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Goos, la ballena que vivía en el mar, Leyenda Tehuelche


Cuenta una antigua leyenda tehuelche que hace muchos años atrás, la ballena, si, la ballena, la misma que hoy puedes ver enorme en el mar, antes vivía en la tierra, entre los seres humanos. Su nombre era Goos.


No tenía aletas, y para moverse de un lado a otro, contaba con pequeñas patitas, pero ella era tan enorme, que esas pequeñas patitas no eran lo suficiente fuertes para moverla, entonces caminaba, pero arrastraba gran parte de su cuerpo*.
Caminaba de un lugar a otro buscando pastar, pues se alimentaba únicamente del pasto más  verde de las praderas, pero como sus pequeñas piernas no alcanzaban a levantar su figura, en cada uno de los paisajes en que  transitaba dejaba un camino lleno de destrucción. 
Todo lo que había, plantas, árboles, arbustos, era arrasado,  se  dice, que esa era la razón de porque las tierras de los tehuelches parecían siempre estar devastadas por el peor de los tornados.
Los animales, al avistar que Goos se acercaba, corrían intentando no ser aplastados. 
Un murmullo de distintos animales se sentía en todas direcciones, era claro, Goos, la ballena estaba cerca.
A pesar de todo el daño que hacía, ella no era una ballena mala… solo que no se daba cuenta del mal que causaba.

-          Ay que calor hace, y estoy tan aburrida… iré a esa aldea, ellos deben tener agua y tal vez tengan algo entretenido para mostrar…

Si bien el daño de su cuerpo arrastrándose era grande, había uno mucho peor, pues, si Goos se aburría, bostezaba tan fuerte, que todo lo que había alrededor era tragado en cosa de segundos.
Por esa razón, cada vez que la ballena visitaba una aldea, los habitantes intentaban que ella no se aburriera. Organizaban bailes, cantos ceremoniales, ritos de adoración, y lo que fuera, intentando salvarse a ellos y sus hogares.
Sin embargo, siempre, siempre en algún momento ella se quedaba mirando fijo el horizonte, más específicamente el inmenso mar:
-          Ayy, es tan lindo y grande el mar.. como me gustaría nadar, así no volvería a sentir calor… pero mis patitas son demasiado pequeñas, sin dudas me ahogaría …
Miraba el mar, con melancolía lo miraba, y esa melancolía la hacía poco a poco caer en un profundo sueño… hasta que soltaba un enorme bostezo:

-          ¡Pero a donde se fue toda la gente!, que mal educados, estoy haciéndoles compañía, y se van sin siquiera decir adiós.

Todos, y todo era tragado por esa enorme ballena, hombres, mujeres, niños, niñas, zorros, arboles, ¡todo eso  estaba ahora dentro de su panza!

El pueblo tehuelche vivía asustado, pensando en que en algún momento Goos llegaría a su aldea, bostezaría y tendrían que vivir el resto de sus días dentro de ese enorme animal.
Elal, el creador de los tehucleches, fue avisado por un cóndor del gran problema que vivía su pueblo, y luego de pensar un par de días, se le ocurrió una idea que era “infalible” – según sus propias palabras.
Buscó a la ballena, hasta que la encontró en una aldea, en donde las personas bailaban para entretenerla, y justo en el momento en que iba a bostezar, Elal se transformó en un tábano, y rápidamente  voló dentro de ella. *
Una vez adentro, no podía ver nada, todo estaba oscuro, así que empezó a pinchar a ciegas con su aguijón por todos lados: el corazón, el hígado, las tripas, hasta que finalmente dio con la garganta.
Supo que esa era la garganta luego de que la ballena tosiera levemente,* y todo lo que estaba en su interior, se movió como si hubiese sido un enorme terremoto.
Volvió a pinchar en el mismo lugar, una, dos, tres, cuatro veces hasta que tosió tan fuerte y tantas veces, que con cada tosido de su boca salían árboles, mujeres, hombres, ñandús, niños y niñas,  hasta que de un momento a otro salió fuertemente expulsado Elal.
Una vez estando afuera, Elal le habló:

-          Yo sé que no te tragas todo con mala intención, pero mientras sigas aquí, todo el mundo corre peligro.

-          Elal, no he querido hacer eso, ni sabía qué lo hacía, envíame al cielo, mátame, así no haré más daño…  - lloraba la ballena.

-          No te mataré, sé que eres un noble animal, pero también sé que te gustaría nadar por el mar, en ese lugar, en ese gran lugar podrás recorrer el mundo sin el miedo a que te aburras, bosteces, y consumas todo a tu alrededor.

-          Pero Elal, mis piernas son demasiado pequeñas… me ahogaré… - seguía llorando


-          Lo sé, por esa razón, cambiare tus piernas por aletas como las de los peces, para que así, nades feliz y libre por el océano.

Y así, con un hechizo, le puso aletas y la dejo en medio del gran océano.
Ahora los tehuelches podían volver a vivir sin el miedo a ser tragados, y Goos la enorme y hermosa ballena, ahora está mucho más cómoda, navega buscando embarcaciones hundidas, coreografías de peces, bailes de algas, canciones de delfines y muchas cosas más.
Vive más fresquita, sin el agotador calor que la hacía aburrirse y bostezar,  agradeciendo todos los días a Elal, la nueva oportunidad de vivir sin hacer daño a nadie.


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