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Otto, el mago ambicioso



Hace mucho tiempo atrás, en una antigua cuidad al norte de tu hogar, vivía un mago llamado Otto, quien, sin importar lo que tuviese hacer, quería convertirse en “el mejor mago del mundo”.

 Soñaba con que nadie pudiese igualarlo en la cantidad y el tipo de trucos que realizaba.

Viajaba de pueblo en pueblo mostrando sus habilidades, en todos lados siempre era bien recibido.


Pero él no estaba satisfecho, ya que, a pesar de tener el reconocimiento y admiración de muchos, quería más, nuestro ambicioso amigo necesitaba demostrar y dejar claro a todos sin excepción, que era el mejor mago de la historia… ya veremos que su ambición le entregará una importante lección.

Cierto día, mientras viajaba a una ciudad vecina, el cochero perdió su mapa, y tomó un camino equivocado, por lo que pasaron por un desconocido y pequeño pueblo. 
A Otto, este pueblito no le interesó para realizar un acto de magia, puesto que eran muy pocos habitantes, y en esas condiciones recibiría escasos aplausos.

De pronto algo llamo su atención… en medio de unos árboles, en una antigua casa de campo, observó a un anciano mago, llamado Lando, quien estaba realizando un truco grandioso: Luego de decir las palabras mágicas, “Chapilin chapilar, convierte a este cuerpo en ave y déjalo volar”, el anciano hechicero comenzó a flotar, tal cual como lo hacen los astronautas en el espacio o una pequeña pompa de jabón el aire.

Otto no podía creer lo que veían sus ojos, era el truco que necesitaba para por fin ser el mejor de todos los tiempos.

-          ¡Necesito ese truco! – pensó el mago- pero tengo que tramar algo para que me enseñe como hacerlo, pues no creo que me lo diga tan fácilmente.

Luego de mucho pensarlo, se le ocurrió un plan:
- ¡Esto es perfecto!  Pensó el tramposo mago.
Con su varita mágica hizo aparecer un gato en la punta del árbol más alto de bosque, luego fue corriendo donde el viejo mago, casi llorando golpeó su puerta y le dijo:


-          Estimado señor, por favor, mi gato se ha escapado y ha subido a la punta de ese árbol, necesito la escalera más grande que tenga.

-         Oh, vaya que ha subido alto su gato, no tengo una escalera tan alta, pero no has de preocuparte amigo mío, yo tengo un truco con el que te puedo ayudar, volaré e iré por tu gato, lo traeré en menos de lo que cante un gallo. - respondió Lando.

-          Se lo agradezco, pero mi gato solo me escucha a mí, si ve a otra persona, se asustará y es posible que se tire del árbol intentando escapar…. hagamos algo mejor, usted me muestra el truco, yo voy por mi pequeño gato y vuelvo rápidamente.

Lando nunca había enseñado ese truco, pero esta es una ocasión especial, puesto que amaba a los animales, especialmente a los gatos, y si no ayudaba a aquel hombre, su gato podría caer, por lo mismo no tenía mucho tiempo para pensar.

-          Está bien, te enseñaré como se hace, - señaló Lando- pero con esta soga te ataré a aquel árbol para ayudarte a bajar cuando tengas en tus manos a tu querida mascota.
-          Me parece justo, -dijo Otto con una sonrisa maliciosa.

 El Mago más joven escuchó atentamente las instrucciones y rápidamente aprendió el hechizo. De inmediato comenzó a recitar las palabras mágicas: 

- “Chapilin chapilar, convierte a este cuerpo en ave y déjalo volar”
Dicho esto, su cuerpo se volvió más liviano, despegó sus pies del suelo y comenzó a flotar.
Habiendo llegado a la cima del árbol, nuestro bribón amigo sacó de entre sus ropajes una navaja y comenzó a cortar la soga que lo ataba al suelo, ni siquiera miró al gato, y mientras se alejaba gritó:

-          ¡Te he engañado, ahora conozco el mejor truco del mundo! ¡Ya nada puede detenerme!

Lando quedó sorprendido por la maldad de Otto, pero rápido le respondió:

-          Sí, me has engañado, aunque si me hubieses pedido el truco amablemente te lo hubiese entregado, pero recuerda que el volar es solo una parte, necesitas la otra para volver a la tierra. –dijo el sabio mago

-          ¡¿Qué, que?! ¡Serpientes bailarinas! ¡no puede ser! – exclamó Otto mientras palmeaba su cabeza sin entender como había olvidado algo tan importante


-          No soy un mago rencoroso, pero tú no eres una persona digna de confiar. Toma esta bola de acero, con ella podrás bajar cuando quieras, pero tendrás que ir con tu nueva compañera para todos lados, si no lo haces, volarás hasta el espacio y nunca podrás bajar.

Luego, Lando rescató al gato, volvió a su hogar para descansar y conocer a su nueva mascota, a quien llamo Fifu.

Hasta del día de hoy, Otto sigue flotando mientras realiza sus trucos, siempre con el pesado elemento que lo mantiene en la tierra.

 Aprendió que para conseguir lo que quiere no ha de mentir, sino que debe trabajar, a ser más humilde y mejor amigo. 

Otto Se arrepintió de la forma en que quería conseguir sus sueños, y aunque aún quiere ser el mejor, ahora trabaja como un mago honrado, aprendiendo trucos de antiguos libros y otros que le enseñan sus nuevos amigos magos. 
Aun no se libera de su hechizo, pero se ha comportado bien, Lando lo ha observado por mucho tiempo, y, si sigue ese camino del buen comportamiento, es muy probable que pronto le enseñe el truco para volver a la normalidad..



****FIN*****

Y colorin colorado, este cuento se ha acabado, y esperaremos solo un momento, para que escuchemos otro cuento.

Autor: Joel Romero
Fecha: Septiembre 2017



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