El misterio de las orejas del conejo, leyenda mexicana




Cuenta una vieja leyenda, que hace muchos años atrás, el conejo tenia las orejas cortas, tal cual como las tienen hoy en día los gatos.

Le gustaba caminar dando saltos por el bosque,  pero sentía que le algo le hacía falta, algo singular, alguna marca o pelaje que lo identificara como conejo.


-          El león tiene su melena y su rugido, el oso, su gran tamaño, la gallina, su plumaje…. Hasta las pequeñas mariposas tienen unas coloridas alas… y yo… yo no tengo nada que a simple vista haga pensar a los demás que soy un conejo.

-          Buenos días señor gato. – le interrumpió un búho.
-          ¡Que no soy un gato!
-          Es un ratón . -gritó a lo lejos el señor toro
-          ¡Tampoco soy un ratón, soy un conejo! ¡un conejo!

Esto le pasaba todos los días, siempre lo confundían con otro animal, le hubiese gustado tener la prestancia del León, el cuello de la señora jirafa, o al menos, los colores de un pavo real.
Cada día que pasaba, sus paseos por el bosque eran cada vez con menos energía… hasta que cierta noche, un leopardo notó su tristeza y le dijo:

-          Hey, pequeño amigo… ¿Por qué estás tan triste?
-          … ¿Quién… yo?...

-          Si, tu, pareces ser un gato o un conejo… tal vez un conejo por tus patas traseras..

-          Soy un conejo, gracias por notarlo… casi nadie lo hace

-          Debes reconocer que es un poco difícil, te pareces mucho a un gato..

-          Sí, es muy triste que no sepan quien soy…

-          Jejeje, si ese es tu problema, creo tener la solución..

-          ¿Si?!

-          …¿ ves aquella alta montaña de allá lejos?

-          Mmm si...

-          Pues ahí vive el Dios de los animales, tal vez puedas lograr que te de lo que quieras… a mi me dio manchas… son hermosas cierto?... jeejeje

-          ¿Solo tengo que pedir y se me cumplirá?

-          Te pedirá algo a cambio, tu veras si aceptas o no…


El conejo se quedó pensando en eso, y luego de dar las gracias al leopardo partió de inmediato a ver al Dios de los animales.

Subió por altas montañas, cruzó fuertes ríos, espesas selvas… hasta que finalmente llego a una humilde casa, en donde lo salió a recibir un anciano…

-          ¿Eres tu el Dios de los animales?

-          Así es… tu eres el señor conejo, quien no está conforme con su cuerpo, dime lo que quieres, y veré si lo puedo cumplir…

El conejo no sabía que decir, asombrado estaba luego de que, sin decir palabra alguna, este hombre ya sabía todo sobre él.

-      Dios de los animales, no pido muchas cosas, solo quiero que me des la fuerza del león, los colores del pavo real y el tamaño de un oso…
-          Vaya, jejej, son muchas cosas… para que pueda cumplir un deseo, deberás traerme las pieles de 3 animales,  de un tigre, de un cocodrilo, y un mono… cuando tengas eso, volverás y te daré lo que necesitas.

El pequeño salió rápidamente corriendo al bosque, feliz estaba, mientras pensaba en un plan para quedarse con las pieles de estos animales.

Pensaba y pensaba, hasta que una brillante idea apareció en su cabeza.
Tomo un saco de las pulgas más saltarinas y se las vacío en los cuerpos de los 3 animales, uno por uno…

Mientras corrían, desesperados por la picazón, el conejo les decía:

-          Son las pulgas del diablo, debes sacarte tu piel para lavarla en el rio de la montaña, yo puedo hacerlo por ti mientras descansas.
El tigre, el cocodrilo y el mono, eran muy perezosos, y con tan de no subir a esa gran montaña, se pusieron un traje de hojas de los arboles mientras esperaban el regreso del conejo.


Al llegar a la cima , el Dios lo recibió… pero asombrado le dijo:

-          ¡¡¡ Has matado a esos animales!!!!

-          Ehhhhhhh… no, solo los he engañado para que se sacaran su piel y pudiera traértelas..

-          … vaya, que alivio… no pensé que las traerías…

-          Pues sí, las traje, ahora quiero la fuerza del león, los colores del pavo real y el tamaño del oso!

-          ¿Para qué quieres la fuerza del león… si solo comes plantas…. Por qué necesitas los colores del pavo real si tu pelaje es suave y hermoso… ¿ tu tamaño es perfecto para ser acariciado..

-          Pero cumplí con lo que me pediste, dijiste que me darías..

-          Lo que necesitabas- interrumpió el anciano – y lo que necesitas es poder oír mejor, pues tus orejas son demasiado pequeñas para saber cuándo un enemigo se acerca, además, será la marca que tanto buscas que diga que eres un conejo… y eso te daré…

Y en un chasquido, al conejo le crecieron preciosas orejas… ciertamente no era lo que esperaba, pero oía mucho mejor, y sus orejas eran mucho más largas que las del gato… ¡Ya nadie le confundiría!.

-          ¿Estas feliz?

-          ¡Mucho!
-          Ahora, toma estas pieles, y devuélvelas a sus dueños… eres un buen animal… ahora ve con tus amigos.

El conejo bajo mucho, mucho más feliz que la primera vez… y en uno de los ríos aprovecho de dejar las pieles como nuevas, limpias y sin pulga alguna.
Al devolver las pieles a sus dueños les contó la verdad, pero sus ropajes estaban tan relucientes, que no les importó y lo perdonaron.
Ahora, cuando alguien se lo quería comer, sus orejas le alertaban con muchos metros de anticipación su presencia, pero lo que más le alegraba era que:

-          Buenos días don conejo
-          Buenos días don conejo
-          Buenos días don conejo

Se escuchaba varias veces al día, y eso, eso llenaba de felicidad su pequeño corazón.



***FIN***



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