La piedra que cura el mal de amores (Ancash)





En las alturas del pueblo de Huacllán, en el lugar
denominado Hualla, habitaba la tribu de los indios huallas,



El curaca de la tribu tenía
una hija muy hermosa llamada Ninfa, quien contrajo
matrimonio con un hombre no muy agraciado, sin embargo, a pesar de no ser muy hermoso, se respetaban y amaban con todo el amor del mundo.



Este matrimonio nunca fue del agrado de su padre, el curaca, pues sentía vergüenza de que su hermosa hija estuviera casada con ese hombre.


Dicen, que cierto día, el curaca invitó a su hijo político a celebrar la buena fortuna de los dioses, pero esto era solo una excusa para algo horrible… mientras bebían, puso veneno en la bebida del desafortunado hombre…. El que empezó poco a poco a desvanecerse, cayendo en un profundo sueño…. Del que jamás despertó.



El malvado jefe de la tribu llevó por la noche el cuerpo de su yerno cerca de las montañas, para que los pumas se deshicieran de él.



Al otro día, diciendo que nada sabia de su esposo, llevó a Ninfa a un pequeño paseo, en donde encontraron los restos del muchacho, a medio comer por los pumas.



Ninfa no podía creerlo… el amor de vida se había ido para siempre… Entonces salió corriendo en dirección a la costa, sin saber que hacer, sin saber que sería de su vida de ahora en adelante.



Cuando llevaba recorrido apenas tres kilómetros, a la altura de
Cuta-Cocha, en las inmediaciones de la parte superior de
Huacllán, le dio el mal de corazón, o el mal de amores, como le llaman, porque sentía mucha pena por
la muerte inesperada de su esposo.



Tanto dolor sentía en su corazón, en su alma, que no pudo continuar el viaje, y se quedó en ese sitio, donde hizo construir su casa.


Había pasado un tiempo, cuando uno de los incas, al hacer su recorrido por esos lugares,
llegó a la casa de Ninfa y ella, con el corazón adolorido,
le contó lo que padecía y la causa de su mal.



El inca,
que era muy generoso, al ver su rostro angelical, le ofreció
mandar traer una piedra de la ciudad de Quito para
que tomara un pedacito de ella en infusión y sanase del
shonco-nané («mal o dolor de corazón»).



Y En efecto, así
lo hizo, La piedra fue colocada junto a la casa de Ninfa,
quien cada vez que le dolía el corazón tomaba en infusión
un pedacito de ella, y también repartía entre las personas
que sufrían de ese mal.


Dicha piedra aún existe en ese lugar. Pero año tras año
se va achicando, porque las gentes que conocen la virtud
que encierra se llevan siempre un pedacito de ella.

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