el zorro y el cóndor, cuento peruano




Cuentan que en de la cordillera de los andes, volaba cierto día un enorme cóndor, hambriento, buscando algo para comer. A lo lejos divisó a un zorro, el que también buscaba entre medio de matorrales algo que engullir.

El ave, llamado Mallku, se fue en picada a buscar ese pequeño bocado…. Pero a medida que se acercaba veía que no era cualquier zorro, si no que era alguien a quien él conocía desde muy pequeño, su presumido y molestoso amigo… o ex amigo…: el zorro Antonio.

Al zorrito siempre le encantó mostrarse superior a los demás, y no perdía oportunidad de hacerlo:
- Mira mi preciosa, abultada y colorida cola – solía decirle a los ratones
- ¿Te has fijado que puedo caminar sobre la tierra todo el día?.. tú te ahogarías, yo no – le señalaba a los peces.
- ¡Tu solo tienes dos patas, y yo… yo tengo 4! - acostumbraba molestar a las aves.

Y así, su mala forma de ser le creo su mala fama de presumido, y es por ello que tenía muy pocos amigos.



Cuando tocó el suelo, el cóndor comenzó a pensar muchas cosas:
- No debería comerlo, es mi amigo… aunque en realidad no lo veo hace años… no es tan amigo… además siempre me molestaba por mi cogote sin plumas… eso no lo hacen los amigos… y tengo demasiada hambre… si me lo como nadie se dará cuenta, además… ya casi ni recordaba su nombre… y tengo hambreeee..

En eso estaba cuando escuchó una voz a sus espaldas:

- ¿Mallku? ¿eres tú?
- ¿Queeee? Ahhhh ehhh iihhhhh… An… Anto… ¡Antonio!
- ¡Viejo amigo!
- Emmm… ¿amigo? Eh… ¿éramos amigos? Yo recuerdo que te burlabas mucho de mí…

- Hahahahaha, si, la ¡gallina con bufanda!... veo que sigues sin plumas en tu cogote, hahahaha… mírame a mí, lleno de pelos por todos lados, mira mi cola hermosa.


Al cóndor, no le hacia ninguna gracia que aún se burlara de él, más aun habiendo pasado tantos años sin verse.

- Sí, es muy hermosa tu cola, debe ayudarte mucho con el frio.

- Es lo mejor, me imagino que tu cuello sin plumas no debe serte muy útil... no como mi preciosa y calientita cola.


El ave estaba cada vez más convencida de que al animal que tenía en frente no era, ni nunca fue su amigo, por lo que razones no le faltaban para querer comérselo.

Antonio siguió hablando de las bondades de su piel, de sus colores, de sus patas, hasta que fue interrumpido:
- Sí, sí, sí, pero yo vivo allá arriba, en donde el viento es tan helado que te congelaría en un par de segundos. 
- Hahahaha, estás loco, yo puedo soportar el frio mejor que tú.
- Mmm no lo creo.
- ¿te hable de mi piel y mi cola?
- Sí, muchas veces…

Siguieron discutiendo mucho rato sobre quien sería capaz de soportar más frio, hasta que al zorro se le ocurrió una muy mala idea:
- Hagamos una apuesta… nos subimos a aquella montaña, y pasaremos la noche sin entrar a ninguna cueva, el que quede vivo a la mañana siguiente, se puede comer al otro.

Mallku, hambriento aceptó, y llevó volando a su contrincante a la cima aquella.

Hacia un frio que congelaba hasta los huesos, y se quedaron esperando la noche, el cóndor sobre una roca, y el zorro sobre un pequeño arbusto.

La oscuridad comenzaba a tomarse el paisaje y el zorro se acurrucaba y abrazaba su cola, el cóndor abrió sus alas y se cubrió con ellas.

Ciertamente era el ave quien estaba mejor preparada para soportar el frio, pues era ella quien vivía todos días en ese lugar.
- Hace mucho frio zorro… si quieres podemos dejar esta apuesta sin ganador, tu pareces tener mucho más frio que yo.
- Nn..n..n….n…..no…. g..g…..gana….ganaré esss…..esta …. Apu… apuuueee… apuesta..


El animalito, casi muerto de frio, seguía siendo testarudo, no aprendía, y quizás nunca lo haría.

Cuando comenzó a salir el sol, el plumaje del ave sacudió kilos de nieve, y comenzó a buscar al porfiado Antonio.

Removió la nieve con sus garras y alas, hasta que lo encontró, tieso, acurrucado abrazando su cola.
- Antonio… Antonio … despierta

Le hablaba insistente, pero no recibió respuesta alguna.

El zorro había muerto, pero fue su propia porfía lo que lo llevó a esa situación, no fue un buen amigo, era presumido y además gustaba de molestar a otros.

El cóndor lo miró, mientras su estómago sonaba, crujía y hasta hablaba de hambre.

- Ya no hay nada que hacer… te di la oportunidad de retirarte, pero no quisiste.. y si no te como yo, vendrá otro y lo hará.


… ¡y se lo comió!
- Ay zorrito, ay zorrito, si tan solo no hubieses sido tan porfiado, estarías aún vivo… espero que cuando nazcas de nuevo seas un buen animal y un mejor amigo.
Luego extendió sus alas, y se fue volando a su hogar con el estómago llenito de comida, a descansar luego de una larga y agotadora noche.


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