Los isondúes, leyenda guaraní


Cuentan que, en el inicio de los tiempos, cuando el gran Tupá, el dios supremo de los guaraníes, creó a los hombres y mujeres, quiso que tuvieran lo necesario para sobrevivir. Por esa razón, cierto día les regaló el fuego para que el calor los acompañase durante aquellas frías noches. 

En aquellos tiempos, los hombres vivían en armonía y se reunían cordialmente a la luz de las fogatas para hablar y compartir experiencias, cuentos y risas.

Y bueno, resulta que Un día, Añá, el espíritu del mal, andaba caminando por esas tierras y se encontró con los hombres reunidos alegremente alrededor del fuego. Su oscuro corazón quedó lleno de envidia puesto que esperaba ver al hombre sufriendo a causa del frío. En cambio, los halló riendo y compartiendo charlas en paz, sin motivo para discutir o pelear.

Furioso entonces, decidió apagar el fuego que reunía a los hombres, para ello se transformó en viento y arremetió contra las fogatas apagándolas una a una. Las chispas saltaban y volaban de acá para allá, y Añá las perseguía tratando que no quede rastro de fuego. 

Los hombres se quedaron petrificados a causa del miedo y de la sorpresa del viento nocturno. Todo parecía favorecer las crueles intenciones del mal.

Sin embargo, Tupá estaba viendo lo que pasaba, por lo que decidió engañar a Añá y transformó las chispas que perseguía en pequeños insectos que al volar se prendían y apagaban fugazmente, a esos insectos los llamó isondúes. Añá, sin tomar conciencia del cambio, continuó soplando atrás de los bichitos que se fueron alejando de los hombres, prendiéndose y apagándose intermitentemente, esparciéndose por entre los montes.


Mientras tanto, Tupá volvió donde estaban reunidos los hombres y les enseñó a reavivar el fuego a partir de las brasas que aún permanecían encendidas.

Así fue como nacieron las luciérnagas o bichitos de luz, las cuales todavía andan de aquí para allá mostrando su brillo a intervalos y engañando a Añá, que continúa pensando que son las chispas del fuego y va tras ellas, soplando, soplando... y soplando,


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El Caleuche, leyenda de Chiloé, Chile


Cuenta una añeja, conocida y misteriosa leyenda que por los encantados mares y canales de Chiloé en aquellas frías noches sureñas, navega un tétrico y enorme barco fantasma el que avanza sin rumbo conocido al ritmo de las olas.

Hablo, nada más y nada menos que del mítico y temido Caleuche.

Cuentan los que saben, que el Caleuche está tripulado por poderosos brujos, y que en las noches más oscuras viaja intensamente iluminado con sus poderosas y flameantes velas rojizas.

Dicen que a bordo se escucha nada más que ruidos de cadena, música y bailes sin cesar durante toda la noche.

Dicen también que para no ser visto con facilidad se oculta en medio de una densa neblina, neblina que él mismo produce por un medio de un poderoso hechizo, y se mueve oculto en su espesura. 

Jamás navega a la luz del día.

Si casualmente una persona, que no sea un brujo se le acerca, el Caleuche se transforma en un simple madero flotante; y si el individuo intentase apoderarse de aquel madero, éste retrocede, o avanza intentando escapar o quizás jugar con aquel pobre individuo.

Otras veces se convierte en una roca o en otro objeto cualquiera, y sus tripulantes se transforman en lobos marinos o en aves acuáticas.

Es decir, se hace prácticamente invisible a la vista de los ingenuos que creen que encontraron algo que muchos buscan, y pocos encuentra
n.

Dicen que los tripulantes tienen una sola pierna para andar y que la otra está doblada por la espalda, por lo tanto, andan a saltos y brincos. 

Todos quienes viven, o quizás, mueren ahí, juraron por su alma guardar el secreto de lo que realmente ocurre a bordo.


Eso sí, antes de seguir tengo que advertirte una cosa, y escúchame bien, ponme atención, no vayas a decir luego que no te lo advertí. 

Si en algún momento de tu vida, crees que estás frente al Caleuche, no lo mires, por lo que más quieras en la vida, no lo mires, cierra tus ojos con fuerza y solo vuelve a abrirlos cuando estes absolutamente seguro de que su espesa neblina y fuerte resplandor se han ido lejos… muy lejos, pues dicen que los tripulantes, aquellos brujos de los que te hablé al principio de esta historia, castigan terriblemente a los que osan mirarlos, l
es tuercen la boca, les giran su cabeza hacia la espalda o les arrebatan su vida en un santiamén, todo esto producto de un poderoso hechizo que lanzan mientras ríen, cantan y bailan de buena gana.

El que quiera mirar al buque y no sufrir el castigo de la torcedura o la muerte debe tratar de que los tripulantes no se den cuenta, para ello es preciso esconderse tras un árbol de maqui o uno de tique.

Aunque honestamente, te recomiendo que no lo intentes, estos brujos parecen lentos y bobos, pero son astutos y tramposos.


Hablan que en algunas ocasiones el Caleuche decide mostrar los tesoros submarinos a algunos afortunados, los que, a cambio de no contar secreto alguno, son recompensados con tesoros y mercancías valiosas, es por eso que algunas personas de un día para otro se convierten en millonarios, sin jamás poder explicar el origen de sus riquezas. 

Eso sí, si en algún momento aquel elegido decide contar lo visto a bordo, recibirá de vuelta el más horrendo de los castigos: si tiene suerte tendrá una muerte rápida, si no la tiene lo harán perder su memoria completamente, olvidará su familia, su vida, incluso su nombre, y vivirá el resto de su existencia miserablemente a merced de aquellos brujos.

Será una triste, triste y larga vida.

Todos los que mueren ahogados en los mares o canales de Chiloé, son recogidos por el Caleuche, el que puede sumergirse para recoger los cuerpos de aquellos desgraciados y guardarlos en su seno, que les sirve como eterno refugio.

Está es la historia del Caleuche, te podría contar muchas, muchas cosas más, pero no puedo, no puedo pues he prometido por mi atormentada alma guardar estos valiosos secretos por el resto de mi eternidad. 




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El origen del guajojó, leyenda de Bolivia


Cuenta una antigua historia, que hace muchos siglos atrás, en medio de la selva chiquitana vivió una joven indígena, la cual era hija de un poderoso y respetado cacique de una tribu de la Chiquitanía.

Desde pequeña, desde niña, siempre fue la protegida de su padre, quien la cuidaba más que a nada en el mundo y pretendía que cuando fuese mayor formara una familia con el hijo de su mejor guerrero.

Sin embargo, cierto día, aquellos planes del cacique se vieron interrumpidos para siempre.

Dicen que una tarde cualquiera, una tarde como la de hoy, la muchacha, sin quererlo cruzó miradas con un joven guerrero de la misma tribu y desde aquel instante, no pudieron dejar de pensar el uno en el otro.

Desde
aquella inolvidable tarde, se enamoraron perdidamente. 

El jefe de la tribu, el que también era un poderoso hechicero, pensaba que aquel muchacho no era merecedor del amor de su hija, e intentaba inútilmente convencerla de que su elección no era la correcta, mas, aquella palabrería jamás tuvo efecto alguno en ella.

Fue así entonces, que cierto día, lleno de rencor y frustración, decidió acabar con el amor de aquellos jóvenes del modo más fácil y cruel en el que pudo pensar. 

Dicen que una noche de luna llena llamó al joven guerrero, y, por medio de sus artes mágicas, lo llevó a lo más espeso del bosque, y en ese lugar acabó con su vida sin arrepentimiento alguno.

Cometido aquel crimen con tanta, tanta frialdad que dejó el cuerpo del joven abandonado ahí, y volvió con su gente como si nada hubiese pasado.

Al volver a la aldea, su hija le preguntó por su amado, y él sin siquiera mostrar un rastro de remordimiento le respondió que lo vio huir con otra mujer por entre la espesura de la selva.

Sin embargo, ella no le creyó palabra alguna, sabía que estaba mintiendo, y a medida qu
e pasaba el tiempo la joven empezó a sospechar de su padre, y esa misma tarde,harta ya de su ausencia, decidió ir en la búsqueda del hombre que amaba adentrándose en las profundidades de la selva. 

Fue ahí cuando descubrió los restos de su amado y, llena de pena y dolor, volvió a su casa para increpar
a su padre, amenazándolo de que iba a contar a todos el vil asesinato que había perpetrado.

Sin embargo, el viejo hechicero, astuto y cobarde, decidió acallar a su propia hija transformándola en ese mismo instante en un ave nocturna para que no pudiera contar el crimen a nadie.

Pero aunque consiguió que su hija pasara de humana a animal emplumado, no consiguió hacer desaparecer su voz y, convertida desde ese momento en pájaro, la joven comenzó a emitir con profunda tristeza el lamento por la muerte de su amado.

Desde ese entonces, cuando uno se adentra en la selva de Bolivia, puede escuchar un llanto triste y débil, capaz de enloquecer a algunos hombres. 



Ese profundo lamento, proviene de el guajojó, el ave que una vez fue una bella joven enamorada, la que incluso hasta en nuestros tiempos, aún llora y extraña a su único, gran, eterno y verdadero amor. 




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El origen del tero, leyenda argentina

Cuentan que, en cierto hermoso pueblo de la argentina, hace muchos soles, muchas lunas, vivió un viejo, trabajador y honesto anciano.

Este hombre trabajaba desde muy temprano, mucho antes de que el sol se asomara, y hasta mucho
después que la luna comenzara a iluminar las noches, se sacrificaba para darle lo mejor a sus dos hijos. 

Pero trabajaba tanto, tanto que cierto día aquel cansado hombre, simplemente murió.

Cuando se enteraron de la noticia, sus dos hijos, los que jamás ayudaron al viejo en sus labores, se pusieron un poco tristes, pero al ver la cuantiosa herencia que tenían en sus manos, esa tristeza rápidamente se convirtió en felicidad. 

Conozco a mucha gente que con esa cantidad de dinero y bienes, hubiese vivido muy bien por muchos, muchos años.



Pero no estos dos flojonazos… no, ellos eran amantes de las fiestas, las apuestas y la holgazanería.

Ambos comenzaron a malgastar todo aquello por lo que su padre trabajó tantos y tantos años. 

Así, para la gente que los conocía, no fue extraño verlos a los pocos días apostando los últimos centavos que les quedaban, y como todo el resto del dinero, aquellos centavos también los perdieron.


Lo único que les quedó de su antigua lujosa y relajada vida fue su vestimenta: una corbata y una camisa. 


Al no soportar vivir de esa forma, y al notar que todo el mundo los maldecía por holgazanes y malagradecidos huyeron avergonzados de la gente y se ocultaron en los campos maldiciendo sus vidas.

Se ocultaron por muchos, muchos días mientras lloraban y maldecían, maldecían y lloraban, hasta que de pronto se convirtieron en teros, unos pájaros, unas aves que huyen constantemente de las personas.

Si tú tienes la suerte de ver a un tero por ahí, notarás que aun llevan la misma corbata y camisa. 

Dicen que de tanto llorar, sus ojos se tornaron rojos, y así se quedaran por el resto de sus días como castigo por haber sido tan desconsiderados y holgazanes. 





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La cruz del sur, leyenda tehuelche



 


Cuentan, que cierta lluviosa tarde, hace muchísimos años, un grupo de hombres tehuelches se encontraba cazando para conseguir alimento, iban armados con arcos, flechas y boleadoras, rápidos sigilosos se movían tras el rastro de un gran ñandú macho, kank, el que se les venía escapando desde hacía ya mucho tiempo. 


Aquella enorme ave era muy escurridiza, rápida e inteligente, la cual no bien sospechaba la presencia de personas, huía velozmente hasta quedar absolutamente fuera del alcance de sus perseguidores.

Así se les pasaban las horas y las nubes cargadas de lluvia comenzaban a dar paso al sol, el que tímidamente lanzaba pequeños rayos amarillos por todo el lugar.

Mientras el sol se asomaba, los hombres seguían intentando cazar a Kank, y poco poco,  lo fueron cercando, encerrando, y cuando creían que por fin lo tenían atrapado y que ya no podría escapar, el ave dio la media vuelta, los miró desafiante y dio un enorme, increíble salto por encima de ellos y corrió a toda velocidad con sus enormes y fuertes patas en dirección hacia el sur. 


Pero los cazadores no se rendían… no.  Corrían tras el ave arrojándole sus flechas y boleadoras esperando que algo diera en el blanco y lo derrumbara.

 Mas, nada pudo alcanzar a aquel astuto animal.

La persecución siguió por muchos minutos, hasta que llegaron al filo de una gran meseta, y en ese lugar el ñandú vio que su camino terminaba y se quedó ahí, resignado esperando que aquellos hombres acabaran con su vida. 

Pero algo pasó.

El sol aparecía en el cielo cada vez con más fuerza, y al juntar su brillo con las gotas de lluvia que aún se resistían a ceder por completo, formaron un enorme y hermoso arcoíris, el que parecía formar un camino que se iniciaba justo al final de la meseta, justo al lado del asustado ñandú.


En ese momento, el más ligero y resistente de los cazadores, llamado Korkoronke, se acercó bastante, pero entonces el ñandú de pronto giró bruscamente y como si se lanzara al vacío, apoyó una de sus patas sobre el arco iris que surgía justamente desde allí. Y empezó a trepar por ese camino de colores con sus largas y elásticas zancadas.

 Korkoronke quedó desconcertado. Pero se recuperó rápidamente y con todas sus fuerzas lanzó su boleadora de tres bolas en un último y desesperado intento por atraparlo. 

Pero el viejo ñandú, estaba con suerte hizo un paso al costado y las boleadoras pasaron de largo. Así escapó para siempre de sus perseguidores quienes, al volver esa noche tuvieron que soportar las burlas de todo el campamento. 

Nadie les creyó la fantástica huida del ñandú por el camino del arco iris. Sin embargo, cuando cayó la noche el cielo les dio la razón, porque vieron brillar varias nuevas estrellas.

Contaban los antiguos tehuelches que una de las huellas que el ñandú dejó en su carrera sobre el arco iris quedó para siempre grabada en el cielo, dibujada con cuatro estrellas. 


La llamaron choiols, "huella de ñandú en el cielo". Esta constelación no es otra que la cruz del sur, el inevitable punto de referencia de todos los caminantes y marinos del hemisferio austral. Aquella tarde, Korkoronke no pudo hallar sus boleadoras en el suelo. Pero aquella noche las descubrió en el cielo, estaban convertidas en una nueva constelación que recibió el nombre de cheljelén, la misma que en nuestros tiempos es también conocida como las Tres Marías.


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El origen del paucar, Perú

Cuentan que en un pueblo de la selva peruana vivió hace mucho tiempo un particular niño, y a este niño, que nadie recuerda exactamente su nombre, gustaba siempre de usar los mismos colores en su vestimenta: pantalón negro y chaqueta o camisa amarilla.

Resulta que, este niño, dicen tenía demasiado suelta la lengua, es decir era chismoso por naturaleza, pues la menor noticia que oía la contaba inmediatamente a los cuatro vientos y en un abrir y cerrar de ojos, aquella noticia la sabía todo el pueblo.

Peor aún era que él solía burlarse de las flaquezas del prójimo, razón por la cual no era muy querido por las gentes del pueblo, quienes no veían la hora de castigarle y corregirle sus malas costumbres.

Y bueno, como dicen, el tiempo pone a todos en su lugar, y este niño no sería la excepción.

Sucede que una ocasión se fue por el pueblo contando que una vecina anciana, Mama Llicu, era runa-mula, es decir, que cada viernes por la noche volaba montada sobre una escoba, y otras se convertía en mula relinchando y galopando por las calles de pueblo.


Resulta que, casi de inmediato esa noticia llegó a los odios de la anciana; y como esta era un hada disfrazada de vieja, decidió inmediatamente aplicar un castigo al incorregible niño. 



Con una varita mágica que llevaba le dio un pequeño golpe en la cabeza, convirtiéndolo al instante en un pájaro de color negro y amarillo, semejante del color de su vestimenta, al que le llamó «paucar».

El muchacho aún convertido en pájaro no ha enmendado del defecto que tenía, pues incluso hasta en nuestros tiempos sigue contando a los cuatro vientos las cosas que ve.

Es por eso es que continuamente oímos decir que cuando canta el paucar es buen augurio, pues está

anunciando la llegada de lanchas, de cartas, telegramas, visitas o buenas noticias.

El paucar es un ave muy inteligente; imita con perfección los cantos y llamadas de los campesinos y de algunos animales, en especial el cacareo de las gallinas. Es por eso que algunas gentes dan de comer a sus hijos el cerebro bien caliente de este animal, con el objeto de que sean inteligentes y aprendan pronto las cosas que les enseñan.

Este pájaro siempre tiene presente el castigo que le impuso el hada, y por eso construye su nido en los árboles más altos, junto a los caserones de avispas, para, de esta forma, estar siempre protegido.



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El camahueto, Chiloé, Chile


Se habla, se cuenta que en Chiloé existe una extraña criatura, una extraña y peculiar criatura con aspecto parecido al de un ternero, de pelaje corto y brillante, y de color, algunos dicen que de color verde, otros gris, y hay quienes señalan incluso que en realidad es una mezcla de ambos colores.

En lo que si están de acuerdo todos quienes dicen conocer este ser, es que lo más llamativo en él, es que posee un valioso cuerno que crece en su frente, tal cual como sucede con los unicornios. 

Hablo del famoso y místico camahueto.  

Se cuenta que estos extraordinarios seres inician su vida bajo la tierra de los cerros que están cercanos al mar; y nacen a partir de un trozo de cuerno de camahueto enterrado en esos cerros, o por el polvo del cuerno lanzado en un pozo, también nacen naturalmente como una cría de la vaca marina chilota, que se fue enterrar en una madriguera bajo la tierra del bosque o de los campos. 

Desarrollarse le toma entre veinte, veinticinco años, y cuando lo hacen salen a la superficie para dirigirse desesperadamente hacia el mar al encuentro de la vaca marina. 

Es en este momento cuando se produce lo trágico y catastrófico de esta historia. 

En su camino hacia el mar, viaja con tanta fuerza, con tanta fiereza, que su trayecto destruye todo lo que se interponga en su camino, arboles, plantas, animales, casas, cosechas, es decir todo. y mientras se desliza cerro abajo, con su cuerno van raspando la tierra, creando un enorme surco en ella, surco que pronto se transformará en un riachuelo, en un rio que continuara creciendo y arrastrando todo a su paso.

Su viaje se produce casi siempre en las noches de intensa lluvia, tormentas, truenos y relámpagos, dejando como huellas de su paso por aquel lugar, el derrumbe de zonas costeras y grandes hendiduras en el terreno. 

Si un chilote cree que un camahueto esta por nacer en su terreno, debe ser cuidadoso, pues se dice que este ser solo puede ser atrapado por un brujo llamado lacero , mediante el uso de una cuerda tejida con zargazo, una especie de alga; o por una machi mediante el uso de una cuerda tejida con voqui , una hermosa planta trepadora.

 Al ser atrapado debe ser guiado hacia el mar para que no haga daño, eso solo se consigue mediante el corte de su cuerno, sin el se vuelve completamente manso y deja de hacer destrozos ya que su gran virilidad y fuerza se encuentra principalmente en ese cuerno.

Dicen que solo con un trozo de este cuerno se pueden crear nuevos camahuetos, únicamente enterrando pequeñas raspaduras o trozos de el en la tierra para, luego de algunos años tener más cuernos para sus preparados mágicos.


El que posee esta valiosa parte del camahueto, tiene una fortuna en sus manos, y un remedio natural que, usado de la forma correcta puede sanar múltiples enfermedades.

Algunos tramposos raspan conchas marinas, colmillos de lobos de mar, o cualquier otra cosa que se le parezca intentando engañar a los pobres crédulos para ganar algo de dinero.

Ese es el origen y la historia del camahueto, este mítico ser que ha acompañado a los chilotes desde tiempos inmemoriales.

Así que si algún día tienes el privilegio de visitar el hermoso la hermosa isla de Chiloe, ten cuidado, y quédate siempre atento a las señales que te conté anteriormente, pues puedes ser testigo privilegiado del nacimiento de un nuevo camahueto. 



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El camahueto, Chiloé, Chile


El puente del diablo, Jujuy, Argentina

 EL PUENTE DEL DIABLO 

El Puente del Diablo, que está casi frente a Tres Cruces, tiene una leyenda, una historia que me contaron los viejos y sabios nativos de aquellos lugares.

Es realmente una extraña, una singular obra este puente de piedra que une asombrosa y misteriosamente estos dos cerros. 

Y esa vieja historia, te la cuento ahora.

Dicen que, en tiempos de guerra, cierto atardecer venía una compañía de soldados, mejor dicho, lo poco que quedaba de aquella compañía de soldados huyendo junto a su general, estaban temeros
os, pues ellos eran muchos menos que sus persecutores.

El enemigo los perseguía sin darles tregua, sin darles respiro les pisaba los talones.

De pronto, los asustados soldados se metieron a un cerro, lo subieron con esfuerzo, y cuando se creían a salvo, se dieron cuenta de que ya no tenían más camino por donde continuar su huida.

El cerro terminaba abruptamente, al frente se veía otro, pero lejos, sin nada que los uniera.

No podían saltar los caballos de un cerro al otro porque abajo les esperaba un enorme precipicio. 

Saltar solo podía significar una muerte segura.



Cuando el general oyó que quienes los perseguían, habían ya entrado al mismo cerro, en su desesperación, dicen que dijo: 

- ¡Ay! Mi alma por un puente para cruzar al otro cerro, te juro que si aparece el diablo, ¡Aquí mismo! ¡Aquí mismo le doy mi alma! 

Dicen que estaba oscureciendo, que los sonidos del galope de los caballos enemigos se acercaban cada minuto un poco más.

De pronto la noche se tornó más oscura que nunca, y un extraño, enorme y elegante hombre a caballo se posó con firmeza al lado del general.

El negro caballo lo miraba con sus ojos rojos y un relinchar que parecía ser una especie de estruendo infernal.

- ¿Qué fue lo que me ofreció señor? – le dijo, usted me ofreció su alma, y estoy aquí para aceptar su oferta.

El general, más asustado de los soldados enemigos que de quien se presentaba como el mismísimo diablo frente a él, le dijo:

-

Si, si de verdad eres el diablo, te doy mi alma si nos ayudas a pasar al cerro de enfrente


El diablo lo miró a los ojos, y le propuso un trato, le dijo que si él terminaba un puente para atravesar de un cerro al
otro antes que el gallo cantara por tercera vez, era de él su alma y la de todos sus soldados, pero, si no podía terminarlo, aquellos hombres se salvaban y podían conservar su alma.

Nadie lo dudó, aceptaron aquella oferta, era la única esperanza de vivir que les quedaba.

De pronto, de la nada, la noche se convirtió en espesas tinieblas que no dejaban ver ni las propias manos, solo se escuchaba el sonido de cientos de pequeños seres que picaban piedras y se movían frenéticos, avanzando poco a poco intentando unir ambos los cerros. 

En eso estaban, los soldados sin poder ver nada, y los pequeños diablos trabajando, cuando de pronto, pasada la medianoche, se oyó el primer canto de un gallo.

Como aun no terminaban, el diablo les gritó con fuerza ordenándoles que redoblaran esfuerzos.

-

¡Más rápido! ¡Mas rápido! ¡Necesito estas almas! ¡Más rápido o se arrepintieran! 

y así lo hicieron, el ruidoso golpeteo sobre las piedras aumento.

 Al rato, se oyó el segundo canto del gallo.

- ¡si pierdo estas almas lo lamentaran! ¡piquen más rápido! 

Los trabajadores del diablo hacían lo imposible por cumplir las demandas se su amo, y, aunque parecía imposible, avanzaron mas veloces. 

Y cuentan, cuentan que, casi al amanecer, vieron los soldados, desesperados, que sólo faltaba poco más de una mano, el misero tamaño de una mano para que la punta del puente tocara con el otro cerro, cuando de pronto se oyó el salvador tercer canto del gallo, y como un milagro se acabó el trabajo. 

Dicen que se oyó algo similar a una gran explosión y se vio una humareda con olor a azufre, y así como llegaron, en menos de un segundo desaparecieron absolutamente todos los pequeños diablos, incluido el diablo mayor.


Fue así como se salvó el general y sus soldados, quienes durante toda la noche habían estado arrodillados, rezando y haciendo promesas a todos los santos de los que eran devotos. 

Con la luz del día pudieron cruzar el cerro gracias al puente creado por el diablo, se fueron lejos. Escapando antes que llegara el enemigo logrando salvar sus vidas, bueno, al menos por un pequeño, muy pequeño tiempo, pues dice, que el diablo nunca olvida.


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El puente del diablo, Jujuy, Argentina


La leyenda de Huacachina, Perú

 Cuenta una antigua y lejana leyenda, que en el lugar en donde está hoy ubicada la bella localidad de Huacachina, allí, allí mismísimo, vivió hace muchos años atrás una joven princesa incaica. 

Esta princesa era conocida por todos como Huacca-China, la que hace llorar. 

Ella era una joven de verdes ojos almendrados y negra y larga cabellera, hermosísima. Sin embargo, lo que más llamaba la atención en ella, no era su belleza física, sino lo extraordinario de su cantar, dicen que cantaba de una manera tan particular, tan triste, con tanta pena, que todo aquel que escuchaba su melodía lloraba.


Al cantar ella recordaba el amor que sentía por un guerrero que cierto día, hace muchos soles atrás partió a una batalla, pero jamás volvió. 

Huacca-China, todas las madrugadas buscaba un rincón donde llorar, entonces, cada mañana cavaba ante un árbol un hueco en donde gritaba a todo pulmón el dulce nombre de su desaparecido amado. 

Y dicen que cierta mañana, en el hueco que había abierto en la arena, frente a un algarrobo, este hueco comenzó a llenarse mágicamente con agua tibia primero poca, luego mucha, mucha agua, tanta que sintió ganas de sumergirse, y así lo hizo.

Lo que ella no esperaba, es que cuando salió de aquellas aguas y cubrió su cuerpo con una suave tela. al verse en el espejo descubrió una desagradable sorpresa: un cazador, o quizás un soldado la estaba
espiando escondido tras el algarrobo. 

La asustada princesa huyó enseguida, corriendo entre las dunas y breñas en las cuales iba dejando trozos desgarrados de su manto. De pronto la sabana quedó enredada en un zorzal y la princesa quedó desolada en medio de la nada. 

Entonces, como por obra de los dioses, la sabana abierta se convirtió en un inmenso, enorme arenal. 

En ese momento, la princesa recobro las energías, se puso de pie y continúo corriendo con su espejo en las manos, mas, cuando quiso dar un salto tropezó y de su puño ya casi sin fuerzas, soltó el espejo, el que cayó al suelo partido en mil pedazos.



Y fue ahí cuando ocurrió lo que todo el mundo comenta hasta el día de hoy, el espejo roto se transformó en una preciosa laguna, rodeada de aquel inmenso arenal, Huacca-China entonces aprovechó y se ocultó del hombre en aquellas suaves, tibias y deliciosas aguas. 

Sin embargo, lo que viene a continuación ni ella se lo esperaba. 

Dicen que luego de pasar mucho tiempo oculta en aquella laguna, la joven finalmente terminó convertida en una hermosa sirena, una hermosa sirena que, hasta nuestros mismísimos días, se asoma cada noche de luna, para cantarle aquella triste canción a aquel amor que quizás nunca, nunca volverá.




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La bruja castigada de Girona (España)

 En la catedral gerundense, en lo más alto del contrafuerte de la torre románica de seis Plantas, conocida también como «Torre de Carlomagno», llama la atención sobre la desnudez del muro la gran figura
oscura de una tétrica gárgola de aspecto humano. 

Al parecer, no siempre estuvo la gárgola en ese lugar, sino que apareció cierto día de un extraño y siniestro modo que te contaré a continuación.


Dicen, hablan, que Hubo en aquella localidad una mujer de quien se aseguraba que era bruja, sí, bruja, capaz no solo de convertirse en gato, en cuervo y en sapo, animales a los que muy a menudo se veía merodeando su vivienda, sino que era capaz también de formular hechizos que producían entre sus vecinos muy poderosos males de ojo. 

Más de alguno de los asustados habitantes de aquel pueblo, aseguró haberla visto volar sentada en una escoba mientras cantaba esa canción que tanto les gusta entonar a las brujas:

Lunes y martes y miércoles, tres;

jueves, y viernes, y sábado, seis.

El colmo de sus malas artes, de su maldad era que, por las noches, absolutamente todas las noches iba a lanzar piedras contra la catedral mientras entre murmullos injuriaba a los santos apóstoles, a san Miguel, a santa Elena y hasta a Nuestra Señora de la Predela, es decir, a todos los santos y vírgenes objeto de culto y exaltación en el templo.

De todas las maldades de la bruja, parece que este diario apedreamiento de la catedral era lo que más le molestaba a Dios, quien, cierto día, cansado de las agresiones y blasfemas de aquella malvada mujer, decidió castigarla, y habló: 

“Piedras tiraste, piedras tirarás, y en piedra te convertirás” 

Y desde aquella fatídica noche la bruja quedó convertida para siempre en una enorme y sombría gárgola de piedra que jamás, jamás podrá librarse de su terrible castigo.



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La bruja castigada de Girona (España)


El sapo de piedra, Pasco, Perú

En un pueblecito de Pasco, cuentan que hace muchos, muchos soles atrás, habitaba una particular anciana, una vieja mujer que acostumbraba a vestir de negro, y acompañarse siempre de un enorme y tétrico gato del mismo color.

Dicen que esta mujer no molestaba a nadie, vivía tranquila, únicamente en la compañía que la brindaba aquel extraño gato al que consideraba prácticamente su hijo. 

La vieja pasaba sus días entre tierra, semillas y agua. 

Sembrando y cosechando, cosechando y volviendo a sembrar abundantes papas sin parar.

Era tan buena en lo que hacía, tan buena, que algunos, quizás llenos de envidia, cuentan, o más bien, contaban que ella usaba brujería para hacer crecer sus papas, pues, mientras los demás sacaban papas agusanadas, pequeñas o de mal sabor, ella siempre cosechaba las mejores papas de todo el pueblo.

Y cuando digo las mejores, no creas que estoy exagerando, esas papas eran simplemente LAS MEJORES.

La gente hablaba cosas, bueno, como siempre, pero nadie se atrevía a decirle nada por miedo a ser víctimas de un hechizo o de alguna brujería. 

Y resulta que, cierto año, en tiempos de cosecha, la vieja, como siempre estaba muy contenta,

pues, ella sabía que, como cada temporada, obtendría hermosas y abundantes papas.

Y no se equivocó. 

La cosecha del primer día fue simplemente grandiosa, papas brillantes y gigantes como jamás se vieron, y jamás, jamás se verán.

Trabajó todo el día, estaba contenta al ver el fruto de su trabajo, y fue acumulando poco a poco las papas en un rincón de su casa, en su chacra, y ya en la noche, presa del cansancio, satisfecha se fue a dormir junto a su querido gato.


En eso estaban, durmiendo profundamente, cuando se pronto sin que ella lo esperara ni siquiera lo soñara, un enorme y atrevido sapo, aprovechando la radiante luz que le brindaba la luna, fue a donde se encontraban amontonadas las papas, y allí escogió la mejor de todas y se puso enseguida a comerla.


Cuando el sapo había comido ya más o menos la mitad de la papa, el gato se despertó, y al ver a aquel goloso sapo masticando sin parar aquella papa , comenzó a maullar fuertemente para despertar a la vieja mujer, quien de un salto se levantó y fue a ver el origen de aquel inquietante maullido. 


Al divisar que alguien arruinaba sus papas, se acercó, y viendo de lo que se trataba, como era medio bruja, con enorme ira le echó una terrible maldición al sapo,  . 


Entonces susurró unas inentendibles palabras, e inmediatamente después, los vientos parecieron obedecerla y comenzaron a soplar violentamente llevándose rocas, arrancando árboles y arrastrando todo lo que pillaban a su paso. 


Uno de esos vientos fue lo que se llevó consigo al pobre sapo, quien, arrepentido fue arrastrado por muchos kilómetros, hasta que finalmente se quedó colgado en lo más alto de una inmensa peña.

Cuando el viento se calmó, el sapo, creyéndose victorioso, comenzó a buscar un camino a la casa de la vieja, pero… pero mientras echaba un vistazo al lugar, sus patas se congelaron, su barriga se endureció, su cabeza dejo de moverse hasta quedar totalmente convertido en piedra. 

La maldición de la anciana funcionó. 

Hasta el día de hoy se puede ver a aquel enorme sapo, quien arrepentido mira el lindo paisaje que lo
rodea en aquel lugar, recordando por el resto de la eternidad el delicioso sabor del que fue su último, su último alimento. 








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Leyenda chiriguana de la creación del hombre, (Bolivia)

 

En la mitología chiriguana dos dioses gobiernan el mundo. Tumpaete, el dios que simboliza y representa el bien, y su opuesto: el mal, Aguaratumpa. 

Los dos viven en una constante lucha, una eterna batalla que durará, probablemente hasta el fin de los tiempos.

Y ocurrió que en tiempos antiguos, en aquellos tiempos viejos rasgados por los siglos, que Aguara-tumpa celoso de Tumpaete por el hombre que este había creado y del cual era protector, decidió cierto día provocar un enorme incendio, tan feroz, tan hambriento, tan lleno de ira y resentimiento, que arrasó con todo lo que se le cruzaba en su camino, convirtió en ceniza los campos, quemó los pastizales y los bosques de la raza chiriguana desaparecieron completamente, exterminando de esta manera a todos los animales que allí vivan.


Los chiriguanos, impotentes pidieron ayuda a su Dios, Tumpaete.

Tumpaete les aconsejó que trasladaran sus caseríos a las orillas del río y que allí sembraran maíz. 

Mientras este valioso alimento madurara, podrían alimentarse de los abundantes peces que vivían en esas aguas.

Y así lo hicieron, por un corto tiempo, pareció todo volver a estar tranquilo, sin embargo, Aguara-tumpa viéndose burlado en su afán destructor, hizo caer desde los cielos abundantes y espesas aguas torrenciales con el único propósito de inundar la chiriguanía.


Nuevamente el dios Tumpaete habló a sus hijos:


—      Está decidido que todos ustedes morirán ahogados. para salvar la raza chiriguana deben buscar un mate gigante y dentro de él meter dos niños, un macho y una hembra, "hijos de una misma mujer", escogidos entre los más fuertes y perfectos. Ellos serán el tronco en que florecerá la nueva raza chiriguana.

 

Los chiriguanos, como siempre, obedecieron a su dios. 

Cuando aún las lluvias no cubrían toda la tierra, metieron dentro del mate a los dos niños, tal cual como Tumpaete les había pedido.

El agua caía torrencial desde los cielos, tan furiosa como la mismísima rabia de aguara-tumpa.

Y no dejo de llover por muchas, muchas lunas.

Se dice que todos los chiriguanos murieron, todos excepto los dos niños que seguros flotaban en aquel gigante mate.

la lluvia solo cesó cuando Aguara-tumpa creyó que había desaparecido toda la raza chiriguana y él finalmente podría ser el dueño de la tierra.

Desde aquel día, e secaron los campos y los niños salieron de su escondite.

La pareja vagó mucho tiempo en busca de alimentos. Caminaban de un lado a otro y el hambre comenzaba a debilitarlos.


Tumpaete nuevamente les habló:


Hijos mios, es hora de buscar el Cururu, un buen amigo del hombre. él les proporcionará el fuego para cocinar los pescados que están al alcance de sus manos.

Vayan, búsquenlo, no pierdan más tiempo.

 


Los niños caminaron por mucho, mucho rato, hasta que su sacrificio tuvo recompensa… en una enorme roca encontraron a Cururu, un gigantesco sapo quien los esperaba desde hace ya varios días.

Este enorme sapo, guardaba en su boca brasas encendidas, las que mantenía vivas con su respiración, y cuando vio a los niños se las entregó a ellos, de esa forma, los niños pudieron asar los pescados, que entonces eran abundantes por las torrenciales y largas lluvias pasadas.

Cururu les contó que cuando empezaron las lluvias, por mandato de Tumpaete, él se introdujo dentro de la tierra llevando el sagrado fuego en su boca.

Gracias a ese fuego los niños tuvieron alimento y sobrevivieron 

Y así pasaron los años, Los dos hermanos fueron creciendo hasta que tuvieron la edad competente para tener hijos. 

De esa pareja nuevamente se multiplicaron los chiriguanos y formaron un pueblo robusto, bello y perfecto.



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El rey de los chanchos, leyenda de Costa Rica

Dice una antigua leyenda de costa Rica, que, de entre todos los animales de la tierra, únicamente los chanchos, conocidos también como cerdos, únicamente ellos tenían un rey. 

El rey de los chanchos tenía el aspecto muy similar al de un hombre, de piel blanca y sin arrugas, con enormes y redondos ojos marrones, fuerte como el mejor de los guerreros y con una larga cabellera negra que le llegaba casi hasta la cintura.

Dicen que siempre paseaba por los montes, con el que se dedicaba a cuidar y a proteger a sus súbditos. 

Dicen que Vivía en un palacio encantado en la cumbre de una misteriosa montaña llamada Sankrá-ua, la entrada a su palacio estaba protegida por feroz y temible felino.

 Algunos dicen que este guardián era un enorme puma, otros hablan de haber visto a un fiero leopardo, algunos incluso cuentan, que no era solamente uno, sino que eran cientos, cientos de distintos tipos de felinos, cada uno más indomable que el anterior.

Al rey de los chanchos no le gustaba que atacaran a sus súbditos, a sus hijos cerdos por puro divertimento, o que en la caza los humanos no los mataran de una forma rápida y sin dolor.


Dicen que una vez hubo en Boruca, un cazador que tenía fama de ser mal arquero y siempre herir a los animales sin acabar con ellos, que los dejaba moribundos, sufriendo por muchos, muchos días hasta que sanaban o la muerte, la diosa muerte se apiadaba de ellos.

Bueno, resulta que, un día, este hombre se fue a cazar justo a la montaña donde vivía el rey de los chanchos, y allí, para su sorpresa, se encontró con una gran, enorme manada de estos animales que comían y vivían libres en las praderas.

Incrédulo de su suerte, tomó su arco, sus flechas y comenzó a disparar.

Corrió y corrió sin poder alcanzarlos, lanzaba flechas, pero ninguna de ellas terminaba con la vida de algún cerdo, por el contrario, varias saetas se incrustaban en distintas partes del cuerpo de estos animales, los que, heridos intentaban escapar de aquel cazador.

El hombre los persiguió por mucho tiempo, muchas horas, hasta que se dio cuenta de que se encontraba totalmente perdido entre la espesura de aquella desconocida, mágica y misteriosa montaña. 

Sin saber que hacer, sin saber siquiera dónde estaba, siguió buscando algún sendero que lo llevara de vuelta a su hogar, hasta que, de pronto, de pronto se encontró cara a cara con el rey de los chanchos (sini-súj-kra). 

Y este, enfadado, le dijo:       

- ¿Por qué dañas a mis súbditos? ¿acaso te diviertes dejándolos malheridos? ¡No volverás a tu hogar hasta que los hayas curado a todos, uno tras otro!»

El cazador paso allí mucho tiempo intentando curar a los chanchos, pero era una tarea muy complicada, los chanchos no se dejaban cuidar, sino que se revolvían, le mordían y escapaban 

Estuvo meses sufriendo mil penalidades en el palacio del rey de los chanchos hasta que, por fin, se ganó la confianza de los cerdos, que se amansaron y acabaron siguiéndole a todos lados como si de un pastor se tratase.

Cuando no había más animales que curar, el rey de los chanchos, sabiendo que, el dejar a los súbditos heridos no era por mala intención, si no que por simple y pura mala puntería, se apiadó del cazador y le permitió volver con los suyos siempre y cuando prometiera sólo matar a los chanchos cuando necesitara comer y no volviera a herir a un animal sin darle una muerte digna.

El cazador aceptó.

Ya de vuelta a su hogar, el cazador anduvo largo rato por los montes hasta que dio con algunos de sus compañeros que precisamente estaban cazando chanchos.

  Los animales reconocieron a su curandero y se acercaban mansamente a él. 

 Los demás hombres se sorprendieron y vieron con esto facilitadas las tareas de la caza, entonces, quisieron matar a todos los chanchos que tenían cerca, sin embargo, como el cazador les conto la historia de sus meses en el palacio, les contó lo nobles que eran esos animales, les pidió que mataran solo los necesarios para comer, y lo hicieran de una manera rápida.

Sus amigos lo miraron a los ojos. Sabían que él no mentía.

Entonces, únicamente mataron a 2, intentando causales el menor dolor posible, y dejaron al resto libres.

Desde ese momento el joven cazador se dedicó a cuidar a los chanchos tal cual como el rey, y dicen que cuando llegó su hora de morir, viejo y cansado, lo hizo en aquel palacio en la montaña, siendo cuidado hasta sus últimas horas por el mismísimo rey y sus, ahora amigos, los chanchos.


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