Leyenda Aymará, La leyenda del Titicaca




Hace muchos atrás, el lugar en donde hoy podemos encontrar al precioso lago Titicaca, era un verde, fértil y muy generoso valle rodeado de inmensas montañas.
Hombres y mujeres eran felices en estas tierras, pues el valle les entregaba todo lo que necesitaban para vivir sin preocuparse de nada en absoluto, además, como eran protegidos por los Apus, los dioses de las montañas, ellos no conocían la muerte ni las enfermedades.
Los apus les permitían quedarse en este precioso lugar solo con una condición: Jamás debían subir a las a buscar el fuego sagrado de las montañas.
Por muchos años, esa condición fue complida sin problemas por los hombres y mujeres del valle, ¿para que se atreverían a desafiar a los apus, si acá tenían todo lo que necesitaban para una vida feliz?

Sin embargo, cierto día, el diablo – a quien no le gusta la tranquilidad ni la felicidad- supo de este lugar, y decidió ir para tentar a estas personas.
Al llegar, de inmediato intento convencerlos de hacer lo que no debían:


- ¿Sabían que si tocan el fuego de la montaña te transformaran en un Apu?

- No necesitamos ser un dios, somos felices así... – respondían las primeras veces

- ... ¿Por qué son tan cobardes? , ¿acaso tienen miedo?

- ¿miedo? No tenemos miedo… vete de aquí

- Alla arriba esta lleno de oro, mucho oro

Con valentía le respondían los primeros días, incluso querían que se fuera de ese lugar, pero fue tanta la insistencia, que los hombres, ciegos ante tanta palabra y tentación, un día cualquiera de madrugada decidieron subir a la montaña en búsqueda del fuego sagrado.

Pero la desgracia vino cuando, en la mitad de la montaña, fueron sorprendidos por los dioses:

- ¿Qué hacen aquí? 

- Ehh… vamos… a buscar oro y a buscar el fuego sagrado

- ¿Cómo se atreven a desafiarnos?

- ¡El diablo ya nos dijo que seriamos más poderosos que ustedes!

- ¡eran felices en el valle, ahora pagaran por este insulto!


Fue en ese mismo momento que los apus soltaron a cientos de pumas, los cuales tenían la misión de matar a todos los habitantes del valle.
Los pumas no tuvieron piedad, y se iban devorando a todo quien se encontraban en el camino:

- ¡diablo! ¡ayúdanos! – gritaban desesperados al diablo, pero este parecía sonreía con burla mientras se alejaba para buscar otro lugar en donde sembrar miedo, tristeza y ambición.

Inti, el dios del sol, vio a lo lejos lo que estaba pasando… sintió tanta pena que comenzó a llorar desconsolado, y sus lagrimas caían sin parar, convirtiéndose en una abundante lluvia que duró 40 días y noches completas, 40 días que llenaron de agua ese generoso valle.

Solo un hombre y una mujer pudieron sobrevivir a los pumas y a los 40 días y noches de lluvia, aferrados con todas sus fuerzas en una barca de junco.
Cuando Inti paró su llanto y pudo iluminar la tierra, el hombre y la mujer no creían lo que sus ojos veían: bajo el cielo azul y puro, estaban en medio de un lago inmenso. 
En medio de esas aguas flotaban los pumas que estaban ahogados, transformados en estatuas de piedra.


Llamaron entonces al lago Titi, que significa puma y caca, cuyo significado es gris, es decir: el lago de los pumas de piedra.


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