El origen de Minotauro, mitos griegos

De la unión entre la princesa Europa y el dios Zeus nacieron 3 niños cretenses, Minos, Sarpedón y Radamante, estos tres niños fueron criados por el mismísimo Asterión, el rey de Creta, como si sangre de su sangre se tratase, a pesar de que no fueran sus hijos.

Con el correr de los años, y más aun con la muerte del rey Asterión, la discusión sobre quien de los tres debía convertirse en el nuevo monarca de Creta se hacía cada vez más y más recurrente. 

Eso sí, uno de ellos llevaba la delantera, Minos, (cuyo nombre en cretense de hecho significa “rey”). Minos llevaba años vociferando a los 4 vientos que contaba con el apoyo y autoridad de los dioses para convertirse en rey, decía que él podía pedir a los dioses lo que él quisiera, y estos, encantados de complacerlo, le cumplirían sus caprichos, sean cuales fueran.


Fue así entonces como cierto día, dispuesto a impresionar a todos, mientras se disponía a hacer un sacrificio al rey de los mares, Poseidón, se atrevió a pedirle a este, un enorme y formidable toro blanco, prometiéndole sacrificarlo a él mismo en cuanto aquel toro apareciera.

Al ver a la formidable bestia saliendo de entre las aguas, el pueblo de Creta no pudo cuestionar ni mucho menos ir en contra del deseo de los dioses, de esa forma Minos se convirtió sin mucha resistencia en el nuevo soberano de Creta.

Para gobernar en paz, expulsó a sus dos hermanos, a los que por cierto volvería a ver en el inframundo, pero esa, es otra historia.

Resulta que, al ver la hermosura y fiereza del toro entregado por Poseidón, decidió engañarlo.

Se quedaría con aquella enorme bestia, y sacrificaría a otro toro en su lugar.

El problema es que Posesión no era tan inocente como Minos pensaba, y se dio cuenta de inmediato del intento de aquella traición, entonces, enfurecido con la arrogancia y soberbia del rey, decidió castigarlo.

Para ello pidió a Afrodita, la diosa del amor y la belleza, que infundiera deseo por aquel enorme toro a quien fuera la esposa de Minos, Pasífae, y ella, así lo hizo.

De aquella unión nació un extraño ser con cuerpo de hombre y cabeza de toro, a la que llamó Asterión. 

Pasífae intentó en los primeros años educar a la criatura como si fuese un humano normal, Sin embargo, el tiempo se encargó de demostrarle que no se trataba de una persona, si no más bien, de un monstruo. 

Con el correr de los días le era más y más difícil alimentarlo, ya no aceptaba leche o alimentos comunes, así, poco a poco, casi sin darse cuenta comenzó a disfrutar de la carne humana… 

Esa es la criatura que comenzó a causar terror entre los habitantes de creta y a ser conocido desde esos tiempos, hasta nuestros mismísimos días, como el salvaje y temido minotauro. 


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El mito del Alicanto, mito del norte de Chile

 Se cuenta que en el desierto más árido del mundo, el desierto de Atacama, entre los recovecos y cuevas solo visitadas por el silbido del viento y el repicar de las arenas, vive una enorme y particular ave, particular pues dicen, que esta ave no es igual a las otras que viven en esos lugares, pues este pájaro es casi imposible de ver, su cuerpo emite brillos únicos, y lo más raro de todo es que se alimenta únicamente de oro y plata. 

Esta avecilla, aunque parezca contradictorio, es muy ansiada y a la vez muy temida por quienes buscar oro y plata en esos terrenos, ya que su avistamiento puede ser símbolo de buena fortuna, de riquezas y buen vivir, pero verlo también puede ser sinónimo de una triste, solitaria y fría muerte.

Hablo de… el alicanto.


El alicanto es una astuta ave de gran tamaño, de aleteo suave, casi siniestro, con trazas de brillo metálico entres sus plumas, ojos brillantes, un pico curvo, y garras fuertes y poderosas que usa para romper los metales.

Se dice que el brillo de sus alas depende exclusivamente si se está alimentando de plata o de oro, si emite un brillo plateado, está comiendo plata, por el contrario, si su brillo es dorado, es oro lo que está engullendo. 

Si ha comido mucho no podrá retomar el vuelo en mucho rato, pero no te engañes, esto no lo hace más fácil de atrapar, pues tiene la capacidad de desaparecer en un rápido y simple pestañeo sin dejar rastro alguno de sus huellas. 

A pesar de no ser un animal violento, es capaz de provocar el peor de los males a quien lo siga sin su permiso.

Pues, hablan, cuentan, dicen… que esta hermosa ave tiene la capacidad de poder conocer a las gentes, ya que cuando es visto y seguido al lugar en donde se alimenta, si siente que el minero o minera que la encontró tiene buenas intenciones, le dejará tomar parte de su alimento y le mostrará el camino de vuelta a casa, volviendo rica a aquella persona.

Por el contrario, si esta persona es ambiciosa, probablemente intente atrapar al alicanto o al menos quitarle todo su alimento, será en ese momento cuando aquella valiosa ave, más rápido que un suspiro desaparezca junto con su brillo y su comida, dejando al desgraciado abandonado en medio de la nada, solitario implorando al cielo, mientras el frio lo abraza y consume lentamente.

 Dicen que solo la virgen de punta negra es capaz de ayudarlo a volver a casa, eso sí, sin una pisca de oro, con la locura carcomiéndole la sesera minuto tras minuto, y el alma repleta de miedos. 

Si algún día tienes la suerte, o quizás la desgracia de verlo, es mejor que no lo sigas, no vayas a ser tu quien termine solo, triste orate y congelado en la inmensidad de aquellas arenas, mientras a lo lejos ves como el alicanto se escapa brillante en lento vuelo, para no volver a verlo jamás. 


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El mito del Alicanto, mito del norte de Chile 



El mito de Medusa, mito griego, version 1

 En el límite entre la tierra y el mar, muy cerca de la tierra de los muertos, las divinidades Forcis y Ceto, cierto día tuvieron 3 hijas gorgonas, Esteno, Euríale y Medusa.

Las dos primeras, es decir, Esteno y Euríale eran inmortales, tenían sus cabezas rodeadas de serpientes, sus bocas llenas grandes colmillos blancos, manos de bronce y alas de oro. Pero lo más peligroso en ellas no era su cuerpo, sino más bien su mirada…  sus miradas eran tan penetrantes que el que osaba mirarlas directo a los ojos quedaba de inmediato convertido en una estatua de piedra.

Sin embargo, Medusa, al contrario de sus hermanas, tenía un rostro y cuerpo humanos, y además era mortal.


Dicen que ella era bella como pocas, muy pocas, dueña de una larga y envidiable cabellera dorada que colgaba hipnotizante hasta sus caderas, poseedora de un fino y terso rostro que muchas deseaban, y además, unos ojos profundos que parecían tener el poder de embobar a cualquiera.

Sin embargo, a pesar de la cantidad de pretendientes que tenía, ella no estaba interesada en esas cosas del amor, tanto así, que con el correr de los años decidió convertirse en sacerdotisa y vivir en el templo de Atenea, la diosa de la sabiduría y la guerra para dedicar su vida a enseñar y transmitir a otras mujeres saberes como la religión y las buenas costumbres.

Dicen que en aquel templo pareció encontrar la paz, allí tenía una vida tranquila, serena alejada, muy alejada de las malas acciones de sus hermanas.

Sin embargo, lo que a veces parece un don, termina siendo un tormento.

Cuentan la hermosura de la joven era tanta, que no había dios, ni semidios que no quisiera estar con ella, tanto así que cierto día, el mismísimo dios de los mares, el mismísimo Poseidón, engañada la llevo a un abandonado y oculto lugar en el templo de Atenea, y en ese lugar, cobardemente abuso de ella.

Cuando Atenea supo lo que había pasado, la furia la invadió al ver profanado su templo, sin embargo, y quizás dando rienda suelta a los celos que tenía de la hermosura de medusa, en lugar de culpar a Poseidón, decidió absurdamente desquitarse con la joven sacerdotisa. 

Como castigo la convirtió en lo mismo que eran sus hermanas, le dio manos de bronce, alas de oro, enormes y blancos colmillos, para que nadie jamás volviese a sentirse atraído por ella, y su cabellera, su larga y sedosa cabellera fue transformada en horripilantes y amenazadoras serpientes para luego, sin piedad alguna desterrarla, obligándola a vivir lejos, en las tierras hiperbóreas.

En aquel lugar medusa volvió a vivir con sus hermanas, y al igual que ellas, su mirada también convertía en piedra a todo quien osara mirarla.

Pero aquí no termina esta historia.

Con el correr de las semanas, Atenea supo que luego del abuso de Poseidón, Medusa había quedado embarazada. 

Esa noticia la puso aún más furiosa, y fue ahí, fue ahí entonces cuando decidió darle una misión a Perseo: Matar a la gorgona.

Para ello, sabiendo lo poderosa que era ahora medusa, le entregó a Perseo las sandalias con alas que Hermes le dio, el casco de invisibilidad de Hades, una espada y un escudo espejado para no tener que mirarla a los ojos.

El héroe fue a visitar las Grayas, las 3 ancianas vigilantes de la guarida de las gorgonas para que le dijeran donde se encontraba la cueva de las hermanas. 

Se cuentan que estas monstruosas ancianas solo tenían un ojo y un diente, el que debían compartir entre ellas para poder vigilar, y que Perseo, astutamente aprovechando el momento en que una le pasaba el diente y el ojo a su hermana, los tomó y las amenazó con matarlas.

Ellas no tuvieron más opción que decirle donde se encontraban medusa y sus hermanas.


Fue así como Perseo cumplió su misión, esperó pacientemente a que Medusa se durmiera en su guarida y volando con sus sandalias logró ubicarse por encima sin tener que  mirarla directamente solo observando el reflejo de su escudo. Al momento de alzar su mano, esta iba siendo guiada por Atenea y así cortó la cabeza de la joven en un solo acto. 

Del cuello de Medusa salieron sus hijos, el caballo Pegaso y el gigante Crisaor.

Dicen que el héroe uso la cabeza de Medusa para rescatar a Andrómeda y poder matar a Polidectes, y luego mientras la llevaba a su destino final, gotas de sangre cayeron de la cabeza que llevaba celosamente guardada en una especie de cofre. De esas gotas fue que se crearon los escorpiones y las serpientes que viven en el desierto.

Al ver su poder, la sangre quedo en custodia los dioses, pues era tan poderosa, tan poderosa de su vena izquierda emanaba un veneno mortal y la de su vena derecha tenía características sanadoras que se utilizaría para resucitar a los muertos.

Cuando llegó donde la diosa Atenea, se la entregó, y ella la uso desde ese día como escudo en todas sus batallas. 

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Tokjuaj y el origen de la lluvia, relato Wichi

Cuenta una vieja, una vieja y arrugada historia, que hace muchos años atrás, la tierra estaba completamente inundada, el agua era demasiada, estaba por todos lados y no dejaba a los seres vivos crecer con tranquilidad.

Esto pasaba, digo, la gran cantidad de agua que había por todos lados, porque en el centro de un enorme lago vivía un extraño y gigantesco ser, y esto no me lo vas a creer, porque lo extraño en él, era que su cuerpo completamente hecho de agua, no tenía músculos, ni huesos, ni pelo, él era solo agua.

Y su nombre curiosa y extrañamente era lluvia.

Contaban que lluvia era un ser un tanto egoísta, que gustaba de dar largos paseos por todo el lugar, pero... ¿Dónde está el problema en dar paseos? Seguro te lo estás preguntando.

Bueno, el problema es que por donde caminaba, sus pasos dejaban solo rastros de destrucción e inundación.

Ese, ese era el gran, enorme y mojado problema.

Contaban los ancianos, que a lluvia además de sus destructivas caminatas, gustaba de otra cosa… irse de fiesta en fiesta, aunque siempre andaba presumiendo que él, solo él daba las mejores de todo el mundo, y que allí tenía la mejor música y que siempre estaban llenas de invitados.

Lo que no sabía, o quizás simplemente quería ocultar, es que sus invitados asistían únicamente por el miedo que tenían de enfadar más a lluvia y que este inundara aún más sus hogares.


Resulta que cierto día, Lluvia conoció a un querido guerrero del pueblo wichi, Tokjuaj, y se sintió tan maravillado con la valentía y coraje de este joven, que no dudo en invitarlo a una fiesta que daría precisamente esa misma noche.

Tokjuaj sabia de la mala fama que tenía lluvia, mas, luego de conversar con él, pensó que tal vez era todo un malentendido, y estaba dispuesto a pedirle que tuviese más cuidado con sus liquido cuerpo.

Cuando llegó la noche y apareció en la fiesta, vio con asombro la gran cantidad de invitados, pero algo le pareció muy extraño: a pesar de que todos estaban vestidos con sus mejores trajes, sus caras no parecían felices, más bien todo lo contrario, eran caras de miedo y pánico, y se dio cuenta de que los rumores eran reales: Lluvia era un ser egoísta

Molesto le dijo muchas cosas a lluvia, que solo pensaba en él, que los buenos seres no inundaban los hogares de sus amigos, y que en realidad prefería volver a su hogar y no verlo nuevamente jamás.

Lluvia se sintió terriblemente ofendido, y se lanzó con furia intentando atacar y herir a Tokjuaj, pero como el joven era un experimentado guerrero, la batalla, por así decirlo, solo duró un par de segundos, y lluvia tuvo que escapar hacia la montaña más alta que existía en aquellos tiempos.

Una vez allí preso de la vergüenza y la rabia, juró venganza, mas, cuando vio abajo, notó la destrucción que sus pasos habían dejado y se sintió culpable, tan culpable que saltó a las estrellas, y se quedó a vivir ahí, prometiendo no volver a dañar a nadie ni nada.

Dicen que de vez en cuando extraña a su antiguo hogar, entonces llora, y cuando lo hace, sus lágrimas caen en forma de abundantes gotas, de lluvia precisamente, y que, en algunas ocasiones, se pone a saltar de una estrella a otra, y es ahí cuando el cielo se ilumina, y las nubes suenan formando los fantásticos y majestuosos truenos y relámpagos.


Truenos y relámpagos que están siempre acompañados con las lágrimas de nuestro querido amigo, lluvia. 




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La caja de pandora, mito griego

Cuenta una vieja historia, que cierto día, Zeus, el gran Dios del Olimpo, se encontraba enfurecido con Prometeo luego de que este robase el fuego para entregárselo a los hombres.

El gran dios del cielo y el trueno no iba a consentir que los hombres se comparasen con los Dioses, fue entonces cuando, lleno de sentimientos de ira y venganza decidió llamar a su hijo Hefesto, el dios herrero del Olimpo y le ordenó que en su fundición creara una de las mejores criaturas que jamás haya creado, la más bella en su especie, digna de todo clamor, y que fuese capaz de poner a sus pies a cualquier hombre, pues esa creación sería enviada como castigo al atrevido e insolente Prometeo.

Dicen que Hefestos no cuestionó a su padre, pues jamás lo hacía, y pronto comenzó a amasar y amasar delicadamente un trozo de greda, y dándole forma con una delicadeza extraordinaria, poco a poco, consiguió crear a una hermosa mujer, tal cual como su padre le había encomendado.


Dicen que cuando estuvo terminada la llevó con Zeus, y este rápidamente la presentó a los demás dioses, y les pidió a cada uno que le regalasen un don
a aquella mujer.

Fue así entonces como Afrodita, la diosa del amor y la belleza, le puso reflejos dorados en los cabellos y le dio suavidad de seda en la piel, Atenea le regaló inteligencia, astucia y capacidad para comprender todas las cosas, Artemisa le obsequió juventud eterna, Hermes la elocuencia… y así continuaron todos los dioses entregándole un don a la joven, a quien, finalmente, al verla llena de dones, decidieron llamarla Pandora: La mujer de todos los dones. 

Dicen que Zeus, el todopoderoso fue el último en enviarle un regalo, y lo hizo por medio de su hijo mercurio, pero antes le advirtió que aquella caja no debía abrirla ni él ni pandora, ¡bajo ninguna! ¡Ninguna circunstancia! 

Así pues, el hábil mensajero Mercurio le entregó a Pandora aquella misteriosa caja junto con esa inquietante advertencia.

Recordemos que cuando Zeus mandó fabricar a Pandora, lo hizo con el fin de dársela a Prometeo como castigo por haberle robado el fuego y haberlo entregado a los hombres. 

Sin embargo, Prometeo, era un joven astuto, y sospechando del plan de Zeus, simplemente rechazó a Pandora, quien fue entonces donde su hermano Epimeteo, el cual, al verla, se enamoró de inmediato. 
Al saber esto Prometeo le rogó, le suplicó a su hermano se olvidase de ella, pues, era seguro que Zeus le había preparado una trampa.

Epimeteo lo pensó un momento, y sabiendo que su hermano jamás le haría daño, resignado le juró olvidarse de aquella mujer.

Más cuando estaba pronto a hablar con ella, a decirle que el amor entre ellos no podía ser, recibió de las finas y hermosas manos de la mujer, aquella peligrosa ca
ja.

Ella lo miró fijamente, y con delicadeza le dijo que esa caja era un regalo del gran dios del cielo y el trueno, pero que ni el ni ella debían abrirla jamás.

Epimeteo se perdió en los ojos de la joven, y pensó que nada malo podría suceder si estaban juntos. 
Así, aún desorientado por el deslumbramiento que le había producido la bella mujer, olvidó el juramento hecho a su hermano Prometeo, y finalmente se casó con Pandora.

Sin embargo, y aquí cambia la historia, pues entre tantos dones que poseía la mujer, también poseía la curiosidad, y no dejaba de preguntarse qué misterios o que tesoros había en aquella caja.

Tanto, tanto se lo preguntó, que cierto día, mientras su esposo no estaba, ella buscó la llave loca e insistentemente en todos los rincones de su hogar, hasta que finalmente dio con ella, abrió esa caja.

Fue ahí cuando Pandora supo que había sido utilizada por Zeus para vengarse de Prometeo y los hombres, pues, desde esa pequeña caja salieron los más terribles males y miserias de la humanidad, enfermedades y dolores para debilitar el cuerpo humano…envidia, despecho, venganza, todos los males reunidos ahí para envenenarles el alma a los hombres, la que hasta ese momento era pura y solidaria.


Atemorizada viendo como la oscuridad se escapaba, trató de cerrar la caja, pero no pudo, desesperada, comenzó a suplicarle que se cerrase, pero aquellos males seguían esparciéndose y escapando por todos lados.
Una vez que salieron todos los males, asustada, Pandora se asomó a la cajita y en un rincón vio que había una pequeña pero brillante luz, la que no se apagó a pesar de estar rodeada de oscuridad. Esa luz, esa luz representa la esperanza, la que, desde entonces nos ayuda a soportar los males que se extendieron, desde aquel día, por toda la tierra. 



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La leyenda de la laguna de Yanacocha (Perú)


Cuentan que después de la batalla de Ayacucho, los españoles huyeron con todos los tesoros que encontraron en su cruel conquista, y que cuando se encontraban cerca de Huanta, en el cerro de Rasuhuillca, se dieron cuenta de que no podrían continuar llevando tantos tesoros, pues eran demasiados, el camino que les quedaba era muy largo, y en esas condiciones era más probable morir que llegar a destino sanos, salvos y ricos.

Entonces y antes de morir o antes de que aquellos tesoros cayeran en manos de sus enemigos, prefirieron arrojarlos a una laguna de aquel lugar.


Dicen que por aquella época, las aguas de esa laguna eran limpias, puras y cristalinas, pero con tantas piedras preciosas, monedas y esculturas de oro arrojadas en ella de pronto aquellas aguas perdieron su pureza, tanto que la llamaron Yanacocha (Pozo Negro).

Cuentan que al ver la enorme cantidad de tesoros en la laguna, un valiente, o quizás necio, torpe y ambicioso joven se arrojó a aquellas aguas intentando volverse rico, mas, luego de sumergirse jamás se le vio salir de aquel lugar.

Según la leyenda de Yanacocha, cada vez que anochece, sale de la laguna un toro de oro amarrado con una cadena, quien trata de escaparse, pero no puede, porque la cadena la sujeta una hermosa sirena de cabellos de oro.

Cuentan que a las doce de la noche, en medio de la lucha del toro con la sirena, se oye una temblorosa y
arrepentida voz que dice: «Yo soy un joven que vine a buscar estos tesoros, pero estoy preso convertido en toro, si sacan este encanto, todavía me puedo salvar».

Pero nadie ni siquiera ha intentado ayudarlo, ese es su eterno castigo.

Muchos ambiciosos visitan la laguna de Yanacocha con la viva intención de a sacar sus tesoros, creyendo que la historia y condena de aquel joven es solo un cuento de niños con el que se les intenta espantar y evitar que se vuelvan ricos, mas, apenas entran en la laguna, el arrepentimiento se puede ver en sus ojos, en su rostro, pero ya es tarde, pues en ese momento desaparecen para siempre en esas negras, profundas y misteriosas aguas. 


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Los isondúes, leyenda guaraní


Cuentan que, en el inicio de los tiempos, cuando el gran Tupá, el dios supremo de los guaraníes, creó a los hombres y mujeres, quiso que tuvieran lo necesario para sobrevivir. Por esa razón, cierto día les regaló el fuego para que el calor los acompañase durante aquellas frías noches. 

En aquellos tiempos, los hombres vivían en armonía y se reunían cordialmente a la luz de las fogatas para hablar y compartir experiencias, cuentos y risas.

Y bueno, resulta que Un día, Añá, el espíritu del mal, andaba caminando por esas tierras y se encontró con los hombres reunidos alegremente alrededor del fuego. Su oscuro corazón quedó lleno de envidia puesto que esperaba ver al hombre sufriendo a causa del frío. En cambio, los halló riendo y compartiendo charlas en paz, sin motivo para discutir o pelear.

Furioso entonces, decidió apagar el fuego que reunía a los hombres, para ello se transformó en viento y arremetió contra las fogatas apagándolas una a una. Las chispas saltaban y volaban de acá para allá, y Añá las perseguía tratando que no quede rastro de fuego. 

Los hombres se quedaron petrificados a causa del miedo y de la sorpresa del viento nocturno. Todo parecía favorecer las crueles intenciones del mal.

Sin embargo, Tupá estaba viendo lo que pasaba, por lo que decidió engañar a Añá y transformó las chispas que perseguía en pequeños insectos que al volar se prendían y apagaban fugazmente, a esos insectos los llamó isondúes. Añá, sin tomar conciencia del cambio, continuó soplando atrás de los bichitos que se fueron alejando de los hombres, prendiéndose y apagándose intermitentemente, esparciéndose por entre los montes.


Mientras tanto, Tupá volvió donde estaban reunidos los hombres y les enseñó a reavivar el fuego a partir de las brasas que aún permanecían encendidas.

Así fue como nacieron las luciérnagas o bichitos de luz, las cuales todavía andan de aquí para allá mostrando su brillo a intervalos y engañando a Añá, que continúa pensando que son las chispas del fuego y va tras ellas, soplando, soplando... y soplando,


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El Caleuche, leyenda de Chiloé, Chile


Cuenta una añeja, conocida y misteriosa leyenda que por los encantados mares y canales de Chiloé en aquellas frías noches sureñas, navega un tétrico y enorme barco fantasma el que avanza sin rumbo conocido al ritmo de las olas.

Hablo, nada más y nada menos que del mítico y temido Caleuche.

Cuentan los que saben, que el Caleuche está tripulado por poderosos brujos, y que en las noches más oscuras viaja intensamente iluminado con sus poderosas y flameantes velas rojizas.

Dicen que a bordo se escucha nada más que ruidos de cadena, música y bailes sin cesar durante toda la noche.

Dicen también que para no ser visto con facilidad se oculta en medio de una densa neblina, neblina que él mismo produce por un medio de un poderoso hechizo, y se mueve oculto en su espesura. 

Jamás navega a la luz del día.

Si casualmente una persona, que no sea un brujo se le acerca, el Caleuche se transforma en un simple madero flotante; y si el individuo intentase apoderarse de aquel madero, éste retrocede, o avanza intentando escapar o quizás jugar con aquel pobre individuo.

Otras veces se convierte en una roca o en otro objeto cualquiera, y sus tripulantes se transforman en lobos marinos o en aves acuáticas.

Es decir, se hace prácticamente invisible a la vista de los ingenuos que creen que encontraron algo que muchos buscan, y pocos encuentra
n.

Dicen que los tripulantes tienen una sola pierna para andar y que la otra está doblada por la espalda, por lo tanto, andan a saltos y brincos. 

Todos quienes viven, o quizás, mueren ahí, juraron por su alma guardar el secreto de lo que realmente ocurre a bordo.


Eso sí, antes de seguir tengo que advertirte una cosa, y escúchame bien, ponme atención, no vayas a decir luego que no te lo advertí. 

Si en algún momento de tu vida, crees que estás frente al Caleuche, no lo mires, por lo que más quieras en la vida, no lo mires, cierra tus ojos con fuerza y solo vuelve a abrirlos cuando estes absolutamente seguro de que su espesa neblina y fuerte resplandor se han ido lejos… muy lejos, pues dicen que los tripulantes, aquellos brujos de los que te hablé al principio de esta historia, castigan terriblemente a los que osan mirarlos, l
es tuercen la boca, les giran su cabeza hacia la espalda o les arrebatan su vida en un santiamén, todo esto producto de un poderoso hechizo que lanzan mientras ríen, cantan y bailan de buena gana.

El que quiera mirar al buque y no sufrir el castigo de la torcedura o la muerte debe tratar de que los tripulantes no se den cuenta, para ello es preciso esconderse tras un árbol de maqui o uno de tique.

Aunque honestamente, te recomiendo que no lo intentes, estos brujos parecen lentos y bobos, pero son astutos y tramposos.


Hablan que en algunas ocasiones el Caleuche decide mostrar los tesoros submarinos a algunos afortunados, los que, a cambio de no contar secreto alguno, son recompensados con tesoros y mercancías valiosas, es por eso que algunas personas de un día para otro se convierten en millonarios, sin jamás poder explicar el origen de sus riquezas. 

Eso sí, si en algún momento aquel elegido decide contar lo visto a bordo, recibirá de vuelta el más horrendo de los castigos: si tiene suerte tendrá una muerte rápida, si no la tiene lo harán perder su memoria completamente, olvidará su familia, su vida, incluso su nombre, y vivirá el resto de su existencia miserablemente a merced de aquellos brujos.

Será una triste, triste y larga vida.

Todos los que mueren ahogados en los mares o canales de Chiloé, son recogidos por el Caleuche, el que puede sumergirse para recoger los cuerpos de aquellos desgraciados y guardarlos en su seno, que les sirve como eterno refugio.

Está es la historia del Caleuche, te podría contar muchas, muchas cosas más, pero no puedo, no puedo pues he prometido por mi atormentada alma guardar estos valiosos secretos por el resto de mi eternidad. 




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El origen del guajojó, leyenda de Bolivia


Cuenta una antigua historia, que hace muchos siglos atrás, en medio de la selva chiquitana vivió una joven indígena, la cual era hija de un poderoso y respetado cacique de una tribu de la Chiquitanía.

Desde pequeña, desde niña, siempre fue la protegida de su padre, quien la cuidaba más que a nada en el mundo y pretendía que cuando fuese mayor formara una familia con el hijo de su mejor guerrero.

Sin embargo, cierto día, aquellos planes del cacique se vieron interrumpidos para siempre.

Dicen que una tarde cualquiera, una tarde como la de hoy, la muchacha, sin quererlo cruzó miradas con un joven guerrero de la misma tribu y desde aquel instante, no pudieron dejar de pensar el uno en el otro.

Desde
aquella inolvidable tarde, se enamoraron perdidamente. 

El jefe de la tribu, el que también era un poderoso hechicero, pensaba que aquel muchacho no era merecedor del amor de su hija, e intentaba inútilmente convencerla de que su elección no era la correcta, mas, aquella palabrería jamás tuvo efecto alguno en ella.

Fue así entonces, que cierto día, lleno de rencor y frustración, decidió acabar con el amor de aquellos jóvenes del modo más fácil y cruel en el que pudo pensar. 

Dicen que una noche de luna llena llamó al joven guerrero, y, por medio de sus artes mágicas, lo llevó a lo más espeso del bosque, y en ese lugar acabó con su vida sin arrepentimiento alguno.

Cometido aquel crimen con tanta, tanta frialdad que dejó el cuerpo del joven abandonado ahí, y volvió con su gente como si nada hubiese pasado.

Al volver a la aldea, su hija le preguntó por su amado, y él sin siquiera mostrar un rastro de remordimiento le respondió que lo vio huir con otra mujer por entre la espesura de la selva.

Sin embargo, ella no le creyó palabra alguna, sabía que estaba mintiendo, y a medida qu
e pasaba el tiempo la joven empezó a sospechar de su padre, y esa misma tarde,harta ya de su ausencia, decidió ir en la búsqueda del hombre que amaba adentrándose en las profundidades de la selva. 

Fue ahí cuando descubrió los restos de su amado y, llena de pena y dolor, volvió a su casa para increpar
a su padre, amenazándolo de que iba a contar a todos el vil asesinato que había perpetrado.

Sin embargo, el viejo hechicero, astuto y cobarde, decidió acallar a su propia hija transformándola en ese mismo instante en un ave nocturna para que no pudiera contar el crimen a nadie.

Pero aunque consiguió que su hija pasara de humana a animal emplumado, no consiguió hacer desaparecer su voz y, convertida desde ese momento en pájaro, la joven comenzó a emitir con profunda tristeza el lamento por la muerte de su amado.

Desde ese entonces, cuando uno se adentra en la selva de Bolivia, puede escuchar un llanto triste y débil, capaz de enloquecer a algunos hombres. 



Ese profundo lamento, proviene de el guajojó, el ave que una vez fue una bella joven enamorada, la que incluso hasta en nuestros tiempos, aún llora y extraña a su único, gran, eterno y verdadero amor. 




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El origen del tero, leyenda argentina

Cuentan que, en cierto hermoso pueblo de la argentina, hace muchos soles, muchas lunas, vivió un viejo, trabajador y honesto anciano.

Este hombre trabajaba desde muy temprano, mucho antes de que el sol se asomara, y hasta mucho
después que la luna comenzara a iluminar las noches, se sacrificaba para darle lo mejor a sus dos hijos. 

Pero trabajaba tanto, tanto que cierto día aquel cansado hombre, simplemente murió.

Cuando se enteraron de la noticia, sus dos hijos, los que jamás ayudaron al viejo en sus labores, se pusieron un poco tristes, pero al ver la cuantiosa herencia que tenían en sus manos, esa tristeza rápidamente se convirtió en felicidad. 

Conozco a mucha gente que con esa cantidad de dinero y bienes, hubiese vivido muy bien por muchos, muchos años.



Pero no estos dos flojonazos… no, ellos eran amantes de las fiestas, las apuestas y la holgazanería.

Ambos comenzaron a malgastar todo aquello por lo que su padre trabajó tantos y tantos años. 

Así, para la gente que los conocía, no fue extraño verlos a los pocos días apostando los últimos centavos que les quedaban, y como todo el resto del dinero, aquellos centavos también los perdieron.


Lo único que les quedó de su antigua lujosa y relajada vida fue su vestimenta: una corbata y una camisa. 


Al no soportar vivir de esa forma, y al notar que todo el mundo los maldecía por holgazanes y malagradecidos huyeron avergonzados de la gente y se ocultaron en los campos maldiciendo sus vidas.

Se ocultaron por muchos, muchos días mientras lloraban y maldecían, maldecían y lloraban, hasta que de pronto se convirtieron en teros, unos pájaros, unas aves que huyen constantemente de las personas.

Si tú tienes la suerte de ver a un tero por ahí, notarás que aun llevan la misma corbata y camisa. 

Dicen que de tanto llorar, sus ojos se tornaron rojos, y así se quedaran por el resto de sus días como castigo por haber sido tan desconsiderados y holgazanes. 





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La cruz del sur, leyenda tehuelche



 


Cuentan, que cierta lluviosa tarde, hace muchísimos años, un grupo de hombres tehuelches se encontraba cazando para conseguir alimento, iban armados con arcos, flechas y boleadoras, rápidos sigilosos se movían tras el rastro de un gran ñandú macho, kank, el que se les venía escapando desde hacía ya mucho tiempo. 


Aquella enorme ave era muy escurridiza, rápida e inteligente, la cual no bien sospechaba la presencia de personas, huía velozmente hasta quedar absolutamente fuera del alcance de sus perseguidores.

Así se les pasaban las horas y las nubes cargadas de lluvia comenzaban a dar paso al sol, el que tímidamente lanzaba pequeños rayos amarillos por todo el lugar.

Mientras el sol se asomaba, los hombres seguían intentando cazar a Kank, y poco poco,  lo fueron cercando, encerrando, y cuando creían que por fin lo tenían atrapado y que ya no podría escapar, el ave dio la media vuelta, los miró desafiante y dio un enorme, increíble salto por encima de ellos y corrió a toda velocidad con sus enormes y fuertes patas en dirección hacia el sur. 


Pero los cazadores no se rendían… no.  Corrían tras el ave arrojándole sus flechas y boleadoras esperando que algo diera en el blanco y lo derrumbara.

 Mas, nada pudo alcanzar a aquel astuto animal.

La persecución siguió por muchos minutos, hasta que llegaron al filo de una gran meseta, y en ese lugar el ñandú vio que su camino terminaba y se quedó ahí, resignado esperando que aquellos hombres acabaran con su vida. 

Pero algo pasó.

El sol aparecía en el cielo cada vez con más fuerza, y al juntar su brillo con las gotas de lluvia que aún se resistían a ceder por completo, formaron un enorme y hermoso arcoíris, el que parecía formar un camino que se iniciaba justo al final de la meseta, justo al lado del asustado ñandú.


En ese momento, el más ligero y resistente de los cazadores, llamado Korkoronke, se acercó bastante, pero entonces el ñandú de pronto giró bruscamente y como si se lanzara al vacío, apoyó una de sus patas sobre el arco iris que surgía justamente desde allí. Y empezó a trepar por ese camino de colores con sus largas y elásticas zancadas.

 Korkoronke quedó desconcertado. Pero se recuperó rápidamente y con todas sus fuerzas lanzó su boleadora de tres bolas en un último y desesperado intento por atraparlo. 

Pero el viejo ñandú, estaba con suerte hizo un paso al costado y las boleadoras pasaron de largo. Así escapó para siempre de sus perseguidores quienes, al volver esa noche tuvieron que soportar las burlas de todo el campamento. 

Nadie les creyó la fantástica huida del ñandú por el camino del arco iris. Sin embargo, cuando cayó la noche el cielo les dio la razón, porque vieron brillar varias nuevas estrellas.

Contaban los antiguos tehuelches que una de las huellas que el ñandú dejó en su carrera sobre el arco iris quedó para siempre grabada en el cielo, dibujada con cuatro estrellas. 


La llamaron choiols, "huella de ñandú en el cielo". Esta constelación no es otra que la cruz del sur, el inevitable punto de referencia de todos los caminantes y marinos del hemisferio austral. Aquella tarde, Korkoronke no pudo hallar sus boleadoras en el suelo. Pero aquella noche las descubrió en el cielo, estaban convertidas en una nueva constelación que recibió el nombre de cheljelén, la misma que en nuestros tiempos es también conocida como las Tres Marías.


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El origen del paucar, Perú

Cuentan que en un pueblo de la selva peruana vivió hace mucho tiempo un particular niño, y a este niño, que nadie recuerda exactamente su nombre, gustaba siempre de usar los mismos colores en su vestimenta: pantalón negro y chaqueta o camisa amarilla.

Resulta que, este niño, dicen tenía demasiado suelta la lengua, es decir era chismoso por naturaleza, pues la menor noticia que oía la contaba inmediatamente a los cuatro vientos y en un abrir y cerrar de ojos, aquella noticia la sabía todo el pueblo.

Peor aún era que él solía burlarse de las flaquezas del prójimo, razón por la cual no era muy querido por las gentes del pueblo, quienes no veían la hora de castigarle y corregirle sus malas costumbres.

Y bueno, como dicen, el tiempo pone a todos en su lugar, y este niño no sería la excepción.

Sucede que una ocasión se fue por el pueblo contando que una vecina anciana, Mama Llicu, era runa-mula, es decir, que cada viernes por la noche volaba montada sobre una escoba, y otras se convertía en mula relinchando y galopando por las calles de pueblo.


Resulta que, casi de inmediato esa noticia llegó a los odios de la anciana; y como esta era un hada disfrazada de vieja, decidió inmediatamente aplicar un castigo al incorregible niño. 



Con una varita mágica que llevaba le dio un pequeño golpe en la cabeza, convirtiéndolo al instante en un pájaro de color negro y amarillo, semejante del color de su vestimenta, al que le llamó «paucar».

El muchacho aún convertido en pájaro no ha enmendado del defecto que tenía, pues incluso hasta en nuestros tiempos sigue contando a los cuatro vientos las cosas que ve.

Es por eso es que continuamente oímos decir que cuando canta el paucar es buen augurio, pues está

anunciando la llegada de lanchas, de cartas, telegramas, visitas o buenas noticias.

El paucar es un ave muy inteligente; imita con perfección los cantos y llamadas de los campesinos y de algunos animales, en especial el cacareo de las gallinas. Es por eso que algunas gentes dan de comer a sus hijos el cerebro bien caliente de este animal, con el objeto de que sean inteligentes y aprendan pronto las cosas que les enseñan.

Este pájaro siempre tiene presente el castigo que le impuso el hada, y por eso construye su nido en los árboles más altos, junto a los caserones de avispas, para, de esta forma, estar siempre protegido.



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El camahueto, Chiloé, Chile


Se habla, se cuenta que en Chiloé existe una extraña criatura, una extraña y peculiar criatura con aspecto parecido al de un ternero, de pelaje corto y brillante, y de color, algunos dicen que de color verde, otros gris, y hay quienes señalan incluso que en realidad es una mezcla de ambos colores.

En lo que si están de acuerdo todos quienes dicen conocer este ser, es que lo más llamativo en él, es que posee un valioso cuerno que crece en su frente, tal cual como sucede con los unicornios. 

Hablo del famoso y místico camahueto.  

Se cuenta que estos extraordinarios seres inician su vida bajo la tierra de los cerros que están cercanos al mar; y nacen a partir de un trozo de cuerno de camahueto enterrado en esos cerros, o por el polvo del cuerno lanzado en un pozo, también nacen naturalmente como una cría de la vaca marina chilota, que se fue enterrar en una madriguera bajo la tierra del bosque o de los campos. 

Desarrollarse le toma entre veinte, veinticinco años, y cuando lo hacen salen a la superficie para dirigirse desesperadamente hacia el mar al encuentro de la vaca marina. 

Es en este momento cuando se produce lo trágico y catastrófico de esta historia. 

En su camino hacia el mar, viaja con tanta fuerza, con tanta fiereza, que su trayecto destruye todo lo que se interponga en su camino, arboles, plantas, animales, casas, cosechas, es decir todo. y mientras se desliza cerro abajo, con su cuerno van raspando la tierra, creando un enorme surco en ella, surco que pronto se transformará en un riachuelo, en un rio que continuara creciendo y arrastrando todo a su paso.

Su viaje se produce casi siempre en las noches de intensa lluvia, tormentas, truenos y relámpagos, dejando como huellas de su paso por aquel lugar, el derrumbe de zonas costeras y grandes hendiduras en el terreno. 

Si un chilote cree que un camahueto esta por nacer en su terreno, debe ser cuidadoso, pues se dice que este ser solo puede ser atrapado por un brujo llamado lacero , mediante el uso de una cuerda tejida con zargazo, una especie de alga; o por una machi mediante el uso de una cuerda tejida con voqui , una hermosa planta trepadora.

 Al ser atrapado debe ser guiado hacia el mar para que no haga daño, eso solo se consigue mediante el corte de su cuerno, sin el se vuelve completamente manso y deja de hacer destrozos ya que su gran virilidad y fuerza se encuentra principalmente en ese cuerno.

Dicen que solo con un trozo de este cuerno se pueden crear nuevos camahuetos, únicamente enterrando pequeñas raspaduras o trozos de el en la tierra para, luego de algunos años tener más cuernos para sus preparados mágicos.


El que posee esta valiosa parte del camahueto, tiene una fortuna en sus manos, y un remedio natural que, usado de la forma correcta puede sanar múltiples enfermedades.

Algunos tramposos raspan conchas marinas, colmillos de lobos de mar, o cualquier otra cosa que se le parezca intentando engañar a los pobres crédulos para ganar algo de dinero.

Ese es el origen y la historia del camahueto, este mítico ser que ha acompañado a los chilotes desde tiempos inmemoriales.

Así que si algún día tienes el privilegio de visitar el hermoso la hermosa isla de Chiloe, ten cuidado, y quédate siempre atento a las señales que te conté anteriormente, pues puedes ser testigo privilegiado del nacimiento de un nuevo camahueto. 



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El camahueto, Chiloé, Chile


El puente del diablo, Jujuy, Argentina

 EL PUENTE DEL DIABLO 

El Puente del Diablo, que está casi frente a Tres Cruces, tiene una leyenda, una historia que me contaron los viejos y sabios nativos de aquellos lugares.

Es realmente una extraña, una singular obra este puente de piedra que une asombrosa y misteriosamente estos dos cerros. 

Y esa vieja historia, te la cuento ahora.

Dicen que, en tiempos de guerra, cierto atardecer venía una compañía de soldados, mejor dicho, lo poco que quedaba de aquella compañía de soldados huyendo junto a su general, estaban temeros
os, pues ellos eran muchos menos que sus persecutores.

El enemigo los perseguía sin darles tregua, sin darles respiro les pisaba los talones.

De pronto, los asustados soldados se metieron a un cerro, lo subieron con esfuerzo, y cuando se creían a salvo, se dieron cuenta de que ya no tenían más camino por donde continuar su huida.

El cerro terminaba abruptamente, al frente se veía otro, pero lejos, sin nada que los uniera.

No podían saltar los caballos de un cerro al otro porque abajo les esperaba un enorme precipicio. 

Saltar solo podía significar una muerte segura.



Cuando el general oyó que quienes los perseguían, habían ya entrado al mismo cerro, en su desesperación, dicen que dijo: 

- ¡Ay! Mi alma por un puente para cruzar al otro cerro, te juro que si aparece el diablo, ¡Aquí mismo! ¡Aquí mismo le doy mi alma! 

Dicen que estaba oscureciendo, que los sonidos del galope de los caballos enemigos se acercaban cada minuto un poco más.

De pronto la noche se tornó más oscura que nunca, y un extraño, enorme y elegante hombre a caballo se posó con firmeza al lado del general.

El negro caballo lo miraba con sus ojos rojos y un relinchar que parecía ser una especie de estruendo infernal.

- ¿Qué fue lo que me ofreció señor? – le dijo, usted me ofreció su alma, y estoy aquí para aceptar su oferta.

El general, más asustado de los soldados enemigos que de quien se presentaba como el mismísimo diablo frente a él, le dijo:

-

Si, si de verdad eres el diablo, te doy mi alma si nos ayudas a pasar al cerro de enfrente


El diablo lo miró a los ojos, y le propuso un trato, le dijo que si él terminaba un puente para atravesar de un cerro al
otro antes que el gallo cantara por tercera vez, era de él su alma y la de todos sus soldados, pero, si no podía terminarlo, aquellos hombres se salvaban y podían conservar su alma.

Nadie lo dudó, aceptaron aquella oferta, era la única esperanza de vivir que les quedaba.

De pronto, de la nada, la noche se convirtió en espesas tinieblas que no dejaban ver ni las propias manos, solo se escuchaba el sonido de cientos de pequeños seres que picaban piedras y se movían frenéticos, avanzando poco a poco intentando unir ambos los cerros. 

En eso estaban, los soldados sin poder ver nada, y los pequeños diablos trabajando, cuando de pronto, pasada la medianoche, se oyó el primer canto de un gallo.

Como aun no terminaban, el diablo les gritó con fuerza ordenándoles que redoblaran esfuerzos.

-

¡Más rápido! ¡Mas rápido! ¡Necesito estas almas! ¡Más rápido o se arrepintieran! 

y así lo hicieron, el ruidoso golpeteo sobre las piedras aumento.

 Al rato, se oyó el segundo canto del gallo.

- ¡si pierdo estas almas lo lamentaran! ¡piquen más rápido! 

Los trabajadores del diablo hacían lo imposible por cumplir las demandas se su amo, y, aunque parecía imposible, avanzaron mas veloces. 

Y cuentan, cuentan que, casi al amanecer, vieron los soldados, desesperados, que sólo faltaba poco más de una mano, el misero tamaño de una mano para que la punta del puente tocara con el otro cerro, cuando de pronto se oyó el salvador tercer canto del gallo, y como un milagro se acabó el trabajo. 

Dicen que se oyó algo similar a una gran explosión y se vio una humareda con olor a azufre, y así como llegaron, en menos de un segundo desaparecieron absolutamente todos los pequeños diablos, incluido el diablo mayor.


Fue así como se salvó el general y sus soldados, quienes durante toda la noche habían estado arrodillados, rezando y haciendo promesas a todos los santos de los que eran devotos. 

Con la luz del día pudieron cruzar el cerro gracias al puente creado por el diablo, se fueron lejos. Escapando antes que llegara el enemigo logrando salvar sus vidas, bueno, al menos por un pequeño, muy pequeño tiempo, pues dice, que el diablo nunca olvida.


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El puente del diablo, Jujuy, Argentina


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