La leyenda del calafate (versión chilena)

            


La historia cuenta que, hace muchos, pero muchísimos años atrás, en la Patagonia, vivía un jefe tehuelche llamado Aonikenk.

Aonikenk tenía una hija, una muy preciosa niña, que poseía unos enormes y muy lindos ojos de color amarillo… ¡sí!, amarillos como el sol… o como el mismísimo oro… 

Pero en la Patagonia, no solo vivían los tehuelches, sino que también vivían los Onas, o Selknam… y entre los Onas y los tehuelches había bastantes peleas y discusiones. 

Pero como sabemos, esas cosas, a los niños no les importan, y la pequeña Calafate se hizo amiga de un pequeño indiecito Ona.

Y compartieron muchas veces, ¡jugaban juntos!... y fueron creciendo, y a medida que fueron creciendo, se fueron dando cuenta de que el amor que sentía el uno por el otro también iba creciendo junto con ellos, es decir, se fueron enamorando.

Cuando se dieron cuenta, de que su amor era lo suficientemente grande como para seguir juntos, también se dieron cuenta de que Aonikenk, el jefe de los tehuelches, el padre de Calafate, jamás aceptaría que su hija se fuera, menos… con un indio Ona.

Fue entonces, que estos dos jóvenes enamorados, se sentaron un día cualquiera, una tarde como hoy, a conversar sobre qué harían con ese gran amor que sentían.

Y luego de conversar varias horas, decidieron, llegaron a la conclusión de que lo mejor sería fugarse… irse muy lejos, y así vivir juntos.

Lo que no sabían estos dos enamorados, es que tras un árbol, había un indio tehuelche escuchando toda la conversación. Ese indio Tehuelche era muy leal al jefe Aonikenk, y luego de escuchar todo, partió rápidamente a contarle lo que había escuchado. 

Cuando llegó, le contó lo que había escuchado, y el jefe Aonikenk no sabía que decir, tampoco sabía que hacer… ¡El amaba demasiado a Calafate! ¡pero no podía permitir que se fuera! ..... menos con un indio Ona…

Cuando por fin recuperó el habla, llamó al chaman, pues el estaba seguro que el espíritu del gualicho había poseido el cuerpo de su hija.

El chamán también estaba muy triste pues... pues él quería mucho a Calafate… como si fuera su propia hija, y no quería hacerle daño… sin embargo…. El sabía que su lealtad estaba con Aonikenk, y finalmente le haría lo que él le pidiera. 

El jefe de los tehuelches le pidió que sacará el espíritu maligno que poseía a su hija, pero que si no podía, la hechizara, para que nunca abandonara las tierras tehuelches.

El chaman intentó muchas veces sacar el espíritu del cuerpo de Calafate, pero no pudo pues, pues no había ningún espíritu maligno, si no que era simplemente amor…. Y al no poder, tenia que cumplir con su palabra… y convirtió a Calafate en un arbusto, con unas preciosas flores amarillas… que son los ojos de Calafate que miran el lugar que la vio nacer. 

El joven Ona buscó incansablemente a su amada, pero jamás la encontró… se dice que cada vez que pasaba por el lado de ese arbusto, el sentía que su amor…. Su amada estaba cerca… pero... a los pocos años el murió de pena, ahí mismo, a los pies de ese arbusto…

El chamán estaba muy arrepentido de lo que había hecho, y para calmar un poco si conciencia, antes de morir, lanzó su ultimo hechizo… Hizo que las flores del calafate, esas preciosas flores amarillas, al caer se convirtieran en un fruto muy delicioso de color purpura, que representa el corazón de la bella Calafate.
Se dice…se dice  que el hechizo de Calafate aún sigue, hasta el día de hoy  en los frutos de este arbusto … pues: "El que come Calafate, siempre, siempre vuelve por más"




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