces entonces.
 Fue en ese momento, que, mientras los enamorados se miraban a los ojos, con lanzas y machetes, se lanzaron contra ellos, dándoles muerte a ambos.

Cuentan, que a la mañana siguiente, los verdugos, quedaron asombrados al ver que en el lugar del suplicio de los jóvenes enamorados, ellos ya no estaban, ahí mismo, habían nacido unas flores de pétalos anaranjados nunca vistas.

¡Quiñilhue! – gritaron los primeros que la vieron, y con ese nombre, “quiñilhue” se conoce la flor que produce una enredadera que se abraza y trepa por los árboles, como se abrazaron aquellos dos jóvenes enamorados.
Avergonzados y arrepentidos, se empezó a respetar esa flor, la que recibe el nombre de Mutisia por los blancos.
Las almas de los jóvenes amparados por la nguenechen (dueño de los seres humanos) se unieron nuevamente en el huenu mapu. Ahi se amaron por siempre, mientras la delicada flor de pétalos anaranjados nos recuerda el imposible amor de estos jóvenes, tristemente terminado por el injusto, y dañino odio.








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Leyenda Guaraní, el Irupé

A orillas del Paraná vivía el cacique Rubichá Tacú (Jefe Algarrobo), que gobernaba una tribu de hombres aguerridos y valientes mujeres.


Rubichá Tacú tenía una hija, Morotí (Blanca), joven y bella pero orgullosa y coqueta, novia de Pitá (Rojo), el guerrero más valiente de la tribu.

 Morotí y Pitá se querían mucho; pero el diablo, envidioso de la felicidad de los jóvenes, convencio a la india de una muy mala idea.

Cierto día, al caer la tarde, paseando por la orilla del río con otras doncellas, Morotí vio a Pitá que, en compañía de varios guerreros, se ejercitaba con el arco y las flechas.

Para demostrar a sus amigas cuánto la amaba Pitá y cómo satisfacía todos sus caprichos, arrojó su brazalete al fondo del rio, presumiendo que el gran amor que sentía el joven guerrero por ella, lo haría sacar su brazalete desde aquellas aguas.

Una de sus amigas intentó convencerla de no hacerlo, pues era muy peligroso y su enamorado podía morir en el intento.

Morotí rio burlescamente, estaba segura de que el mejor guerrero de la tribu, regresaría con el brazalete en muy poco tiempo. Fue entonces, que pidió a su amado, que sacara la preciada joya que había arrojado al rio.


Pitá, que quería mucho a su novia y la complacía siempre, se arrojó al agua seguro de volver, satisfaciendo así una vez más a su hermosa Morotí... Pero sucedió que los que quedaron en la orilla esperando ansiosos la vuelta de Pitá, empezaron a impacientarse, pues éste no volvía... ¿Qué podría haberle sucedido? ¿Habría quedado enredado entre las raíces de alguna planta? ¿Estaría herido?...
La bella mujer comenzó a sentirse culpable, y con los ojos llorosos, pidió que trajeran a Pegcoé, el hechicero, solo el seria capaz de ver lo que había pasado con Pitá.


Cuando el brujo llegó a la orilla del lago, todos los presentes guardaron silencio, esperando sus sabias palabras, y luego de mirar las profundas aguas del rio, dijo:

: — ¡Ya lo veo...! ¡Es él..., Pitá! ¡Está con I-Cuñá-Payé (hechicera de las aguas) en su hermoso palacio de oro y piedras preciosas!... ¡La Dueña de las Aguas quiere que se quede, y para ello le ofrece todas sus riquezas...! Pitá parece aceptar... . ¡Y tú, Morotí, por tu orgullo y tu coquetería eres la única culpable de la pérdida de nuestro mejor guerrero! —


La joven lloraba desconsolada, arrepentida de todo… pidió al brujo le mostrará lo que debía hacer para rescatar al joven Pitá.

Debes arrojarte al Paraná y traerlo tú misma a la superficie. ¡Tú debes arrancarlo del poder de la Dueña de las Aguas! – le respondio el viejo
Con una valentía pocas veces vista en ella, se arrojó a las aguas, que se abrieron para dejar pasar a la coqueta y orgullosa joven que, muy arrepentida, iba a salvar a su novio del poder de la Hechicera de las Aguas.

Toda la noche debieron esperar el regreso de los jóvenes. Se encendieron fuegos y se danzó a su alrededor para invocar a Tupá (Dios) y ahuyentar los malos espíritus. Los ancianos hacían conjuros vencedores del mal. Los guerreros y las doncellas bailaban danzas sagradas...

Ya amanecía cuando fue nuevamente consultado el Hechicero, que seguía fijamente Mirando las aguas, hasta que en un momento apuntó hacia el fondo del rio y dijo:

 — ¡Ya se han encontrado! ¡Morotí ha salvado a Pitá! ¡Ya vuelven abrazados a la superficie! ¡Ya vuelven!


En ese mismo instante, atónitos y maravillados, vieron aparecer en la superficie Del agua una hermosa flor de pétalos rojos y blancos. ¡Eran Morotí y Pitá que, así transformados, ofrecían al mundo su belleza y su perfume como símbolos de amor y arrepentimiento..



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El Árbol de sal (leyenda Mocoví)

Cuenta la leyenda que cuando Cotaá, el Dios del pueblo Mocoví (de Argentina), creó el mundo, quiso regalarle a los hombres una planta que sirviera de alimento.



Miró y observó bien la tierra, después de mucho pensar, creó el Iobec Mapic, (árbol de sal), una especie de helecho gigante que parece una palmera.

Lo esparció por las tierras donde vivían los mocovíes, y así se aseguró que no les faltara alimento.

Neepec, el diablo, como siempre, estaba espiando a ver qué hacía Cotaá, cuando vio el hermoso regalo que les había hecho a los hombres, sintió mucha envidia, entonces se propuso destruir la planta, para que no tuvieran con qué alimentarse. Pensó y pensó hasta que se le ocurrió una maldad, se elevó por los aires y fue volando movieshasta unas inmensas salinas.

Llenó un cántaro enorme con agua salada para arrojarlo sobre las matas, y así quemarlas con el salitre. Cotaá conocía muy bien las maldades de Neepec, descubrió el plan y lo esperó escondido entre las plantas.

Cuando lo vio volcar el agua sobre la selva, acarició la tierra, hundió en ella sus dedos suavemente y entonces las raíces absorbieron el agua.

La sal se mezcló con la savia y las hojas tomaron su sabor, las plantas no se murieron. Los mocovíes estaban preocupados, pensaron que habían perdido su alimento, pero Cotaá les mostró que la planta no había perdido su utilidad, como la savia ahora era salada, podían condimentar las carnes de los animales salvajes que cazaran y otros alimentos.

Y dicen que Neepec se fue por ahí a pensar otra maldad para vengarse.



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Treng Treng Vilú y Kaí Kaí Vilú (leyenda mapuche)

Cuentan los antiguos mapuches, que antes de los hombres habitasen la tierra, hubo una gran batalla entre dos pillán muy poderosos. Antü y Peripillan.

Dicen que esa batalla comenzó por celos, cuando antú eligio a kuyen como esposa…. Que las otras wangülén, no quedaron felices con esa elección,  y que peripillan alentaba ese descontento, pues el estaba celoso porque el brillo de antü no podía ser ennegrecido por el fuego…. Dicen ademas  que antü estaba celoso de peripillan porque su color dorado, no podía brillar en a oscuridad, como el fuego de peripillan…. dicen que en esa batalla se involucraron otros pillan  y otras wangülén…

Cuentan también que la batalla duro varios años, y que incluso los hijos de ambos pudieron crecer en medio de esa pelea, y que cuando estos hijos y fueron grandes, quisieron también pelear ellos esta batalla, pero Antü y Peripillan se enojaron tanto con ellos, que los mandaron de un golpe a la tierra, y  mientras caían, sus cuerpos fueron golpeando la mapu y formando montes, cerros, cráteres.

Dicen que al final esa batalla la gano Antú, y que quedo tan molesto, que arrojo a peripillan y a los otros pillan a la mapu, y los enterró mandándolos mas abajo de la tierra.

Dicen que las wangülén, lloraron suplicando el perdón de Antú, y que este las perdonó, pero les quito brillo, para que sea kuyen, la que brille mas que ninguna…. Y las lagrimas de las wangülén fueron tantas al ver su falta de brillo, que comenzaron a formar los ríos, los lagos, los mares.

Kuyen y la esposa del peripillan, lloraban al ver los cuerpos de sus hijos, y lloraron tanto, que Pu-Am, se apiado de ellas y revivio a sus hijos, pero sin devolverles su apariencia original, mas bien ahora serian dos gigantescas serpientes, kai kai filu y trentrenfilu, las que buscaron refugio en las profundidades del mapu, convirtiéndose en adversarias, al igual que sus padres.


Pasaron muchos años, hasta que el elche creo el primer hombre, que se sentía solo, y rogo a kuyen por una compañera. Kuyen bajo a la wangülén mas hermosa para que le hiciera compañía al hombre, y asi fueron poblando la mapu.

Pasaban los años y años… y cuentan los mayores que Koykoyfilú seguía en las profundidades de la tierra y fue donde su padre, Peripillán el abrasador. Y su padre quiso que él diera batalla.

Entonces Koykoyfilú empleó todas sus artes mágicas y las aguas empezaron a crecer, los mares salieron de sus lechos y comenzaron a subir inundando las playas, y meneó con violencia su enorme cola que no tiene fin y entonces todas las tierras del mapu temblaron violentamente. 

Por doquiera estuvieran, los hombres y las mujeres abandonaron sus frágiles ruka y apenas lograban caminar a causa de las violentas sacudidas del suelo, y tuvieron terror cuando vieron que las aguas de los mares empezaron a levantarse y a inundar cada cosa, animales morían ahogados, plantaciones se perdían, el miedo ya era parte de todos.
Los mapuches entonces buscaron refugio en los bosques: pero las aguas siguieron elevándose y taparon  los bosques. Los hombres entonces buscaron refugio en las alturas: pero las aguas siguieron elevándose y cubrieron las alturas donde muchos habían encontrado refugio. Cuentan los antiguos que aquellos hombres que más deseaban sobrevivir lo lograron, aúnque las aguas cubrieran las cumbres donde habían buscado refugio, porque Trentrenfilú los transformó en sumpall, que es un ser mitad humano, mitad pez, que habita y protege ríos y lagos . También cuentan los antiguos que muchos hombres quedaron helados por el terror y entonces se transformaron en mankial, es decir, estatuas de piedra.

Tren treng, comenzó a encovar su cuerpo, intentando elevarse para que no muerieran ahogados.
Pasaron mucho tiempo y Kai kai filu seguía dando coletazos al mar, y treng treng filu continuaba encorvándose, intentado salvar a los mapuches, y dicen que tan alto tuvo que llegar, que estuvieron a punto de  chocar con el sol, antü,  es por esa razón , que los mapuches tienen la piel oscura, porque el antú , el sol, los tostó. dicen también que otros tan cerca quedaron de antú, que se le quemaron los pelos de la cabeza, por eso, algunos hombres son calvos.


Trenng treng y kai kai filu pelearon por largo tiempo, dándose coletazos y gritos. Algunos hombres  y mujeres caian al mar, y treng treng en su afán por salvarlos los convirtió en kawel y así nació el pueblo marino de los kawelche.


Treng treng, hizo que los pocos mapuches que aun vivían, se ocultasen en una cueva. De este plan  se dio cuenta kai kai filu, y comenzó a subir por la ladera de la montaña intentando sacarlos de la cueva… , Pero Teng-treng estaba alerta y con un fuerte coletazo la desprendió de la ladera de la montaña y la arrojó al fondo del lago, junto con una roca, que le cayó encima y la aprisionó para siempre.

Inmediatamente dejó de llover; las aguas se aquietaron y pronto comenzaron a menguar, así que los mapuches que quedaban pudieron bajar de nuevo a los llanos. entonces hicieron un gran tanyi (canto) de agradecimiento a Treng-treng que los había salvado de,  Kai-kai filú.


Cuentan  que cada muchos miles de años, kai kai intenta escapar de la piedra que aun la mantiene prisionera, es ahí cuando se producen inundaciones, no tan grandes como en aquellos años,  pero que siempre Treng-Treng está atenta a lo que pasa (aunque parezca dormida y se la confunda con una montaña donde crecen árboles y todo) y viene enseguida para salvar a los hombres y mujeres del caos de la furiosa serpriente que duerme hasta el dia de hoy en el fondo del mar. 

La leyenda del calafate (versión Argentina)

Cuentan, que hace muchos años atrás, los tehuelches vivian en la Patagonia, por esa razón es que también se les conoce como patagones. 

Se dice que ellos eran los dueños originarios de la tierra.

Dicen al llegar el invierno, este era tan crudo, que debían  emigrar a pie hacia más al norte, buscando alimento y calor.

Y cierta vez, en una de esas largas caminatas, mientras buscaban un mejor lugar para vivir, una anciana curandera de la tribu llamada Koonex, no pudo seguir caminando debido a su avanzada edad. 

La vieja mujer entendió que no podía ser una carga para la tribu, por lo tanto, esperaría la muerte en ese lugar.

Fue entonces, como manda la tradición, que  las mujeres de la tribu comenzaron a confeccionar un toldo con pieles de guanaco,  añadiendo en el abundante leña y alimentos, para que la anciana, pasase sus últimos días con tranquilidad.

Luego de la triste pero inevitable despedida, Koonex, fijó sus ojos cansados a la lejanía, allá, donde la gente de su tribu desaparecía tras el filo de una meseta. No pudo evitar derramar algunas lágrimas… fue una triste, triste noche. 

Se habla, se cuenta que algunas avecillas notaron su tristeza, entonces la acompañaron por algún tiempo, sin embargo, a medida que el invierno avanzaba por la Patagonia, esas avecillas también comenzaron a buscar un lugar más cálido y con más alimento para sobrevivir.

Ahora sí, la anciana quedaba completamente sola. 

Un crudo invierno pasó por ese lugar, un eterno y cruel invierno…. Nadie podría sobrevivir a semejante castigo de la naturaleza… nadie…

pasaron muchos soles y muchas lunas, hasta que la llegada de la primavera trajo consigo los primeros brotes en los árboles, dando la bienvenida también a los alegres cantos de  las golondrinas, los chorlos, los chingolos y las charlatanas cotorras, que se posaban alegres en los cueros del hogar de koonex.

De pronto, y para sorpresa de muchos, incluido quien les habla, se escuchó la voz de la vieja curandera que, desde el interior del toldo, las reprendía por haberla dejado sola durante el riguroso y largo invierno. 

Un chingolito, tras la sorpresa, le respondió: - nos fuimos porque en otoño el alimento escasea, además de que en el invierno no tenemos lugar en donde abrigarnos- 

-Los comprendo-, respondió Koonex, -por eso, a partir de hoy tendrán alimento en otoño y abrigo en invierno, y así nunca me quedaré sola- luego la anciana quedo en silencio.

Una fuerte ráfaga de viento empujo con tal violencia el toldo, que  volteó los cueros que lo cubrían, y en el lugar de donde aquella voz apareció, no estaba koonex, pues se hallaba un hermoso arbusto espinoso, de perfumadas flores amarillas.

Al llegar el verano, las delicadas flores se hicieron fruto y antes del otoño comenzaron a madurar tomando un color adulzorado de un exquisito sabor.
Cuenta la leyenda que desde aquel día algunas aves no volvieron a emigrar más y las que se habían marchado, al enterarse de la noticia, regresaron para probar el nuevo y delicioso fruto del que quedaron prendados.

Fue así que los tehuelches, luego de regresar también lo probaron, adoptándolo para siempre y así desparramaron las semillas en toda la región adoptando la leyenda conocida hasta hoy como "el que come Calafate, siempre vuelve por más."



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